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Repasando a la DIMAYOR y a Jean Paul Sartre

Columna de Gonzalo De Feliche sobre los últimos movimientos de asamblea en la DIMAYOR

Lucha de clases. Choque de intereses. Disparidad de voz y voto. Categorización nominal. Desintegración y exclusión. Fuego cruzado. ¿Características de un sistema político? Sí, pero en este caso, son concepciones que se compenetran con la entidad que regula el fútbol colombiano. Dichos conceptos son rasgos que hoy contornean la DIMAYOR. El filósofo francés Jean Paul Sartre intentará explicarlo.

Jean Paul Sartre fue un filósofo y escritor nacido en Francia en 1905 siendo reconocido como uno de los grandes pensadores del Siglo XX. La DIMAYOR es la institución que administra y sistematiza el fútbol profesional en Colombia. ¿Pueden relacionarse Sartre y la DIMAYOR? Claro que sí. Y más aún teniendo en cuenta los últimos acontecimientos que se desarrollan en la capa máxima del fútbol nacional.

En un artículo publicado en abril de 1952, en la revista francesa Les Temps Modernes, Sartre se preguntaba: ¿Somos una democracia? Hoy, miércoles 19 de agosto de 2015, podemos preguntar: en la DIMAYOR, como ente ejecutivo y administrativo, ¿existe una democracia? Es decir, ¿cuál es el papel y la posición de cada club? ¿Quién antepone sus intereses por sobre los del resto por la sola condición de ser “más poderoso”? ¿Cómo se califican los votos? ¿Quién determina las clases y por qué?

Sartre en su texto hace un recorrido sobre la actualidad francesa y la problemática social que aquejaba el país europeo tras los resabios de la Segunda Guerra Mundial y, en pleno advenimiento de la Guerra Fría. Trazando sus perspectivas personales, el autor duda de que Francia sea una república soberana, teniendo en cuenta la injerencia de otros países sobre sus decisiones interiores. Argumenta: “El estudio de las leyes escritas no explica el funcionamiento real de las instituciones”, poniendo en jaque la esencia concreta y tangible de las normas en el plano existencial. En la DIMAYOR, existen ciertas reglamentaciones y estatutos que, posiblemente, no condicen con la realidad flagrante de los diferentes clubes. Ahora, debemos preguntarnos ¿la realidad de Atlético Nacional de Medellín es la misma que la de Expreso Rojo?

Según los medios, el tema central de la última asamblea fue el reparto de la torta: saber quién se lleva el pedazo más grande y, de rebote, quién será el rezagado y se lleva el último confite, aunque aquel no tendrá la misma recepción mediática que su antípoda. Sabido es que en Colombia se cataloga a cada institución como Clase A y Clase B, en una suerte figurada de burguesía y proletariado en términos sartreanos. Sin entrar en detalles puntillosos, el mensaje que se observa es que hay instituciones superiores que se elevan por sobre las inferiores lo que nos hace citar nuevamente a Sartre cuando dice que: “En suma, todo el mundo tiene los mismos derechos, pero todo el mundo no tiene el derecho de disfrutar de ellos”.

Nadie duda que la DIMAYOR ofrece voz y voto a todas y cada una institución que sea miembro de la entidad. Se constituye como un sistema democrático envuelto en los vaivenes propios y ajenos, como defensor de los intereses (también propios y ajenos) y debe tratar de solucionar los conflictos de grandes y chicos, de A y B, porque es la unidad que tiene la potestad de hacerlo. Hablamos de democracia y fútbol, conceptos que parecen no tener hermandad alguna, pero que sin embargo sí la tienen, porque como se fueron dando las épocas, los contextos, las transformaciones y las metamorfosis de tantos y cuantos, se constituyó que debía implementarse un orden. Y ese orden que hoy pareciera desplomarse en algunos aspectos: nos hace pensar: ¿existe una desviación negativa en la administración del fútbol colombiano?

De acuerdo a esa duda, entonces, ¿se puede pedir tener un fútbol atractivamente organizado, establecido bajo parámetros que contemplen las necesidades de todos, y que no se priorice la palabra del gigante, de quién tiene más recursos, más convocatoria, más formas de solucionar percances, de adquirir jugadores, de solventar todo tipo de gastos, y no se aísle o regañe a aquel que, en la penuria de prolongarse y subsistir pide una porción de la torta que lo llene un poco más porque el confite ya ni siquiera le sabe a dulce?

El resultado actual pareciera ser un combate antagónico donde la brecha de discrepancia se engrosa cada vez más. Tal síntoma nos invita a reflexionar si terminaremos como el reverenciado fútbol español, donde sólo dos equipos compiten por el campeonato y el resto naufraga intentando sobrevivir en el oleaje de la desaparición.

Para sintetizar el esbozo, Jean Paul Sartre apunta: “Antes de morir por la democracia, querría estar seguro de vivir en ella”.

 

Gonzalo de Feliche
Twitter: @GonzaDeFeliche

 

Bibliografía: Sartre, Jean Paul; ¿Somos una democracia?; Les Temps Modernes (Abril; 1952)

 

 

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