Columna LÍDERMundial Brasil 2014

Los “panzers” han regresado

Por Rafael Villegas.

Alemania ha vuelto a sus raíces, a su esencia, a su ADN. El fútbol contundente, veloz  y efectivo que los caracterizó a lo largo de la historia, revivió desde sus cenizas para gritarle siete veces al mundo ¡presente! en el horrible atardecer de Brasil que sufrió su peor humillación, terminar goleado frente a su público a los ojos del mundo.  Vergüenza dolorosa y superior al desastroso “Maracanazo” de aquella tarde del 50 cuando los “verde amarellos” se quedaron vestidos y alborotados, como ahora, para celebrar un título en su casa.

 

Lo que se hereda genéticamente se puede complementar y hasta mejorar, pero nunca negar. No se puede apostatar de lo que se es, somos lo que somos nos grita la vida cuando renegamos de nuestra fe, de nuestra esencia, de nuestras raíces. 

Esto es lo que ha sucedido con Alemania en este mundial Brasil 2014, quiso cambiar su historia de cómo jugar al futbol importando un estilo que no le correspondía. Plegándose a la moda del “tiki taka” de los españoles que tanta gloria le dio al Barcelona y a su principal gestor “Pep” Guardiola. 

El Bayer de Múnich, el equipo teutón más poderoso, contrató al “nuevo profeta” del juego bonito para darle más espectáculo visual  a su  fútbol tremendamente efectivo y goleador. Inyectarle “glamour” a la eficacia germana. Y de hecho lo logró. El Bayer  de Múnich que venía de ganar todo con Jupp Heynckes se llenó del mercadeo y reconocimiento mediático mundial que algunos pensaban  le faltaba a este fútbol de estadios llenos, siempre sólido económicamente sin la necesidad de hacer inversiones  ostentosas y casi grotescas como sucede en las ligas española, inglesa o italiana.

Al ver jugar al Bayer se percibe un estilo que no corresponde a los teutones. Se le nota falso. Es como ver a un alemán tratando de imitar el baile esquizofrénico de Pablo Armero  o ver al mismo Pablito tocando el violín en un cuarteto de cámara. Se ve bien pero no encajaba en el imaginario del fútbol alemán que ellos construyeron desde el famoso milagro de Berna en 1954, cuando se coronaron campeones  por primera vez frente a los húngaros, venciendo todas las adversidades posibles y  vociferándole al mundo que estaban en pie después de una guerra autodestructiva, a  la cual los  llevó el peligroso populismo y un mal caudillaje.

De allí en adelante supimos todos que para ganarles había que correr, luchar y nunca darlos por muertos. Los alemanes habían llegado para quedarse con un estilo de fútbol prusiano donde el triunfo es la recompensa a la fatiga. Con los años volvieron a ser campeones en el Mundial del 74 en su tierra y después en Italia 1990. Ellos con su estilo han sido tricampeones mundiales en siete finales disputadas  y  hoy luchan por su cuarto título para de paso ser el primer equipo europeo que gana en tierras de América y nada menos que en la tierra del hasta hace poco “Jogo Bonito”. La tierra del fútbol arte, la cuna del gran Pelé, Garrincha, Vava, Didi, Ronaldo y compañía.

El primero que advirtió que el estilo importado no le caía bien al fútbol germano fue “el Káiser” Franz Bekembauer,  su gran figura y referente. “Tanto toque de pelota me duerme, es un fútbol que carece de la emoción alemana”,  no dudó en afirmar después de observar algunos juegos del Bayer. Alemania guardó silencio, el silencio del respeto que se debe tener cuando un ídolo de esa categoría habla.

Hoy sus palabras toman vuelo, Alemania volvió a ser el equipo de siempre, rápido y contundente, inyectado de mejor técnica para controlar la pelota. Volvió a ser el equipo agresivo en ataque con insaciable hambre de gol, el equipo de las transiciones rápidas de defensa -ataque que no se empalaga tocando la pelota para llegar al arco contrario. El equipo fuerte en defensa que no da un centímetro de libertad. El cuadro que ataca y se defiende en bloque como la tropa de un ejército bien adiestrada que sabe que atrás cuenta con un portero que no solo ataja si no que sabe leer el juego para salvar cualquier eventualidad.

Joaquín Low, su técnico, entendió que no se puede traicionar el ADN, que si bien es cierto al futbol alemán había que dosificarle el vértigo, la forma de jugar que les dio la gloria no se podía borrar de un tajo. Hoy los alemanes son más completos, la máquina teutona está aceitada por el talento y fundamentación de sus figuras que saben que son futbolistas y no modelos de portadas con aspiraciones de estrellas de cine. Son jugadores serios que entienden que lo suyo es la pelota y que jugar al fútbol no sirve si no se gana o se golea.

Los alemanes se han reconciliado con su historia y han regresado  a su contundencia con mayor técnica y precisión,  cambiando aquella percepción metafórica de su juego insaboro y simple por la espectacularidad de su contundencia  que nos hace embriagar de  fútbol  y de goles. 

 rafael.villegas@colombiasports.net

Twitter: @lidervillegas

 

 

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