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Bill Clinton y las Barras Bravas

 

Por: Orlando Buitrago Cruz.

Los eufemismos  y las palabras bien puestas, son recursos de marcada eficiencia a la hora de construir disculpas memorables, o para cuando se requiere escurrirle el bulto a una situación o responsabilidad.

Bill Clinton, por ejemplo, salvó su pellejo solo con decir que había tenido una “relación inapropiada” con la señorita Mónica Lewinsky. Por supuesto que la expresión es poco y nada descriptiva de lo que pasó realmente, y para colmo de males, es un genérico aplicable a múltiples tipos de relación.

Todos en la vida, por una u otra circunstancia hemos tenido una “relación inapropiada”, y con seguridad, no hemos gozado ni una pizca de los que gozó el viejo Bill, todo lo contrario, hasta lacrados hemos salido.

Clinton se ha mostrado como un bacán, dicharachero con ademanes de buena papa, y ha dejado muchos legados al mundo, como por ejemplo, las bases conceptuales para el diseño de escritorios multiusos, que en Colombia seguramente se darán a conocer como los CATRE-ESCRITORIOS.

A Bill también le ha encantado armar listas, y Mónica encabezó una de ellas (de los segundos renglones nada se ha podido saber, todo se quedó en chismes y especulaciones). Como diría el inolvidable maestro Lucas Caballero, KLIM, ese Bill ha sido un viejo vergajo.

La expresión “relación inapropiada” sirvió para maquillar unas interacciones complejas, seguramente incómodas, y duras de describir,  entre Bill y Mónica. De esa manera se salvaron un matrimonio, y sobre todo, un empleo, para bien de las finanzas hogareñas de los Clinton.

Pero las argucias idiomáticas, no son solo cosa de gringos, ni más faltaba que les fuésemos a echar la culpa de todo lo que pasa. Los chibchas también hacemos uso de esos recursos, incluso, con mayor frecuencia y descaro. Por estos días sonaron unas que hacía mucho rato no escuchaba: “algunos desadaptados”, “disfrazados de hinchas”.

Cada vez que sucede una acción vandálica o criminal con origen en las bajas pasiones del fútbol, se minimiza con palabrejas tales como: “unos desadaptados”, “supuestos hinchas”, “disfrazados de hinchas”, y además se enfatiza en que son unos pocos… y todos felices, listos para la siguiente calamidad…. dejamos todo reducido a una “Situación inapropiada”, al mejor estilo de Bill Clinton.

Esta semana se supo de una acción criminal que involucra a hinchas de Santa Fe y Millonarios: una mujer que apenas comenzaba su recorrido por la vida fue sacada del camino por un fanatismo demencial, producto de las aberraciones socioeconómicas de nuestro país.

El tema de las barras en Bogotá se está volviendo a calentar. La tensa calma del estadio, se está rompiendo algunos kilómetros después.

En los tres últimos clásicos he vivido situaciones preocupantes en TRANSMILENIO: hacinamiento en el bus, muchachos agresivos intimidando a la gente, coros dispares de madrazos que riman con fruta y adolorido, saltos como si estuvieran en la tribuna, y  golpes a la infraestructura del vehículo que se mece de una manera que amedranta. Los pasajeros, que en este caso podríamos llamar población civil, observan sin pronunciar palabra, porque son minoría dentro del bus que se ha llenado de hinchas, y temen que los dejen de rodillas como a Lewinsky, dado lo “inapropiado de la situación”… de remate, hinchas del bando que salió primero, esperando a los del otro, en una estación distante,

La papeleta se podría salvar, como lo hacen siempre, diciendo que son “unos pocos desadaptados”, pero no señores, son muchos, seguramente si desadaptados o disfrazados, pero están ahí, en el mundo del fútbol, forman parte de su esencia y de su decorado.

En situación similar a la que describí de TRANSMILENIO, murió Diana Constanza Quintero Coba al ser arrojada de una buseta (doloroso e injusto episodio que amerita algo más que comunicados). Escenas de este tipo se repiten con frecuencia, no estamos muy distantes de una tragedia en un BUS ARTÍCULADO, a menos que se tomen medidas a tiempo.

Cuando hay fútbol, y más aún cuando se trata de clásicos, la frecuencia de los buses debería ser mayor, impedir el hacinamiento y agilizar la movilidad. Las demoras de los buses permiten que se conformen grupos.

Cuidado con el tema de las banderas, los muchachos andan enfrascados en discusiones estúpidas acerca del origen financiero de las mismas, de cuál es más larga, de cuál es más bonita, de cómo se hizo, y por ese temita se está calentando el ambiente.

Parecería poco conveniente que se programen dos clásicos consecutivos, la semana no da tiempo para el cierre de las heridas del primer perdedor, y algunos periodistas se encargan de atizar el asunto diciéndoles a los jugadores de Millonarios lo que dijeron los de Santa Fe, y pidiéndole opiniones al respecto.

Las denominadas barras bravas son un problema social que se traslada al mundo del fútbol y no lo podemos tapar con eufemismos, seguramente el estadio es terreno controlado, pero otros puntos de la ciudad no. ¿A las cuántas calamidades volveremos a darle importancia al tema? La que se acaba de presentar debería ser suficiente para retomar la trascendencia de la problemática.

Los del fútbol poco podemos hacer para aportar una solución contundente, pero podemos colaborar un poquito, si no le ponemos morbo al clásico… el morbo se lo podemos dejar a Mónica, a Bill, y a sus “situaciones inapropiadas”.

 

Orlandobuitrago10@yahoo.es

 

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