Farándula

54 años de Maradona: El cebollita que tocó el cielo

Por Rafael Villegas.

El carro corre velozmente por la amplia avenida que conduce del aeropuerto de Ezeiza al gran Buenos Aires. La extensa vía de asfalto es consumida vorazmente por el autobús… de pronto, al lado izquierdo  de la ruta, aparecen una serie de viviendas infrahumanas que  forman un cordón de indigencia, escenificado en casas de cartón y techos de zinc…  Al fondo los grandes edificios de la ciudad son testigos del contraste económico  que plantea el capitalismo salvaje…

La reflexión intenta ganarle a  la velocidad buscando ver si por alguna parte se perciben las gambetas de los chicos. El oído escudriña buscando los cánticos de goles imaginarios entonados por los pibes en aquellas llamadas Villas Miseria, en donde han nacido para el fútbol tantos jugadores grandes, uno de ellos: DIEGO ARMANDO MARADONA FRANCO, alias el “pelusa”, hace 54 años.

 

Maradona no es una persona cualquiera, aunque es único e irrepetible -como cualquier otro humano-; simplemente es él, auténtico en sus defectos y sus virtudes.

Proclive a los vicios, peleador, amigo de la rumba, evasor de impuestos, con posiciones políticas curiosas declarándose comunista desde su amistad con Fidel Castro, disfrutando de las mieles de atenciones cinco estrellas del comandante en la isla, para su recuperación de las drogas, seguidor de Chávez por identificación al odio por los gringos, sin untarse de las necesidades de su pueblo, viviendo en la burbuja que su fama le ha permitido construir.

Amante de los retos, es un luchador innato de férrea voluntad para obtener lo que desea, con gran potencial de resurgimiento y vitalidad. Propenso a excesos emocionales y de toda índole. Escapista, impetuoso, extremista, iinconformista, rebelde, desafiante y contestatario.

El Diego es de ese tipo de personas que no pasan desapercibidas, es casi seguro que la impresión que produce no es de indiferencia, despierta tanto intensos amores como profundos odios. Fascina o repele.  No le van las medias tintas. Le encanta llamar la atención, generar polémica y salirse con la suya…

Un hombre capaz, a través de su genialidad futbolística de rendir a Nápoles  a sus pies, reivindicando luchas históricas de confrontaciones añejas  entre la Italia del sur, que por fin volvía a tener un guerrero vestido de cortos para enrostrárselo a la Italia elitista del norte.

En realidad, El Diego es un incomprendido, uno de aquellos seres que jamás nadie podrá conocer en su real dimensión. Le gusta decir lo que piensa pero no es raro que diga una cosa y piense otra, o haga lo que le dé la gana, que muchas veces no es ni lo que piensa ni lo que dice. Es decir, un ser complejo, cambiante  y contradictorio

Su temperamento es incontrolable, directo, obstinado, imprudente, soberbio y parlanchín opinando de todo lo divino y lo humano…    Ni la sumisión ni la paciencia, la cautela o diplomacia son su fuerte; tampoco se le facilita ceder ante las presiones de los demás. Es espontáneo, explosivo y franco; pierde fácilmente los estribos, al punto que puede herir con sus palabras sin desearlo, o en el peor de los casos, cometer en tales estados actos violentos, insensatos e impulsivos para luego arrepentirse.

Ha tenido que enfrentar varias crisis por culpa de su adicción a las drogas, ha estado internado varias veces buscando desintoxicarse, además, se ha visto al borde de la muerte, pero siempre ha estado apoyado por una afición que lo adora con ese tipo de amor incondicional que no critica ni condena al sujeto amado. Incluso algunos de sus más fervientes seguidores se atrevieron a fundar la iglesia maradoniana, una  parodia de religión que rinde culto al dios del fútbol.

Se disputa en un mano a mano con Pelé, el título al mejor jugador de la historia del fútbol mundial. No importa cuál fue mejor porque sin lugar a dudas, Maradona es uno de los más grandes futbolistas que ha dado el planeta.

Ese “barrilete cósmico” de las genialidades en la cancha, que nos regaló tantas tardes de fútbol pirotécnico,  ése que hacía ver fácil lo difícil… como en el mundial de México 86  cuando marcó el famoso gol de ”La mano de Dios”, para luego inventar una obra de arte futbolística: el gol más soberbio de todos los tiempos, ese que muchos consideran como el mejor gol de la historia de la Copa Mundo, votado como el gol del siglo XX.

Y aunque haya  manchado su brillante estampa de ídolo con una vida personal llena de incoherencias y prepotencia…  por todo lo que hizo con el balón amarrado a su mágico pie izquierdo, seguirá siendo el Diego de la gente, el que a los 10 años,  su mejor amigo por aquel entonces, Gregorio Carrizo, alias “el Goyo”, lo  llevó a probarse en el equipo Los Cebollitas.

RafaV.

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