Ciclismo

Análisis / ¿En qué radica el éxito de Nairo?

Por el médico deportólogo Fabio Arévalo Rosero.

Hace unos 25 años, con el sofrólogo deportivo y sociólogo chileno Carlos Santa María participamos en Cuba en un Congreso Científico del Deporte con una innovadora ponencia: el Factor Ulises. También lo hicimos con un tema relacionado con el dopaje. Con el apoyo del investigador Álvaro Villota (ingeniero, médico, estadístico, matemático y deportista), con quien ya habíamos participado en otras investigaciones, nos dimos a la tarea de buscar los factores que contribuían en los máximos logros deportivos, y por qué a unos deportistas con talento excepcional, no se les daba en su máxima expresión.

Los estudios comparativos realizados durante varios años, entre deportistas colombianos excepcionales (y equipos deportivos), frente a foráneos campeones mundiales y olímpicos, nos llevaron a proponer la existencia de un factor determinante del éxito deportivo en un momento crucial.

 

Establecimos una novedosa tesis, relacionada con un elemento que podría estar incrustado en algún lado del ADN o al menos determinarlo. Debíamos responder a cuestiones como ¿Por qué Lucho Herrera con el talento superior a cualquier ciclista del mundo no ganaba el Tour de Francia?, ¿Por qué el América de Cali no fue Campeón de Copa Libertadores, siendo superior en cuatro finales?, ¿Por qué ningún boxeador argentino podía perder en el mítico Luna Park de Buenos Aires?, ¿Por qué Argentina sin tener el mejor fútbol, ganó dos mundiales, mientras Holanda siendo grande nunca lo logró?, ¿Por qué eran tan comunes los triunfos de deportistas alemanes o norteamericanos en mundiales y olímpicos? ¿De dónde salían muchos de los fantásticos récords orbitales?

En todos los casos era evidente la presencia o ausencia de un factor clave que potencializaba al máximo el talento deportivo. Había un componente neurofisiológico que era determinante en el momento crucial y que convertía, a pesar de los obstáculos al deportista en un guerrero invencible, que no le permitía decaer ni desconcentrarse en ningún momento como acontecía con el mítico Ulises, (en la Ilíada y la Odisea), quien nunca se dio por vencido, a pesar de los escollos, y alcanzó sus objetivos. Decidimos identificarlo entonces como el ‘Factor Ulises’ (FU), algo así como los cinco centavos que hacen falta para llegar al peso.

El Factor Ulises ha sido el responsable de convertir en verdaderos triunfadores a muchos argentinos (sin ser los mejores) además de acrecentar su autoestima, el que ha definido una medalla de oro en igualdad de condiciones en olimpíadas o mundiales, el que precisó la casta de campeones de alemanes y otros europeos, el que potencializó el talento del que estaba en desventaja. Es el ingrediente que tantas veces nos hizo falta para tener los máximos logros (véanse casos como el inolvidable Caraballo, boxeador gallo; Lucho Herrera, Patrocinio y muchos ciclistas más en el Tour de Francia; el América de Cali, la Selección Colombia de fútbol; atletas como Álvaro Mejía, Silvio Salazar y Víctor Mora, con pasta de campeones olímpicos, etc.). Tantos casos en los cuales el talento sobraba, pero algo faltaba.

Nuestras investigaciones pudieron corroborar que hay una inevitable conexión entre la actitud y postura (y las influencias del entorno) del deportista frente a las inevitables barreras del ejercicio competitivo. Que esa visión y entereza del atleta podían enviar un poderoso mensaje neurofisiológico, para equilibrar el cuerpo humano y reacondicionarlo para la victoria. Paralelamente se estimulaba la secreción de unas pequeñas sustancias neuroquímicas conocidas como endorfinas que aportaban un segundo aire cuando todo estaba casi perdido. Ello permite optimizar al máximo las facultades y de manera sostenible, evitando toda caída inmediata o en el tiempo (caso de pruebas por etapas. A veces Lucho en el Tour ganaba la montaña y al otro día perdía 10 minutos). El FU elimina la irregularidad en el rendimiento, manteniendo una actitud equilibrada. Además es responsable de estimular la capacidad de recuperación, posterior a un gran desgaste.

El mejor modelo de presencia del FU son los atletas africanos. Son unos convencidos de sus capacidades, corren con alegría, jamás se dan por vencidos, luchan hasta el último metro y no se ‘aburguesan’. Continúan siendo guerreros, entrenando como obreros, a pesar de las medallas y los títulos. Otro referente excepcional de FU altamente desarrollado fue Mohamed Alí, el más grande boxeador de todos los tiempos. Fue campeón del mundo cuando quiso y como quiso y él mismo se proclamó como ‘el más grande’, gracias a su enorme FU. Alguna vez sentenció: ‘Odié cada minuto del entrenamiento, pero dije: No me voy. Sufro ahora y vivo el resto de mi vida como un campeón’.

Pero el caso más evidente que hoy tenemos es Nairo Quintana. Analizar y evaluar de dónde salen sus extraordinarios resultados no es difícil. Su biotipo (óptima relación masa muscular, peso graso), sus proporciones biomecánicas que le dan ventajas para encarar rítmicamente las subidas, su alta relación potencia (VO2 máximo o consumo máximo de oxígeno en Kg/peso/minuto)/peso, su proporción elevada de fibras musculares de contracción lenta (aeróbicas que dan gran resistencia), etc. Pero es especialmente el gran desarrollo del Factor Ulises, que en su caso es muy evidente.

El FU tan alto lo vuelve sereno, le ayuda a tomar decisiones competitivas apropiadas (en el momento justo), ejerce una conexión directa mente-cuerpo con gran dominio de cada segmento corporal en juego, influye notoriamente en una gran economía de carrera aportando ventajas definitivas. Le da total seguridad, incrementa su autoestima y le brinda la capacidad de batallar de tú a tú con los mejores del mundo sin sentirse menos jamás. Además lo convierte inevitablemente en caballero y buena persona.

Algo similar a otro gran ejemplo y modelo, el desempeño del más grande ciclista de todos los tiempos, el español Miguel Induráin caracterizado por su proceder caballeroso y limpio (ganó todos los grandes títulos posibles, sin atropellar a sus compañeros). Pero hoy con la diferencia, que Nairo Quintana es un hombre que, subido a una bicicleta y dando pedalazos, ha hecho feliz a un país completo y nos ha vuelto la esperanza.

El reto está en encontrar el equilibrio entre cuerpo y mente.

(Prensa COC)

email
Anterior

Darwin Atapuma, 53 en tercera etapa del Dauphiné

Siguiente

Santandereana Cynthia Díaz, subcampeona del International Boys and Girls de golf en Alemania