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Crónica / Cali, antes y después de los Novenos Juegos Mundiales.

Sonaba el himno nacional de Australia, en la Plaza de Toros Cañaveralejo, antes del partido de balonmano contra Colombia. En varios lugares, aislados del silencio y la calma, algunas personas adultas agitaban pañuelos blancos. Estaban desenterrando una vieja práctica inventada durante los Sextos Juegos Panamericanos de 1971 y luego exportada al resto del país. A partir de Cali 71, mareadas de nativos se daban a la tarea de agitar pañuelos blancos para rendir homenaje al visitante y rival respectivo de su selección, en todos los deportes.

Poco después, cuando ya era una práctica en todo el país, el periodista colombo-cubano José Pardo Llada inició una campaña en contra de esa práctica, a través de los micrófonos, porque creía que era una cortesía barata y perjudicial para el equipo local. Esta costumbre comenzó a desaparecer de los escenarios deportivos y a ser remplazada, en algunos casos, por rechiflas.

El ver a solitarios caleños agitando pañuelos blancos, nostálgica figura de los años setenta, sirve como referencia para brindarle un reconocimiento al gran triunfador de los Novenos Juegos Mundiales: el público caleño, que se sobró como sólo lo había hecho en aquel lejano mes de agosto de 1971.

Ese es el veredicto unánime de decenas de protagonistas de los Juegos, quienes llegaron a Cali, algunos con la visión de las solitarias tribunas en algunos escenarios del certamen pasado y con pocas referencias sobre la tradición deportiva de la capital del Valle del Cauca.

Muy grande fue el legado que le dejaron a Cali los Juegos Panamericanos de 1971: una ciudad moderna comunicada por grandes avenidas dotadas de puentes que hicieron desde entonces la vida mucho más rápida; obras de primera categoría, como el nuevo estadio Pascual Guerrero, el Coliseo El Pueblo, el Velódromo Alcides Nieto Patiño y el Coliseo Evangelista Mora, entre otros escenarios deportivos, además del Aeropuerto entonces bautizado de Palmaseca; una nueva mentalidad de sus dirigentes frente a retos futuros grandes, y una fiebre de sus gentes, que convirtieron a la ciudad en la Capital Deportiva de América.

Plaza de toros de Cañaveralejo durante las competencias de baile deportivo

Más grande aún será la herencia de los Novenos Juegos Mundiales, porque además de la construcción de cuatro nuevos excelentes escenarios, los demás edificados con ocasión de Cali 71 fueron remodelados. “Cali ha quedado con los mejores campos deportivos de Colombia, y en algunos casos de Suramérica”, sentencia Rodrigo Otoya, Presidente del Comité Organizador. Pero además de estas conquistas, el público caleño salió de su ostracismo y pasividad, para ofrecerle al mundo una nueva visión de un pueblo apasionado por el deporte. Los más de 400 mil espectadores que se reunieron en los escenarios deportivos, durante los diez días del certamen y el desbordado entusiasmo y la hospitalidad brindadas, sorprendieron a los visitantes. “Hasta este momento, el mejor público en la historia de los Juegos, es el de Cali”, dijo el presidente de la Asociación Internacional de Juegos Mundiales, Ron Froehlich, un hombre adusto a quien sus más cercanos no lo habían visto sonreír tanto, como esta vez, especialmente cuando sonaban canciones en ritmo de salsa.

Cuatro grandes sucesos dejaron para Cali, los Novenos Juegos:

Imagen: definitivamente la imagen de Cali revitalizó la de Colombia como país nacional y como país deportivo.

Economía: la alicaída economía de Cali sufrió un gran repunte y dejó establecidos negocios interinstitucionales para el futuro, con gobiernos y empresas extranjeras.

Cultura ciudadana: en el maremagnun de todos los escenarios floreció una nueva cultura ciudadana, que ojalá se extienda a todo el país.

Nuevos deportes: las disciplinas poco conocidas fueron acogidas con entusiasmo por los jóvenes caleños, lo que presagia desarrollos en modalidades que anteriormente ni se conocían en estas latitudes.

Este domingo, Cali cierra la puerta de los Novenos Juegos Mundiales, para abrir la del beneficio que dejarán para su ciudad y para sus deportistas. Todo quedará en silencio, y el lunes, las calles volverán a ser las mismas de antes, sin las banderas de los 107 países participantes levantadas en las esquinas más importantes, que recordaban que hervía una fiesta y sin el corazón del mundo palpitando a toda velocidad.

Los hermosos y bien dotados escenarios también quedarán sembrados en la tierra caleña, a la espera de visitantes que les saquen provecho e impidan que se vuelvan elefantes blancos carcomidos por el olvido. Un hecho singular vivirá Cali en este sentido: serán los únicos juegos múltiples realizados en el mundo que tendrán un nuevo escenario después de su celebración. Se trata del bailódromo ofrecido por el Presidente de la República, Juan Manuel Santos, como homenaje a los campeones de la modalidad de salsa y a los miles de danzarines que deambulan por la ciudad, en busca de un lugar en el cual anidar sus sueños, y que desde el momento de su anuncio pareció formar parte del inventario de escenarios del certamen.

Cali demostró que los Juegos Mundiales podían ser grandes, gigantes, quizás, y así lo percibieron los casi 4.000 atletas que nos visitaron, en representación de 107 naciones, que vieron cómo se le rindió un homenaje a la alta competencia, con sostenibilidad y respeto por el medio ambiente.

Serán muchas las miradas que se dirigirán a Cali a partir del 5 de agosto, para auscultar sobre los beneficios futuros de tan magna obra.

Comité Olímpico Colombiano
Oficina de Comunicaciones y Relaciones Públicas
comunicacionescoc@coc.org.co

 

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