Columna LÍDEROtros

Cuestión de mentalidad

Impublicable.

Por: Wilfrido Franco García.

La gente versada sobre asuntos varios, es como una enciclopedia. Hay genios en diversos campos. Era como oír a maestros de la Universidad del Valle, como Jesús Martín Barbero o Estanislao Zuleta. Cada frase de ellos, se convertía en una cátedra de vida. Tanto conocimiento en una sola persona, obnubila.

Recientemente, Juan Carlos Osorio, volvió a poner el dedo en la llaga respecto al futbolista nuestro: el de la tierrita, el nuestro, el colombiano. El jugador de acá, tan dado a decepcionar y a morirse de hambre con la nevera llena. De ese, dijo Osorio con total acierto: “A veces el jugador colombiano es capaz de quedarse estacionado en un punto, de subirlo un poco, pero no llega a la cima. Y luego, en vez de progresar, vuelve a bajar”. Serio razonamiento por el cual tantas veces todo termina oculto en la frase: “Nos faltó cinco centavos para el peso”. O “No tenemos esa pizca de suerte que se necesita” o “se quemó el pan, en la puerta del horno”.

Frases diversas que terminan por reflejar el desconcierto de torneos perdidos, de copas tiradas a la basura, de goles desperdiciados y de la gloria escondida en la ineptitud de unos y otros. Es esa falta de voluntad, esa inconsistencia burda y plana, esa falta de fortaleza mental o de consolidar una fe inquebrantable que termine por endurecer nuestro carácter en pos de la gloria y el triunfo, es lo que finalmente hace la diferencia en contra nuestra. La frase de Juan Carlos Osorio lo refleja de cabo a rabo. Hemos perdido tanta gloria, tanto brillo y tantos trofeos por ser débiles de carácter. Y entonces, llegamos a conclusiones exactas como la del técnico risaraldense. Con él, alguna vez, tocábamos el tema de la falta de finalización del futbolista colombiano que se cansa de crear y crear opciones, pero lamentablemente pierde los partidos por falta de concretar en el arco rival.

“Una opción desperdiciada, es un gol en contra”, reza otra de las repetidas frases del ABC futbolero. Razones de peso, hay ahí con total acierto. Decía Osorio respecto a ello: “que para tratar las deficiencias de los delanteros colombianos, mejoradas en el momento por algunos créditos nuestros en el exterior, habría que hacer un estudio pormenorizado que nos llevaría a varios tomos. Son tantas condiciones sociales, técnicas, psíquicas y del juego mismo, que reflejan ese temor a la gloria del gol, que habría que inventar una materia especializada en el asunto específico”.

Todo ello, me recuerda, que alguien me preguntó recientemente hasta dónde llegará Colombia en el mundial de Brasil. Y de verdad, que la cuestión no pasa tanto por los rivales, los estadios, la organización, el frío o el calor, los hinchas o hasta los arbitrajes. Pasa más por la mentalidad nuestra, frágil y tibia; desconcertante. Al fin y al cabo, los rivales son jugadores en idénticas condiciones físicas: dos piernas, dos manos, un cerebro, dos ojos y dos oídos. Todos respiran y corren. El asunto entonces, pasa más por el convencimiento y es ahí donde somos débiles; y se trabaja poco o mal. No tenemos carácter, ni fortaleza. A veces ni fe. Somos flojos y agrandamos al rival, cuando es mucho menos o lo vemos inferior, cuando está en nuestra línea de competencia.

Definitivamente no será la lesión de Falcao y su aparente ausencia, ni las divagaciones defensivas de un equipo descompuesto atrás, ni las dudas de sus arqueros, ni la soledad por pasajes del talentoso James; ni los goles que nos hacen falta siempre. No. La cuestión pasará por el cerebro. A veces, en los futbolistas colombianos, tan poco desarrollado e imperfectamente utilizado.

P. D.

Bayern teniendo el balón, pero en su propio terreno, jugando fútbol de sueño y pesadilla, va un gol abajo del Real Madrid. Guardiola endeudado hasta la médula y a punto de tirar por la borda todo el rascacielos que había edificado Jupp Heynckes. ¡Qué tristeza!.

Es verdad que en Colombia, cualquiera le gana a cualquiera. Pero la obligación la tienen Nacional, Millonarios y Santa Fe.

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