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Falcao debe decir adiós

Los colombianos expresamos más afecto por el Atlético de Madrid que por el Real. Y no solamente ahora cuando en el cuadro “colchonero” milita Radamel Falcao García nuestro jugador más emblemático y mediático en el futbol mundial. Por allí pasaron otros que sin el brillo del samario quedaron en las fotografías del cuadro del rio manzanares, Adolfo “tren” Valencia, Amaranto Perea y Francisco Maturana en el banco que hoy ocupa el argentino Diego Simeone.

Casi que mecánicamente, los colombianos hemos incorporado a nuestras necesidades informativas el saber cómo salió el  Atlético en los partidos de liga o en las copas europeas cuando sabemos que “el tigre” está en la formación titular. Cuando marca goles nos henchimos de orgullo nacionalista, cuando no, sentimos un tufillo de frustración que se refleja en el rostro.

El Atlético de Madrid es un equipo limitadísimo futbolísticamente que ha tenido que soportar y ver humillantemente cómo en los últimos años su vecino el poderoso Real, que nada en millones, cambió el rival tradicional de sus clásicos por el  Barcelona en busca de gloria.

El Atlético es un cuadro fiel a la sempiterna lucha del resultado por encima de lo estético. Diego Simeone, su técnico, fue un volante de lucha, de marca, pundonor y vergüenza deportiva que no daba ningún balon por perdido recurriendo a lo que fuera en pos de la pelota. Su tarea consistía en realizar “el trabajo sucio” en el juego al servicio de  los que con su talento marcaban diferencia y ganaban partidos.  El Atlético es fiel reflejo de ese tinte personal que es importante cuando la técnica y el talento escasean.

En ese cuadro,  Radamel lucha por ser uno de los más importantes goleadores del planeta. Pero esa lucha se da casi en solitario, tirándosele al tren si fuese necesario, dejando la piel en cada acción, pagando con sangre el boleto a la gloria,  más  por sus  condiciones de “kamikaze” que por el futbol elaborado de sus compañeros, donde solo encuentra buen pie cuando está al lado del turco Arde Turan o cuando  por momentos aparece el brasilero Costa. Del resto muy poco o nada. La pelota, la segunda gran damnificada de esta realidad llora y se lamenta ante el maltrato del resto.

Radamel tendrá que marcharse con el dolor del alma del Atlético, como ya lo hizo del Porto, si quiere seguir creciendo en el futbol mundial como en otras épocas hicieron, el mexicano Hugo Sánchez quién permaneció 4 años para luego consagrase en el Real Madrid, o el argentino “Kun” Agüero quien se marchó al Manchester City.

Porque eso sí, el Atlético es una buena escala para mostrar de lo que se es capaz y Falcao ya lo demostró.

RafaV.

rafael.villega@colombiasports.net

 

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