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Caso Armstrong. El poder para qué?

Por Hernán Payome Villoria.

En: Revista Sólo Ciclismo.com

Después de muchos años de dudas, escepticismo, conjeturas y sentencias acusatorias, logra develarse, aunque parcialmente, la verdad  en torno al caso del norteamericano Lance Armstrong, acusado de consumir sustancias dopantes  desde 1999 hasta 2005, período en el que ganó siete Tour de Francia de manera implacable y consecutiva.

Con seguridad, las primeras páginas de un gigantesco libro sobre el caso del texano comenzarán a escribirse a partir de este inolvidable diecisiete de enero, día en que el mundo entero pudo constatar que el ciclismo tuvo durante muchos años un ídolo de barro.

Pero, lamentablemente,  será tiempo perdido dedicar miles de páginas a revivir paso a paso toda la secuencia de sucesos que enmarcaron una vida deportiva construida con base en la trampa y la mala fe.  Porque si hoy se sienta ante las cámaras de televisión el directamente implicado en esta red de dopaje, no puede creerse ingenuamente que Armstrong es el único responsable, pues habrá otros implicados de forma directa o indirecta. La historia, paso a paso, irá demostrando que en este asunto están involucrados quienes hasta hoy logran pasar en limpio y que, muchos de ellos, habrán de pasar al tablero tarde o temprano para dar sus declaraciones. También habrá un espacio para aquellos que por su incompetencia o cobardía fueron directamente partícipes de tan monumental engaño. Muchas de las verdades ocultas, quizás no todas, serán expuestas ante los ojos de los aficionados quienes, tras el implacable paso del tiempo, habrán de conocerlas simplemente como un caso anecdótico más, en la larga historia del deporte mundial. Y algo bueno saldrá de todo aquello, aunque los verdaderamente culpables ya hayan muerto y sólo puedan recordarse  con videos y fotografías.

Pero este caso no debe ser de análisis exclusivo de la AMA, la USADA o la UCI…, o de todas aquellas autoridades que dijeron y quisieron tener competencia en el caso. No!.  El caso debe ser objeto y motivo de estudio por parte de un departamento médico psiquiátrico que permita entender la patología clínica mental de personajes que, como Armstrong, van en plena contravía con lo establecido socialmente pero que, al confesar sus errores, siempre se apoyan en la misma  frase: “yo creía que hacía el bien, que era mi única opción de vida”.

Porque, el caso de Lance Armstrong, jamás podrá compararse con el típico caso del ciclista desconocido que quiere ganar un dinero para apoyar a su familia o simplemente para solucionar por la vía rápida un afán económico. Ese no es el caso del norteamericano; nunca lo fue. El afán del siete veces campeón del Tour, obedece a una inocultable ansiedad de poder, que tiene sus orígenes en las neuronas más profundas de su cerebro. Esa ANSIEDAD DE PODER que ha hecho que muchos personajes en la larga historia de la humanidad hayan recurrido a TODO, con tal de tener en sus manos ese PODER que los pone un peldaño arriba respecto de todos los demás individuos que habitamos este planeta llamado tierra. No es el dinero, no son los premios, incluso tampoco es la fama. Es el PODER. Esas cinco letras que hacen que una persona pueda hacer y deshacer mientras los demás le rinden tributo sin chistar palabra. Lance Armstrong lo tuvo en el ciclismo por más de una década. Y lo tuvo en el ciclismo, porque él era ciclista. Pero las ANSIAS DE PODER están a la orden del día en todas las actividades que desarrolla el ser humano: en el deporte, en la política, en los negocios, en la religión, en los medios de comunicación, etc.  Y todos los individuos que padecen esta patología clínica se identifican por lo mismo: se echan la bendición antes de cometer el pecado, porque es la única manera como su subconsciente logrará concederles el perdón que, saben, jamás les concederá la humanidad.  Porque las que en su momento consideran ser “razones de peso”, con el transcurrir del tiempo se convertirán en vagas excusas sin ningún soporte ni valor.

Y, como Lance Armstrong,  han existido y seguirán existiendo, personajes enfermos por las ANSIAS DE PODER que los harán luchar, incluso hasta la muerte, por mantener su hegemonía en la política mundial, nacional o regional, en el deporte, en el tráfico de narcóticos, etc. Personajes que a medida que ascienden, intentan cambiar las reglas de juego para lograr perpetuarse ejerciendo un dominio físico, económico o psicológico sobre los demás. Pero, de igual manera, la historia también seguirá siendo la misma cuando se escriban las últimas páginas de cada uno de ellos. Seres que verán deshojar su mundo día a día, traicionados por quienes fueron sus  mejores cómplices, apedreados por quienes fueron sus mejores idólatras, envejecidos después de torpedear una juventud que creyeron eterna y, viviendo quizás la más absoluta de las soledades, acompañados en sus últimos días, a lo sumo, por  dos o tres personas que lograron rescatar de entre sus afectos.

La vida, minuto a minuto,  nos va desenmascarando ídolos de barro, y cada uno de ellos tendrá su propia historia y razones para haberlo sido. Pero, la primera de ellas, deberá ser estudiada y analizada  muy a fondo por la ciencia médica, para descubrir  tarde o temprano, ese gen errático que lleva a un ser humano a buscar, no importa cómo ni a qué costo, un apasionante encuentro con el PODER el cual, en algún momento, será su propia pesadilla. En ese mismo instante, sin lugar a dudas,  le surgirá un solo  interrogante: ¿El poder para qué?

Fuente: http://www.revistasolociclismo.com/editorial/772-caso-armstrong-iel-poder-para-que.html

 

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