Eventos EspecialesFarándulaSelección Colombia

Hoy recordamos a Miguel Calero

Por: Rafael Villegas.

Miguel Calero se ubicó en su hábitat natural para la ejecución que se venia, era la tercera de una tarde plagada de penales; estaba allí defendiendo su portería, la posición que él escogió desde niño cuando con la inocencia de su infancia acompañaba a su hermano a las practicas de la Selección Valle en las cercanías Pance, ese remanso verde esperanza al sur donde el rio con sus aguas cristalinas van regando con frescura los calurosos días de Cali.  Allí en medio de la melodía del rio al pasar, sentado en una de las milenarias piedras que se negaron a marcharse, Miguel decidió ser portero de fútbol.

En medio de su soledad con treinta mil espectadores como testigos, reflexionó que  una portería será siempre la misma no importa el estadio en donde esté ubicada, un inmenso espacio de nada, limitado por tres palos donde se juega todo.  Es el santo grial del futbol, la matriz  donde alumbra la emoción del gol.  El alfa y el omega del futbol

Al frente de la pelota estaba Martin Palermo con su uniforme manchado por la humillación de haber desperdiciado dos penas máximas en un mismo partido.  El orgullo magullado del sureño le marcaba la piel como hierro candente, su cabello rubio ardía en llamas de desespero y  frustración.

Sí, para un arquero un penal es como estar parado frente a un pelotón de fusilamiento esperando el disparo final que acabe con tanta angustia.  Miguel con su ceño fruncido y mirada de águila era el dueño de su suerte; recordó uno a uno los minutos vividos hasta ese momento, desde cuando vendieron su pase por veinte docenas de guayos, sus primeros aprendizajes en la escuela Carlos Sarmiento Lora bajo la conducción siempre sabia del maestro Carlos Portela, los consejos de su admirado Pedro Zape, el más grande, sus títulos como campeón con Nacional y Deportivo Cali, la selección Colombia de los olímpicos 1992  y sus cuatro participaciones anteriores en Copa América desde 1991…

Eran tantas evocaciones gratas que lo llenaban de confianza y seguridad. A sus 28 años no había recibido los cuatrocientos goles que le tenían que hacer a un arquero para que madurara como lo dijo alguna vez defendiendo el arco del Sporting de Barranquilla cuando llego en 1987 con apenas 16 años.

Al frente estaba Palermo uno de esos goleadores de raza que se dan de cuando en vez en el futbol, heredero de sangre de Pedernera, D´Stefano y Moreno quienes habían empapado con su sapiencia el dorado colombiano. Él no los conoció pero sabia de ellos desde muy chico, sus comics predilectos de infancia eran las revistas deportivas.

El estadio de Luque estaba en silencio, Colombia expectante, Argentina angustiada, Palermo nervioso y Calero tranquilo…  El gaucho tomo impulso de cinco metros, en su pierna iba incrustado el misil de su pie izquierdo cargado de inmodestia e historia, listo para borrar afrentas…

Cuando llegó a la pelota vio como una sombra se movía desde la raya de gol, se asustó con lo que vio y un frío helado de muerte lenta  le recorrió toda su humanidad, cuando quiso reaccionar ya los 1.89 de Miguel Calero habían detenido el disparo.

Calero sonrió y Palermo sufrió. Fue una escena dantesca que recorrió el continente en un instante,  un  fusilamiento donde el condenado despachó a su verdugo con una herida imborrable en el alma. Colombia ganó 3 -0 ese juego inolvidable.

Después Miguel se marchó a seguir escribiendo historia, aterrizó en un equipo que nadie conocía Pachuca, en Hidalgo, aquel estado que lleva el nombre de un cura que se matriculó en la revolución mexicana dejando de lado la comodidad de un convento.

Allí, como el cura,  se hizo héroe. Su profesionalismo, sus atajadas espectaculares y hasta los goles marcados cuando se iba de excursión ofensiva, porque no había más remedio, quedaron incrustados para siempre en la leyenda del cuadro “manito”.

Calero se marchó hace dos años llevándose consigo catorce títulos, se fue agradecido con la vida al sentirse querido por todos, se fue feliz de haber hecho lo que más le gustó: ser portero de futbol, nos dejó para traspasar la frontera de lo humano y convertirse en  leyenda.

@lidervillegas

rafael.villegas@colombiasports.net

email
Anterior

Colombia participa con 55 deportistas, en los II Juegos Bolivarianos de Playa

Siguiente

El sábado se corren Las 6 Horas de Bogotá