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Columna Impublicable: Pékerman, el mago.

Por Wilfrido Franco

Mi padre es un sabio. De reflexiones precisas y de pocos comentarios, pero en su mayoría, acertados. Algún tiempo atrás afirmó: “A la selección solo la salva un técnico extranjero que no tenga compromisos con nadie, que no se rija por regionalismos o por empresarios. Aquí hay jugadores, pero no hay quien los dirija. Las roscas que evidentemente existen, están acabando con la selección”. Se aproximaba mucho a lo que acontecía en los tiempos de Eduardo Lara, “Bolillo” Gómez y el mismo Leonel Álvarez, que llegó como bombero a apagar un incendio que en dos partidos se le salió de las manos y aumentó la conflagración.

Leonel solo fue culpable de apresuramiento. El empate ante Venezuela y la derrota frente a Argentina, ambos juegos en casa, apearon a Leonel del equipo patrio. La alternativa fue Gerardo Martino, ahora técnico de Newells Old Boys, pero el ex técnico de Paraguay, quería estar en su tierra y por designios superiores, no llegó a la tricolor. La cuestión encausó el rumbo de una selección Colombia que mostró trazos de su buen accionar en la Copa América de Argentina, pero tras el penal que erró Falcao García ante Perú, ahora ídolo de la mayoría, terminamos con el rabo entre las patas y con un técnico como Gómez, cercado por la indecencia y los malos hábitos.

El nombre de José Pékerman, ex jugador del Independiente Medellín, apareció y fue un acierto total de Luis Bedoya, que ha dado pasos de gigante en la consecución de dinero y patrocinadores, pero que en su gestión deportiva había ido de palo en palo, como los ciegos que no saben caminar nuevos senderos. Llegó Pékerman y a pesar de ganar en Lima, ahora plaza complicada para todos, empezó la mala atmosfera acrecentada aún más por la derrota en Quito (la única en diez partidos dirigidos por Pékerman) donde ciertamente se jugó mal, pero Ecuador no fue superior a los nuestros y a Colombia le quitaron un penal o un tanto legítimo, que finalmente incidió en el marcador. Aglomerando talento, buscando la fórmula, sin estar atado a un empresario o un directivo, sin roscas, ni regionalismos, sin favorecimientos o pago de favores, “Don José” como lo llaman sus detractores, fue haciendo una familia por encima de un equipo. Le bajo el volumen al ego de algunos, encontró fórmulas de juego, dejó atrás las viejas recetas añejas y puso a jugar a la selección un fútbol vertical donde los arcos están en el norte y en el sur, y no imaginariamente en oriente y occidente.  Pékerman nos ganó una partida a todos con una carta que parecía “gastada” y encontró un conductor perfecto para este bus de la victoria.

En Cali ya había mostrado trazos de su fútbol contundente; pero en Barranquilla ante Bolivia, Macnelly Torres fue la expresión exacta del diez que nunca ha desaparecido, como lo quieren hacer ver algunos “adelantados” del fútbol. Jugando rápido, lento o con freno de mano, el volante creativo existe en cualquier equipo, lo que cambian definitivamente son las transiciones de defensa a ataque. Unos las hacen a mayor velocidad, otros lentamente; pero ahí siempre estará el creativo para dar el pase preciso, aún en selecciones del vértigo de una Italia (está Pirlo) o de una Alemania (está Özil). En Colombia, Pékerman le fue pleno a la carta de Macnelly, mientras las “Vacas Sagradas” del periodismo se rasgaban las vestiduras porque no convocaban a la “porcelana” de Giovanni Hernández, un tipo con mucha técnica, pero sin sangre, para trascender en el fútbol internacional.

Macnelly,  el menos indicado, el de mayor resistencia, ahora fue la figura del 5-0 ante Bolivia, de un seleccionado que bajo el mando del maestro Pékerman, encontró el horizonte y está a muy poco (seis puntos tal vez), de llegar por quinta vez a un mundial. Ojalá, no para ser un simple participante como en anteriores oportunidades, sino un protagonista de primer orden en Brasil 2014 porque los jugadores parecen comprometidos con la causa, y “El Mago, Pékerman”, un técnico extranjero, despojado de roscas, regionalismos y favores empresariales, encontró la horma del zapato. Razón total tenía mi padre.

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