Columna LÍDER

(Opinión) Viejo sabio este Pelusso

El experimentado entrenador de Independiente Santa Fe se desahogó. El uruguayo logró el primer título internacional en 31 años de trayectoria, cimentando lentamente un equipo que se configuró con sus características: el empeño, el esfuerzo, el sacrificio y la efectividad.

Suplir a Gustavo Costas era un reto cortoplacista para Pelusso. Es una sensación personal: si no cumplía las expectativas puestas en su trabajo, sería despedido antes de finalizar su contrato. Lo cierto es que el charrúa puso a Santa Fe en el pedestal de su cronología tras lograr el ansiado título internacional negado durante 74 años. Los directivos y los jugadores han cumplido su cuota dentro del logro, pero Pelusso supo administrar los recursos de estas dos partes.

En seis meses ha planificado más de cuarenta partidos, ha comandado medio año de entrenamientos y concentraciones y ha sido la cabeza de grupo de un conjunto de 29 muchachos. Padeció las bajas de tiempos prolongados de Sergio Otálvaro, Omar Pérez, Carlos Valdés y Dairon Mosquera, por el cual llegó Leyvin Balanta, un lateral que no era tenido en cuenta por América de Cali en la B y terminó siendo decisivo ganándose la titularidad del puesto. Además, la salida de Quiñones resultó un palo en la rueda pero la firmeza del entrenador quedó clarificada en su irrevocable medida de mantener un eje sin desvíos, un objetivo, una meta.

Cuando arribó al club, Daniel Torres y Jorge Arias se marcharon al DIM. Llegó Gordillo, que se fue consolidando de menor a mayor y su mejor partido fue ante Huracán en la primera final en Argentina. Apostó por Sebastián Salazar, un producto neto de las arcas menores del Cardenal que fue uno de los pilares del semestre aunque no haya jugado el encuentro culmine. Explotó a Roa, a quien utilizó en todos los sectores del mediocampo y sacó lo mejor del venezolano Seijas, que finalizó como la gran figura de la Copa Sudamericana. Sufrió la ausencia del cerebro futbolístico del plantel y la sustituyó por el combate y la aplicación a la marca con exitosos rendimientos. ¿Faltó brillo? Quizás sí, pero sin ningún lugar a duda la efectividad se sobrepone a las luminosidades que a veces enceguecen la óptica real.

Plantar las dos líneas de cuatro, explotar las bandas, fortificar los laterales, afianzar la zaga, complementar la dupla de mediocentros, asegurar la contundencia en ofensiva y apretar los dientes con el cuchillo en la boca, fueron las características explícitas de su filosofía. Sin embargo, las implícitas fueron las mejores: el acercamiento al plantel, el trabajo del silencio, el poder de la decisión, enfocarse a la investigación, el análisis y el método, dictaminar simpleza y practicidad, y hacer de gruñón ante la prensa por defender la tropa.

Un párrafo aparte se merece el trabajo de Pelusso con Yerry Mina y Francisco Meza. Ha compaginado una de las mejores duplas centrales que me ha tocado ver en mis cortos 25 años. El sentido de la ubicación, la comunicación, la complementación y la coordinación han sido fundamentales para la consagración de este dueto donde quedó registrada la “doctrina uruguaya”

El gran acierto de Pelusso fue manejar, aprovechar, cultivar y fructificar las herramientas que tenía a disposición. Fue un obrero inagotable del conocimiento y la aplicación de los mismos. Impuso su propia práctica ante propia su teoría y eso pocos, poquitos, estrategas logran plasmar su campo de ideas en el campo de juego.

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