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(Opinión) James  vuelve a sonreír, por Rafael Villegas

El fútbol como industria del entretenimiento global dejó de ser un deporte para convertirse en una herramienta de mercadeo que mueve millones de dólares o euros, de allí que los grandes empresarios del balompié mundial busquen afanosamente figuras mediáticas para sus grandes marcas, pagando fortunas insólitas por sus traspasos, que aseguren con resultados deportivos, réditos económicos a través de la venta de derechos de televisión, publicidad en los estadios, franquicias y todo el mercado que gira alrededor, donde el vender camisetas, entre otros productos, se ha convertido en un rubro más importante que el ingreso mismo de aficionados a los estadios.

Algunos futboleros lo entienden, otros no. Los que lo entendemos tenemos claro que hoy no basta con solo ser un buen futbolista, sino que, a esas condiciones básicas de saber pegarle a la pelota, correr la cancha o marcar muchos goles hay que anexarle una buena “pinta” y carisma que genere ser noticia en la prensa deportiva y del “corazón” con una corriente importante de seguidores en redes sociales que aseguren un mercado potencial para cualquier producto que anuncie el club. El jugador de fútbol se ha convertido más en una estrella de la farándula que en un deportista. Son íconos de moda y como tales se comportan. Modelos de productos no solo deportivos, validadores de consumo unidos sentimentalmente o por negocio con modelos de pasarela o estrellas del mundo el espectáculo.

James Rodríguez  vive ese mundo; por un lado de su cerebro corre el muchacho aquel que superando todas las adversidades posibles se convirtió en el futbolista que soñó ser… y por el otro lado está el personaje público,  ese agente vendedor que debe recorrer kilómetros para promocionar productos propios o del club.

James, parece ser  ha vuelto a ser el mismo futbolista de su 1a temporada con Carlo Ancelloti cuando era titular indiscutido del Real Madrid. Hoy en el Bayer Múnich se ha reencontrado con su tutor futbolístico en Europa, quien mejor lo ha entendido y quien le permite  recuperar su felicidad futbolística.  James ha vuelto a sonreír.

James debe ser consciente que es una figura mediática que debe aparecer siempre en los medios, pero que lo suyo está en la cancha y no fuera de ella, que su presente siempre debe ir acompañado del rendimiento futbolístico que todos esperan de él. Que su problema hoy no son las cuentas bancarias, que más allá del dinero está el fútbol y la imagen de ídolo que ha creado con tanto sacrificio dese su niñez superando necesidades que quedaron atrás como anécdotas. El muchacho de ayer es el hombre de hoy que explotó a los ojos del planeta después de Brasil 2014 creando en el imaginario del fútbol mundial su figura de crack que no se le mide por la cantidad de productos que vende o anuncia  si no por los goles y el talento que despliegue en las canchas.

Rafa Villegas.

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