Fútbol

Gabo, el portero fugaz que atajó bolas de trapo

El fallecido novelista, el más universal de los colombianos, fundó su relación con el deporte cuando de niño, en las calles de su natal Aracataca, volaba como lo hacen los guardametas, para detener pelotas de trapo.

Pero si en algún momento de esa infancia Gabo pensó en ser futbolista, todo acabó cuando un pesado balón reglamentario lo dejó sin aire al castigarle con violencia en el estómago.

Peor para el fútbol. ¡Gol a favor del periodismo y la literatura!.

El impacto psicológico debió ser tan fuerte como el dolor del balonazo pues en los años siguientes sus amigos lo apodaron ‘el Viejo’ por su seriedad y aversión a practicar deportes, aunque todo cambió al arribar a los 23 años y convertirse en seguidor furibundo del Atlético Júnior de la caribeña ciudad de Barranquilla.

Bajo el título El Juramento, el Premio Nobel describió en el diario El Heraldo el partido de fútbol en el que reconoció haber perdido el “sentido del ridículo” para hacerse hincha.

Y entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado”, comienza su relato del partido entre su Atlético Junior y el Millonarios de Alfredo Di Stéfano, cuya exquisita técnica Gabo comparó con la retórica.

En ese propósito de humanizar la anécdota volviéndola cotidiana que abanderó a lo largo de sus 87 años, el hijo de Luisa Santiaga y el telegrafista de Aracataca comparó las vidas de futbolistas de la época como los brasileños Heleno de Freitas, Ary Noriega y Haroldo Carijó con las de escritores o personajes de novela.

Pero antes, en 1948, el boxeo, otro deporte con profundo arraigo en ese Caribe colombiano, ocupó al hombre que ya comenzaba a caminar por el periodismo desde el diario El Universal, de Cartagena.

Y no era para menos. Para él, “el periodismo es la profesión que más se parece al boxeo, con la ventaja de que siempre gana la máquina y la desventaja de que no se permite tirar la toalla”.

En junio de ese año Gabito plasmó su desaliento con el esperado desenlace de la pelea entre Joe Louis y ‘JerseyJoe Walcott.

“… los que simpatizábamos con Walcott más que por el deseo de su triunfo por un incontenible afán de renovación, sentimos que con el cuerpo vencido se derrumbaba también el más pugilístico de nuestros deseos”, escribió.

“Pensar que Joe Louis seguirá siendo campeón tiene un sabor soso, aburrido, y su triunfo ya no tiene ninguna importancia por la simple razón de que no tiene ya nada de particular”, añadió.

Sesenta y cuatro años y doce días antes de su fallecimiento ocurrido en México, García Márquez dejó una muestra clara de su olfato para tocar a la gente a través de la palabra.

El 29 de abril de 1950, la llegada al Atlético Júnior del delantero brasileño Heleno de Freitas fue motivo suficiente para que Gabo convenciera a sus compañeros de aventura en la creación de la revista Crónica para ponerlo como figura de esa primera edición.

Esta vez no sufrió como con aquel balonazo en el estómago de su infancia y la jugada le salió redonda pues el exjugador del Botafogo, Vasco da Gama y el Boca Juniors, quien salía a la cancha con un peine, debutó con un gol a los seis minutos y fue la figura del partido pese que el Sporting derrotó por 3-2 al Atlético Júnior.

Crónica fue el sueño hecho realidad de un grupo de intelectuales encabezado por Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas Cantillo, Álvaro Cepeda Samudio y José Félix Fuenmayor, aunque el único que recibía salario era García Márquez, a quien le pagaban 25 pesos mensuales.

La portada inaugural y la nota central alentadas por Gabo con Heleno de Freitas, conocido como ‘el Príncipe Maldito‘, creó de inmediato el mito erróneo de que la revista era de información deportiva. Y así fue hasta su desaparición el 28 de junio de 1951.

Para los amantes de la llamada ‘pelota caliente’ García Márquez dejó la mejor oda a ese deporte en todo el Caribe al afirmar que “lo único mejor que el béisbol, es hablar de béisbol”.

Por contra, en claro fuera de lugar quedó Gabo a mediados de 1994 cuando, convencido de que su país iba a ganar el Mundial de Estados Unidos, apostó un automóvil Mercedes Benz con Danilo Bartulin, quien fuera médico del expresidente chileno Salvador Allende, según reveló por entonces la revista colombiana Semana.

El asesinato del defensor Andrés Escobar, poco después de la decepcionante campaña de Colombia en ese Mundial también mereció unas sentidas letras de Gabriel García Márquez, de quien hoy nadie duda en su país que es inmortal.

Agencia.

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