Columna LÍDER

Óscar Córdoba: ¡Feliz Cumpleaños Crack!

Por Rafael Villegas..

@lidervillegas

Óscar Córdoba nació para el fútbol en los peladeros de Cali, en un equipo denominado Colombia 86, conformado desde la necesidad de promocionar la sede  mundialista que se había conseguido, y a la que renunciamos por culpa de las mentiras politiqueras de siempre.

Muchacho alto, fuerte de buena posición social, estudiante de unos de los colegios más prestigiosos de la capital del Valle donde practicaba voleibol y baloncesto, deportes que le pulieron muchos de los gestos particulares que lo marcarían luego en su exitosa carrera como arquero.

Córdoba quiso ser delantero del Deportivo Cali, del cual era hincha, como el argentino Néstor Scotta su espejo goleador; pero  el fútbol como la vida misma es caprichoso y paradójico, así que de incipiente goleador se convirtió en un excelente ataja goles.

Fue guardameta de la selección de Valle e integrante de la más legendaria camada  de arqueros colombianos al lado de Farid Mondragón y Miguel Calero, con la erudición prodigiosa y extraña de Carlos Portela, quien nunca fue arquero. Su amigo Calero y  su maestro Portela ya se marcharon seguramente a defender las puertas del cielo.

Su carrera profesional la inició en Atlético Nacional por insinuación de Diego Barragán a Francisco Maturana. Llegó como suplente de René Higuita y debutó en 1988. Después inició un deambular por el Deportivo Cali, Deportes Quindío, Millonarios, Once Caldas…

En el América se consolidó como figura, llegando a uno de los subtítulos de Copa Libertadores con el cuadro escarlata frente a River en el Monumental, el día en que contracturado jugó el partido infiltrado y un error suyo terminó en un gol de Funes para los gauchos.

Pero unas son de cal y otras son de arena, diría el filósofo de pueblo, el 5 de septiembre de 1993, en esa misma cancha del Monumental de River, sus atajadas felinas le cerraron el arco a Gabriel Batistuta, el goleador gaucho que tenía pinta del Jesucristo mediático. El inolvidable 5-0 de Colombia frente a Argentina tuvo en Córdoba,  las manos del artesano que moldeó la obra de orfebrería futbolística que fue esa ópera prima del futbol colombiano.

Lejos estábamos de pensar que la selección se nos derrumbaría en el mundial; USA 94  se nos instaló en el cuarto oscuro del alma en medio del dolor por la derrota y las lágrimas derramadas ante la infamia de ver partir a uno de los nuestros en medio de la  irracionalidad demencial de la barbarie que nos cohabita.

Un día llegó a Boca Juniors y en una cafetería de Buenos Aires el día de su arribo, reflexionaba en lo que representaba llegar allí, al calor de la comida y en medio del bullicio… Óscar iniciaba su vida en Argentina, el país que lo encumbró en el fútbol mundial. Lejos estuvo de soñar -y pocos lo creerían- que acabaría siendo para el arco boquense un grande, de la estatura de los míticos Antonio Roma y Hugo Gatti.

Poco a poco, parando balones imposibles,  fue  aprovechando las oportunidades de gloria, construyó un  pedestal de atajadas en jornadas memorables, como la noche en el inmenso Morumbí de San Pablo frente a Palmeiras, cuando se puso los guantes de la historia en la definición de penales deteniendo dos memorables a Asprilla y Roque Júnior,  para que el capitán de Boca, su compatriota Jorge Bermúdez, convirtiera el último y diera rienda suelta a la alegría del pueblo boquense que, con garganta enronquecida, en medio de caudales de lágrimas, gritaran su triunfo después de 22 años de abstinencia copera, al conseguir la tercera Libertadores del equipo de la mitad más uno.

Después sería campeón intercontinental de clubes venciendo al Real Madrid 2-1;  ese triunfo argentino que tuvo el sabor cafetero del tinto endulzado con la seguridad de Córdoba, el temperamento de Bermúdez y el liderazgo de Chicho Serna enarbolados en una enorme bandera amarillo, azul y rojo desde lo alto de una de las porterías del estadio de Tokio, en medio de miles de miradas rasgadas de los japoneses que no entendían nada, pero igual cantaban, saltaban y festejaban.

Posteriormente vendría la Copa América de 2001 cuando con él en el arco Colombia celebro el más importante triunfo a nivel de selección de mayores.

Fue a Italia pero no logró adaptarse al Perugia, equipo de postrimerías de tabla,  luego pasó al Beşiktaş donde jugó hasta el 2006 y allí volvió a brillar en todo su resplandor, proporcionando con sus atajadas un halo de seguridad al equipo turco.

De las tierras otomanas regresó a Colombia para atajar en el Cali y retirarse luego vistiendo la azul de Millonarios, como uno más.

Óscar Córdoba fue considerado uno de los porteros más grandes del mundo, compartiendo honores con el alemán Oliver Khan y por encima del italiano Gian Luigi Bufón.

Hoy llega a 45 años, su leyenda y su figuran se pasean de la mano por los estudios de televisión con el recuerdo de sus atajadas de gloria que pueblan el imaginario colectivo con un toque de misticismo… por ser Oscar Córdoba uno de los glorificados del Olimpo del fútbol.

¡Feliz Cumpleaños crack!

 

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