Farándula

65 años del Maracanazo

Efemérides colombiasports julio 16.

El domingo 16 de julio de 1950, se jugó la final más dramática en la historia de los campeonatos mundiales de fútbol.  En el estadio Maracaná de Río de Janeiro, con sobrecupo, pues asistieron unos  200 mil espectadores, todo parecía destinado para que ganara Brasil: era local, contaba con Ademir de Menezes, el goleador del campeonato, además,  tenía un muy buen equipo.

Así las cosas, el mundial parecía estar servido para los dueños de casa, a Brasil le bastaba un empate para alzarse con el título, por eso, minutos antes de rodar la pelota, le fue entregado en los vestuarios a cada jugador, un reloj de oro, que tenía grabada en el dorso, la frase: “Para los campeones del Mundo”.

Los brasileños se sentían virtuales ganadores. Los principales diarios de Brasil ya tenían sus primeras páginas impresas, las carrozas de carnaval estaban preparadas para encabezar la celebración; se habían vendido más de 500.000 camisetas con la inscripción: “Brasil Campeón 1950”, y hasta la Casa de la Moneda había acuñado monedas conmemorativas con los nombres de los jugadores brasileños.

El estadio y sus alrededores se encontraban decorados con pancartas que homenajeaban a los campeones del mundo …  Incluso el propio presidente de la FIFA, Jules Rimet, estaba convencido del triunfo local, en el bolsillo derecho de su saco llevaba escrito en portugués, un discurso en homenaje a los campeones brasileños.

Sólo faltaba una cosa: que el partido se jugara.

Uruguay alineó al arquero Roque Gastón Máspoli; Matías González, Eusebio Ramón Tejera; Shubert Gambetta, Obdulio Jacinto Varela (capitán), Víctor Rodríguez Andrade; Alcides Edgardo Ghiggia, Julio Gervasio Pérez, Óscar Omar Miguez, Juan Alberto “Pepe” Schiaffino y Rubén Morán. La conducción técnica estaba a cargo de Juan López.

Brasil: Moacir Barbosa en el arco; Augusto da Costa (capitán), Juvenal Amarijo Joao Ferreira “Bigode”; Jose Carlos Bauer, Danilo Alvim, Tomás Soares da Silva “Zizinho”, Jair da Rosa Pinto;  Albino Friaça Cardoso, Ademir Marques de Menezes y Francisco Aramburu “Chico”. DT. Flávio Rodrigues Costa.

El árbitro inglés George Readers dio inicio al encuentro. Los locales  debajo de la casaca amarilla tenían otra con la inscripción “Brasil Campeón del Mundo… y en efecto el partido comenzó con dominio brasilero…

Ademir pateó al marco una y otra vez, Jair, Chico, Friaca, Bauer  también intentan encontrar el gol pero  el gran trabajo del arquero uruguayo Roque Gastón Máspoli, quien tuvo que exigirse al máximo, mantuvo su arco en cero.

Por Uruguay Julio Pérez, Schiaffino, Morán Ghiggia también tuvieron posibilidad frente al arco del meta brasilero Barbosa sin embargo el primer tiempo concluyó con empate sin goles.

Al minuto 47,  Ademir paró la pelota y le dio un pase rastrero y medido al puntero derecho, Friaca, quien le pegó de derecha… La pelota pasó por delante de Andrade y venció el arco de Máspoli.

 Se desató la locura, el cielo se cubrió con luces de colores… El estadio estalló en júbilo con un ensordecedor grito de Gooooool de Brasil. El país entero deliraba, comenzaba la celebración…

…Pero el capitán Uruguayo, “El Negro Jefe”, Obdulio Varela, se echó el equipo al hombro. Los charrúas recuperaron el ánimo, comenzaron a contragolpear cada vez más… hasta que al minuto 67,  Schiaffino, venció el arco local…

…Aunque con el empate bastaba, el júbilo del pueblo brasileño comenzó a disminuir progresivamente hasta que en el minuto 79 se convirtió en silencio absoluto.

Aunque con el empate bastaba, el júbilo del pueblo brasileño comenzó a disminuir progresivamente hasta que en el minuto 79 se convirtió en silencio absoluto con el gol del puntero uruguayo Ghiggia…

El Maracaná enmudeció. Uruguay ganaba 2-1 y sólo faltaban 11 minutos para la conclusión del partido.

Los jugadores brasileños buscaban desesperadamente el gol del empate, pero la defensa uruguaya contrarrestaba con su famosa garra charrúa. Los nervios y la imprecisión se apoderaron de los locales mientras el tiempo se les acababa irremediablemente, en tanto  los uruguayos se defendían con uñas y dientes.

El partido concluyó.

Brasil lloró la mayor tragedia de su fútbol. El reconocido comentarista, Mario Filho escribió en una crónica que el gol de Schiaffino provocó “el mayor silencio de la historia del fútbol”.

Tras el partido hubo gente paralizada… La ciudad cerró las ventanas, se sumergió en el luto. Era como si cada brasileño hubiera perdido al ser más querido.

Hubo llanto, dolor y suicidios, algunos de entre la torcida brasileña no pudieron soportar la derrota y sólo encontraron salida honorable a la tragedia lanzándose al vacío desde lo alto de las monumentales tribunas del estadio Maracaná.

En cambio, 3’200.000 uruguayos comenzaron la  fiesta, eran bicampeones mundiales. Habían logrado una hazaña, que trascendió en  la historia del fútbol mundial como el “Maracanazo”.

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