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Ajedrez, Cerebro y Tercera Edad

Por: Dr. Miguel Angel Pagano

Neurólogo, Jefe de la Unidad de Neurología del Hospital Fernández.

Profesor de Neurología de la Universidad de Bs. As.

Socio Vitalicio y miembro de la Comisión Directiva del Club Argentino de Ajedrez.

La llegada de la tercera edad lleva inevitablemente aparejada la asociación con enfermedades, achaques, dolencias diversas y, por sobre todo, declinaciones “normales” de casi todas nuestras funciones corporales, visuales, auditivas, motoras, etc. Una de nuestras capacidades más preciadas son las funciones cognitivas, entendiendo por estas todas aquellas que conllevan la actividad mental: memoria, atención, concentración, orientación, lenguaje, juicio, etc. No pocas veces el fantasma de la enfermedad de Alzheimer (aquel alemán que nos esconde cosas) acecha detrás de nuestros pensamientos, como el ave de rapiña pronta para atrapar su presa.

Existe la idea generalizada de que poco o nada puede hacerse para intentar modificar este estado de cosas. Las nociones de “épocas terminadas”, “fin de un ciclo”, “la jubilación”, “el retiro”, etc. no hacen más que abonar aquella sensación de lo inevitable. Nada más alejado de la realidad! La vejez, la ancianidad, la tercera edad o como queramos llamarla; pueden ser vividas activamente con quehaceres y objetivos concretos y con fundamentos existenciales tanto o más sólidos que en épocas anteriores. Los avances de la ciencia médica en las últimas décadas han aportado conocimientos prácticos y teóricos capaces de modificar aquella óptica pesimista relacionada con la vejez.

 

Mantener un cuerpo sano, mediante hábitos de vida adecuados, es parte de esta transformación: alimentación balanceada, actividad física, evitar el cigarrillo, etc. Todas estas conductas han llevado a aumentar la expectativa y calidad de vida en la población y han contribuido a disponer de un mejor cuerpo, lo que por ende lo habilita a poseer un cerebro mejor irrigado. Pero, ¿qué hay de nuestra mente?, ¿qué de las más apreciadas funciones inherentes al órgano más acabado de la evolución?: memoria, atención, concentración, juicio, pensamiento, fantasía, etc. ¿existen formas, métodos o procedimientos capaces de afrontar con posibilidades de éxito el declive de nuestras funciones más jerarquizadas? ¿Se conocen fundamentos con base científica y no simple expresión de deseos, que otorguen solidez a la idea de poder preservar aquellas actividades mentales ante el paso inevitable del tiempo? La respuesta que la ciencia médica ha ido gestando en los últimos tiempos parece tener un signo positivo. En efecto aquellas personas que han tenido y mantienen, aún en edades avanzadas, un alto grado de actividad mental estarían más protegidas contra el  compromiso cognitivo inherente a la edad y, al parecer, contarían con “reservas cognitivas” capaces de desafiar el avance del deterioro.

No existen reglas en relación a qué tipo de actividad mental debería realizar un individuo a los fines de conferirle la mencionada “reserva”. Las recomendaciones son de orden general y la profusión de “Talleres de Memoria”, en los que se practican estrategias destinadas a su ejercitación, están hoy en pleno auge. En esta introducción queremos resaltar una herramienta en particular que parece reunir los elementos necesarios capaces de potenciar todas nuestras facultades mentales: el ajedrez.

El ajedrez es un juego milenario que siempre ha llamado la atención de una manera particular a aquellos que no lo practican. A través de los tiempos ha sido considerado como un pasatiempo reservado para un grupo “especial” de personas, capaces de perder horas, días y meses de su tiempo “pensando” en variantes, posiciones, resolución de problemas, tácticas, etc. sin otra finalidad que las vicisitudes y el código del juego mismo o el interés de derrotar a algún adversario ocasional. Esta idea no deja de ser otro mito. El ajedrez es un juego que instruye a la vez que entretiene. Pero es un juego de características especiales, ha sido llamado “el juego ciencia” y, desde tiempo inmemorial mencionado como “el rey de los juegos y el juego de los reyes”, reconocimiento éste que resalta una virtud peculiar: el ajedrez no discrimina.

No hay distinción de edades, sexo, color, nacionalidad, etc. El ajedrez genera puentes tendientes a una hermandad muy particular entre las personas de un mismo país y entre diferentes regiones del planeta. El ajedrez educa al mismo tiempo que entretiene, tanto cuanto se lo practique en solitario como con un adversario ocasional o en tertulias grupales. Pero, por sobre todas las cosas, el ajedrez es un juego puramente intelectual y su práctica, sistemática y metódica, conlleva el uso de todas nuestras facultades mentales.

Como método de ejercitación en el plano de las funciones cerebrales superiores el Ajedrez, probablemente, no tenga parangón con ninguna otra actividad que pueda utilizarse para este fin. A través de su práctica se movilizan una multiplicidad de funciones y destrezas mentales, se estimular el estudio (libros, revistas, internet) de líneas y caminos para mejorar  la concepción de tácticas y estrategias; se ejercita el abordaje sistemático de diferentes problemas y se adquiere habilidad, ante la presencia de eventualidades diversas, para una correcta toma de decisiones. En suma, el ajedrez parece constituir una herramienta de primera línea, sencilla de practicar y poco costosa, en la intención de luchar contra el deterioro de las funciones cognitivas inherente al transcurso de la tercera edad.

Fuente: jaquealalzheimer.com.ar

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