Columna LÍDERFarándula

Alfredo Di Stefano en Bogotá. Homenaje Póstumo.

                                                                  ¿Qué me hubiera gustado ser si no fuese futbolista? 

                                                                                                      Ser futbolista otra vez

En su libro autobiográfico “Gracias Vieja” Alfredo D´Stefano relata a los periodistas españoles  Enrique Ortego y Alfredo Relaño, su paso por Colombia para jugar en Millonarios.

Como un homenaje al más grande jugador de la época y para muchos el mejor jugador del mundo transcribimos apartes de dicha obra como recuento histórico de la “Saeta Rubia”. Agradecimiento a Editorial Aguilar año 2.000 , Grupo Santillana editores.

 

“El 11 de agosto del año 1949, Alfredo D´Stefano y Raul “pipo” Rossi aterrizan en Bogotá. Cinco mil aficionados acuden a recibirles en el aeropuerto. El club de Los Millonarios había puesto treinta autobuses para que los aficionados se acercaran por primera vez a sus nuevos ídolos. El presidente, Alfonso Senior, y un directivo fueron hasta Cali, donde el avión hizo escala para darles la bienvenida. Buenos Aires-Santiago de Chile-Lima-Cali-Bogotá. Dos días de viaje. Durmieron en Lima. El domingo siguiente, 20.000 aficionados se dieron cita en las gradas de El Campin para verlos debutar.

El dia de su llegada, en el periódico El Tiempo escribieron sobre Alfredo D´Stefano: “Hoy llega a Bogotá el delantero más rápido y veloz del continente. Sus desplazamientos contra el arco contra el arco enemigo son fantásticos y por ello ha merecido el apodo de “la Saeta rubia”. Sus remates son de una precisión  desconcertantes  y posee una extraordinaria para el desmarque. Patea indistintamente con ambos pies y con igual potencia”

Adolfo Pedernera, quien ya se había ido un año atrás para Millonarios fue quien nos contactó, le habían encomendado buscar dos o tres jugadores y él nos buscó a nosotros, que éramos los jóvenes con más futuro en esa época. Había terminado la huelga donde luchamos por los jugadores de los equipos más débiles. En esa época cobraban los dos primeros meses y luego no veían un peso. Nos dirigimos al presidente de River, un tal Pardo, y le dijimos que el martes siguiente teníamos unos pasajes de avión y que nos íbamos para Colombia si no nos arreglaban nuestros contratos. “Se pueden ir y si quieren morirse allí, así nos despachó. Nosotros cumplimos la palabra y nos marchamos.

El contrato que nos ofreció Millonarios era por un año. La amenaza de quedarnos por fuera de la tutela de la FIFA no nos amedrantó. Cuando llegamos a Colombia, River nos mandó un telegrama para que firmáramos con el Torino de Italia, pero ya habíamos dado la palabra a Millonarios y adiós  muy buenas.

Comenzamos una nueva aventura en el futbol y nunca habíamos visto más dinero en la vida. Cuando regrese a Buenos Aires lleve una cantidad de dinero mayor a la que había visto en mi vida junta, gracias a lo que ahorrábamos del sueldo y los premios. Ganábamos $ 1.200 mensuales de premios nos daban $ 300 por partido ganado. En un año en Colombia ganamos lo que diez en la Argentina.

Ganamos el campeonato del 49. Rossi tuvo problema para jugar. Había dejado los botines en casa y como calzaba 46 no había zapatos de futbol para él. Se fue para Colombia y no había llevado la herramienta de trabajo… ¡era para matarlo!.

Vivíamos en un chalet precioso, muy bonito. Pagábamos solo $120 de arriendo con comida, arreglo de ropa y todo. Nuestro embajador era Pedernera y el entrenador “cacho” Aldabe que había jugado como defensa central en Platense.

Lo que más me chocó de Bogotá fue la tristeza que había en el ambiente. Toda la gente vestida de negro, vestida de luto.  Se debía a que se había producido  la muerte de Gaitán, un político liberal que era famosísimo. Había pasado un año pero nada cambiaba. Existía más desigualdad que en Buenos Aires.

Al principio el campeonato era al margen de la FIFA pero luego se asustaron y llegó un acuerdo que nos permitía jugar hasta 1954. Jugábamos partidos internacionales, íbamos a la pequeña Copa mundo en Caracas.

Mi miedo a los aviones comenzó en Colombia. Los aviones eran muy pequeños y siempre tenían que sobrevolar las cordilleras.  Allí casi todas las ciudades están edificadas en las faldas de las montañas. Colombia tiene clima tropical y llueve en cantidad. Había tormentas a cada momento  y los aviones nunca iban por encima de las nubes si no por debajo. Se movían que daba miedo. Veía las alas que iban de un lado para otro… nunca tuve un viaje tranquilo. Volamos tanto, unos 6.700 Kms que parecíamos aviadores.

Debutamos en Barranquilla y ganamos aquel día 5-0. Comenzaba la segunda vuelta del torneo. Marque dos goles, el primero fue el mejor de la tarde. Ese año ganamos el título frente al Deportivo Cali, ese día marque un gol de 15 metros. Millonarios jugaba un 4-3-3 muy agresivo, muy rápido. A veces defendíamos con tres y se metía uno más en el centro del campo.

En el equipo había demasiada técnica. Técnica depurada. Gente solvente. Nos llamaban “el ballet azul”. Ese remoquete nos lo colocaron los periodistas”.

Textos tomados de “Gracias Vieja”.

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