Columna LÍDEROtros

Definitivamente, James

Por Wilfrido Franco García.

Le cometieron los dos penales que resolvieron el asunto. Primero Francisco Silva lo haló de la camiseta y luego, el arquero Claudio Bravo lo derribó en plena área. Aunque los cronistas argentinos, acomodados como un flan, aseguraron que faltaba la sangre para determinar el primer penal. Finalmente, fueron dos penales que confirmaron su trabajo de albañil, de orfebre, de artesano, mientras el otro, porque marcó los penales que le cometieron, le robaba la gloria, que él se merecía más que nadie.

James Rodríguez, cucuteño, 22 años y toda una vida de experiencias y glorias por delante, fue sin duda la figura excluyente de la selección Colombia que luego de tres fracasos consecutivos, escribió con letras doradas que “no hay quinto malo”, por aquello de la clasificación.  Sufriendo mucho más de la cuenta y con un 0-3 inesperado que inclusive, rebosaba todas las expectativas de chilenos y colombianos, Colombia sacó el empate de guapo, de bravo y de emociones incontrolables, pero su fútbol sigue dejando mucho que desear. La clasificación al mundial se certificó con un 3-3 inaudito, pero que puso por enésima vez en evidencia a una zona defensiva totalmente vulnerable y a un medio campo que tiene severas falencias en la marca.

Cuando las aciagas horas del 0-3 en contra, caían como rayos de una tormenta negra, solamente la clase y distinción de James Rodríguez emergía como la única luz en el oscuro túnel, mientras los Stefan Medina, crío muerto de miedo para estos retos; Abel Aguilar, Carlos Sánchez y Mario Yepes eran a penas figuras decorativas en medio de una película de horror. Entonces, allí en la debacle, se supo quién era quién  y James fue tal vez el único “muñeco” que se salvaba de la balacera inclemente dispuesta por los cañones australes.

Ya cuando el segundo tiempo entregó nuevos bríos y dictó nuevas historias, fue James Rodríguez (¿Quién más podría ser?) quien se echó el equipo al hombro, dictando clases de ductilidad e ingenio, que solamente los duendes elegidos y enganchados a las leyendas, son capaces de escribir. Por derecha, por el centro, por izquierda, con su zurda mágica, junto a Macnelly y con el apoyo de los 45.000 espectadores del enorme “Metropolitano”, fue otra vez James Rodríguez la verdadera estrella del firmamento nacional.

Todos miran a quienes marcan los goles. Todos buscan el marketing y la moda de los consentidos de la publicidad. Todos creen que las figuras de los partidos son aquellos que marcan los goles. Pero muy lejos, demasiado lejos, está James Rodríguez del resto de sus compañeros en cuanto a rendimiento. Es hoy por hoy, el mejor jugador de fútbol colombiano y con 22 años está llamado a escribir una historia de leyenda el próximo mundial donde su fútbol será la guía del seleccionado tricolor. Es la verdadera joya de la corona. El jugador para mostrar.

Si tuviéramos más James, con su técnica, su expresión, su hombría, su enjundia y su perseverancia, seríamos de verdad favoritos, pero como estamos llenos de problemas defensivos, de limitaciones de juego y nos creemos mejores que todo el mundo, iremos a Brasil por cumplir. Lo cual siempre ha sido así. Pékerman tendrá demasiado trabajo para ordenar ese jeroglífico que es la zona defensiva posterior y la marca del medio campo. Ni Medina, ni Aguilar, ni Sánchez, pueden con la responsabilidad de jugar un mundial con el nivel que muestran. Yepes está en sus horas aciagas y hasta le perdonaron la merecida expulsión; antes no pegaba nunca, ahora sin distancia, se salva de las rojas. Armero y Zúñiga son laterales, no marcadores y Amaranto se bate como un león solitario, en medio de las enormes limitaciones defensivas de un equipo agrietado. Definitivamente en un equipo de vaivenes, JAMES RODRÍGUEZ. El mejor, el gran futbolistas de las épocas actuales en Colombia. Un verdadero monstruo.

wilfridof48@gmail.com 

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