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Cómo saber quién nos miente

Casi todos mentimos, incluso las personas más sinceras lo hacen alguna que otra vez aunque sea en cosas tan simples como cuando dicen no haber leído un email o inventan excusas por llegar tarde. Eso también es mentir.

 

Una investigación realizada en la Universidad de Los Ángeles demostró que: 

El éxito de una mentira alimenta la repetición de seguir mintiendo, cada vez en asuntos más delicados. 

Cuanto más se miente es más difícil descubrir al mentiroso. Cuando quien oculta la verdad comprueba que su estrategia es válida, actúa con más seguridad y reduce las señales externas de nerviosismo. Cada vez será más difícil pillarlo. 

El acto de mentir se imita fácilmente. Muchos mienten ante hijos, amigos… Sin pudor. Ver mentir a otros puede llevarnos a pensar en momentos de debilidad: “¿Por qué no lo hago yo también?” El engaño es muy contaminante.  

Mentir puede generar daños importantes en quienes son engañados. El más grave es la indefensión ya que no se puede evitar ni actuar sobre aquello que se desconoce. Y si quien nos engaña es alguien en quien se confía, se admira o se quiere, la mentira genera decepción, desconfianza, pérdida de referentes… 

Son muchos los motivos para evitar que se propague la nociva cultura del engaño, pero ¿cómo conseguirlo? Los expertos coinciden: en la prevención está la clave. Y en ella es fundamental la educación y sobre todo el ejemplo.  

¡Pero cómo detectar a quienes mienten? Muchos estudios han ofrecido pistas eficaces. Algunas de ellas son: 

Los mentirosos suelen estar a la defensiva y es fácil que se resistan a colaborar. Las personas sinceras suelen estar dispuestas a dar explicaciones.
Los que mienten suelen controlar mucho la expresión de su rostro. Sonríen pero sin emoción. Los sinceros muestran una expresión facial normalizada.
También suelen evitar sentarse frente a quien interroga. En general se sitúan de lado y cruzan brazos y piernas. Los que dicen la verdad no dudan en ponerse de frente.
Quienes mienten controlan mucho los movimientos de las manos, pero mueven el resto del cuerpo. A veces agudizan la voz, respiran profundamente o suspiran. Los sinceros enfatizan y mueven las manos al ritmo del discurso. Sus reacciones fisiológicas se muestran naturales. 

Quienes mienten suelen emplear palabras imprecisas para distanciarse emocionalmente de los hechos.

También suelen dar respuestas evasivas, piden que se repita la pregunta o incrementan las pausas para pensar las respuestas. Los que dicen la verdad suelen responder directamente y sin pausas.

 

 

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