Columna LÍDEREventos Especiales

Columna impublicable. Medalla de oro para los caleños.

Por Wilfrido Franco García
Se van los IX Juegos Mundiales de Cali. Se van en balsas del tiempo hacia Polonia, su próxima sede. Ya la nostalgia embarga la ciudad, saturada de tanta alegría, de tanta emoción. Pero quedan, más allá de los escenarios, las experiencias y las satisfacciones, la vida de miles de caleños que cumplieron con las expectativas y las superaron por montones. Se vuelve a la brega cotidiana. La fantasía por ahora, se marchó.

El mayor potencial de los IX Juegos Mundiales de Cali fue su gente. Gente de colores y tradiciones. Gente que se pasó de amable y servicial con el extranjero que no se quería ir. Que pretendía quedarse a la vera del destino, salpicándose de sol y comiendo cholados en una esquina infinita de las canchas panamericanas. Unos agradecieron, otros rieron, algunos se tomaron fotos y los más sentimentales, hasta lloraron. Una tierra extraña y desconocida los cobijó ardientemente como la ruana del abuelo o los brazos de la novia.

Adela Mambuscay vino con su prima desde Silvia, Cauca. Traía los más hermosos bolsos tejidos en pura lana y con aplicaciones del paraíso. Cromas de arco iris. Sudaba a cántaros pero su ruana azul de bordes fucsia, seguía pegada a ella como un estuche. Vendieron poco, pero conocieron la mano amiga de los polacos y unos croatas. “Pero los que más compraron fueron los caleños”, dijo Adela, mientras un diente de oro refulgía de su boca indomable. Los caleños en los Juegos Mundiales fueron como hormigas: trabajando, corriendo, atendiendo, abrazándose, protegiendo, tomándose fotos y disfrutando de una eternidad llamada Juegos Mundiales, que siempre se recordará. La memoria no tiene límites y estos diez días de los World Games quedarán apilados en el corazón de la ciudad.

Escenarios repletos

Para la organización en general, para la IWGA y sobre todo, para los polacos de Wroclaw (próxima sede oficial), el punto que puso Cali, será difícil de superar. Podrán hacer mejores escenarios, podrán tener mejores itinerarios, podrán tener mejores salas de prensa o una infraestructura más grande y sólida, podrán atender verdaderamente mejor a la prensa, pero difícilmente superarán el calor humano y los brazos abiertos de miles de caleños que acogieron al mundo, como si todos fueran sus paisanos. Ni razas, ni idiomas, ni religiones, ni opiniones políticas o estados diversos, fueron barreras para que los caleños irrigarán cordialidad. La Secretaria del Deporte y la Recreación de Cali, Clara Luz Roldán, lo dijo sin alardes: “Quedar bien en la realización de estos Juegos Mundiales, no era solo para salvaguardar la imagen de Cali o del Valle del Cauca, o de Colombia. La cuestión iba más allá. Era la imagen de Latinoamérica. Había que darle confianza a Brasil, por ejemplo, que pronto realizará el mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos. Han venido dirigentes de Brasil para analizar y aprender de muchos aspectos, sobre todo en seguridad. Igualmente, los dirigentes de Polonia están sorprendidos con los escenarios, la logística, pero sobre todo quedaron sorprendidos por la gente. Por los caleños. Los caleños fueron lo mejor de estos juegos”. Los escenarios llenos, locuras colectivas por el extranjero, flases de cámaras por doquier, abrazos de amistad con aquel karateca rudo de Azerbaiyán que apenas hablaba un dialecto de su lejana tierra, pero fue capaz de decir: “Cali bonita” y soltar una carcajada que aún estremece el coliseo “Evangelista Mora”. O el enorme mongol de sumo que abrazó con sus potentes brazos a una niña morena de extensiones coloridas. O la muchacha hermosa de Copenhague que brillaba más que el sol, con sus ojos de fuego. O la bronceada australiana que derritió los cristales de todas las miradas. El gusto de ellos por el manjar blanco, la lulada, las marranitas o el cholado, fue algo incomparable y que muchos en su paladar, tendrán como recuerdo de la nación del trópico caribeño que describió García Márquez, una y otra vez.

Envueltos en una horda de cordialidad, los extranjeros supieron que los caleños son lo máximo. Ganadores por lejos del oro a lo mejor de los Juegos Mundiales que quedaron por siempre con nosotros. La eternidad es simplemente un viaje.

 

 

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