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Cuento de Fútbol / La de palo

Por: Daniel Lagares

En el libro: Pelotas chicas, pelotas grandes


-Che, ¿qué te dijo el tordo?

-Que tenés gangrena, Tito.

-¿Y eso qué es?

-Que te van a cortar la pierna, Tito.

Creyó que era el final. Que los azulejos blancos de la enorme sala del hospital se le venían encima irremediablemente. Que el murmullo de las visitas era el coro de ángeles anunciando su inminente ingreso en el reino de los cielos. Creyó que estaba en tiempo de descuento, que perdía y que el referí ya tenía el pito en la boca. Se le venía la noche a Oscar Bruno, Tito para todos. Sin embargo, le quedó un resto mínimo de valentía, un hilito de voz para preguntarle a Felisa:

-¿Y me voy a morir?

-Si te cuidás, no. Si después de la operación dejás el vino y el cigarrillo, no. Así que m’hijito, ya sabés…

Respiró aliviado. Le quedaba el tercer partido. Todavía no era tiempo de colgar definitivamente los botines. Iba a vivir. Entonces le sonrió a Felisa, casi irónico, casi diciéndole “de mí no te vas a salvar así nomás, guacha” y se dio vuelta en la cama mirando siempre a la mesita de luz tenía la botella de Villavicencio casi llena, la Spica apagada pero con el dial clavado en Rivadavia, por las dudas, varios ejemplares arrugados de El Tony y un paquete de caramelos.

Felisa seguía entusiasmada con la Radiolandia y en ofrecerse en cada sonrisa cada vez que pasaba ese médico joven y pintón. Tito se dio vuelta, prefirió quedarse solo en aquella sala colmada de apestosos y parientes cargosos. Quiso un rato para él, para adentro Y no le quedó más remedio que pensar. Y recordar.

Está bien-se dijo- me la banco. Después de todo, voy a seguir viviendo. Eso sí, no voy a dar lástima. Si vienen esos de Canal 9 para que les llore arriba del micrófono, los saco cagando, ¿qué se creen?. Un ídolo del fútbol de antaño sin una pierna, doloroso trance de ex futbolista, se imaginó diciendo al flaco ése del noticiero y se le revolvieron las tripas. ¡Eso no!.

De mí se van a acordar por otras cosas, qué se creen. Yo fui uno de los grandes, pero grandes de verdad. A ver, ¿cuántos wines-wines había en mi época? Y wines izquierdos peor. ¿Quién debutó en primera a los 15 años, eh?, ¿y quién se mantuvo de titular veinte años?… ¿qué otro wing hizo bailar a los ingleses en Wembley como yo? ¿y quién les hizo pelar el culito contra la raya a todos los marcadores uruguayos como yo en la Copa?… a ver, que me digan. O se van a olvidar ahora de aquellas notas que me hacía Adrizzone en El Gráfico. Eso que ponía Juvenal: “Oscar Tito Bruno es capaz de jugar todo el partido sobre la línea de cal y con una sola pierna, Con esa zurda maravillosa que enloqueció a los europeos en la última gira de la selección nacional”… ¿Y que tal?… los mataba, por Dios.

Qué giles, qué giles fueron todos los que me marcaban. Siempre les hacía la misma. La de Garrincha, pero del otro lado Amagaba ir para adentro y ¡fa!… por afuera hasta el fondo y centro… si, está bien, hice pocos goles. Pero si encima hiciera goles hubiera sido Pelé jugando de “11”. Por eso no me llevaron los tanos de la Sampdoria. Querían un “ariete”. Je… un ariete, qué saben estos tanos. Se Llevaron al Gordito Pairone y lo regalaron al Pescara a los dos meses. Y encima se fueron al descenso. Que se jodan los tanos. Igual a los gallegos. Querían un jugador de toda la cancha, como Di Stefano hubo uno solo. Yo hacia lo mio: Zurdita, amague, fondo, centro y gol del “9”.

En aquella época hubiéramos ganado todas las copas de Europa jugando así. Pero no. Ellos querían un jugador de toda la cancha. Y yo en la raya siempre. Después de todo, hice bien. ¿Qué tenía que ir a Sampdoria o al Real Madrid? Ni River, ni Boca… yo la hice bien. Veinte años de titular en el mismo equipo no lo hicieron muchos. Está bien, cuadro chico. De mitad de tabla para abajo, pero nunca peleando el descenso. Sí, yo tuve todo. Gané alguna guita, tuve autito y por suerte pude comprar el bulín para mí y la Felisa. En el club me querían. Era ídolo de los pibes. Me acuerdo que se hacían la rabona al colegio para ir a verme a los entrenamientos. “ahí viene el Tito”, “Grande, Zurdo”, gritaban. Y yo meta firmar autógrafos.

Hasta las minas del barrio iban a los entrenamientos. Más de un lío tuve con la Felisa. Tenía mi facha. Joven, ganador, ídolo… me voltié a màs de una, hasta a la hija del presidente del club. Qué se yo, a lo mejor fue por eso que empezaron con los cuentos y todas esas mentiras. Que el Tito está terminado, que no es el de antes, ya no corre, no tiene pique. El Zurdo es un borracho. ¿y todo por qué? Porque me quedaba a tomar un vermucito en el bufet después de las prácticas.

Ellos me terminaron, ellos me destrozaron. Seguro, así me pagaron. Y un día me dejaron libre. Yo Tito Bruno, el de la zurda que enloqueció a los europeos en la última gira de la selección nacional, libre. Sin club, sin poder jugar, sin amague, fondo, centro y gol del 9.

Ma sí… a la final hice bien. Largué todo y listo. Después sí, que me dijeran borracho. Total ya no tenía que jugar. Era un ex jugador. Nadie me hacía más notas. Nadie podía escribir en El Gráfico que “Tito Bruno es el mejor, uno de los más grandes wines de la historia. Con una sola pierna, esa zurda maravillosa porque la otra es de palo, le alcanza para enloquecer a las defensas rivales…”

Y los recuerdos se le juntaron. Todos de golpe. Goles, gambetas, caños, sombreros, clásicos a cancha llena, finales, giras, Wembley, el Bernabeu, el San Siro, concentraciones, pretemporadas, la radio, la tevé, El Gráfico, Muñoz, viajes, aviones, las minas, autógrafos, la fama, la gloria, ¡grande Tito! ¡Maestro!, ¡jugá con las dos piernas porque con la zurda es afano!… todo de golpe, de repente.

Hasta creyó que era sólo eso, una inmensa pierna izquierda, musculosa, hábil, fuerte. Que no tenía ni cerebro ni corazón, que todo en la vida lo había hecho con esa zurda que enloqueció a los europeos. Y se sintió sudoroso, agitado, con la respiración a cien por hora. Y se dio vuelta de un salto en la cama del hospital. Buscó con la mirada a la Felisa que le sonreía al médico joven y pintón. Y por fin se animó y le preguntó:

– Che, Felisa…

-¿Qué querés Tito?

-¿Qué pierna me van a cortar?

-La derecha.

– Menos mal.

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