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Diario de un Técnico

Por: Mauricio Cabrera.

Domingo 6 de septiembre. Nada novedoso ocurrió este día. Volvimos a perder y los periodistas insisten en que no estoy capacitado para dirigir a un equipo de la Primera División profesional. Tal parece que ya se les olvidó que ellos fueron los que alabaron mi nombramiento como timonel al haber sido un símbolo del equipo al que ahora dirijo. Me da risa recordar que me consideraban como “un hombre preparado y con el carácter requerido para triunfar en la dirección técnica”. No cabe duda de que la memoria es flaca; les basta con cuatro derrotas consecutivas para asegurar que la dirigencia se equivocó al confiar en mi y que mi debut como estratega en el máximo circuito se dio de manera prematura y poco acertada. Pobrecillos de estos personajes, se sienten dueños de la verdad absoluta y redactan sus artículos con base en lo que les conviene, dejando de lado el juicio que ellos mismos defendieron con anterioridad.

Pese al incesante acoso de los medios de comunicación, me siento tranquilo porque el presidente bajó a los vestidores al finalizar el partido y me reafirmó su confianza en que las cosas cambiarán de rumbo y que lo que estamos viviendo no es más que un proceso de adaptación al sistema táctico que estoy imponiendo. Yo también lo creo. El equipo muestra mayor coordinación, los jugadores saben qué hacer con la pelota y solo nos ha faltado fortuna a la hora de concretar. Lástima que Valdez no ha podido ser tan contundente como acostumbra. Hable con él y me comentó que no sabe lo que le pasa, pero que tarde o temprano saldrá del bache en el que está inmerso. Espero que así sea, porque la situación empieza a ponerse difícil.

Al llegar a casa preferí encerrarme en mi estudio y evitar ver la televisión, pues ya estoy harto de que en todos los programas se haga mención del “pésimo” papel que estoy realizando. Aunque debo reconocer que, de acuerdo a los resultados, razón no les falta.

Lunes 7 de septiembre. El día transcurrió sin mayores contratiempos. Mientras que decidí otorgarles descanso a mis jugadores y permitirles pasar tiempo con su familia, yo me dediqué a observar videos del partido y a sacar algunas conclusiones. En definitiva, Moreno requiere mayor carácter para ser el líder que necesitamos en la zaga central; Pineda tiene que ser menos desidioso y comprender que su amplia trayectoria no le garantiza el éxito. Espero que con el baile que le dio Bermúdez le sea suficiente para cambiar de actitud. De lo contrario, tendré que tomar la decisión de enviarlo al banquillo y darle la oportunidad a uno de los tantos jóvenes de nuestras fuerzas básicas. Seguramente Castro me dirá que voltee a la banca, pero sé que no daría resultado, pues durante la pretemporada lo intentamos y lo único que obtuvimos fueron derrotas.

Desconozco la razón, pero hay ocasiones en las que quisiera regresar en el tiempo y volver a ser el ídolo de la afición, el jugador al que todos los medios quieren entrevistar, el futbolista al que le ensalzan sus virtudes al grado de hacerlo parecer un ser extraordinario. No niego que en el presente también me buscan. La diferencia radica en que ahora lo hacen para preguntarme sobre mi próximo cese o para conseguir mi renuncia anticipada y así tener la exclusiva.

Martes 8 de septiembre. El trabajo fue sumamente productivo. Noté a los muchachos con ganas de salir adelante. Se brindaron al máximo en cada uno de los ejercicios que se les ordenaron. A Moreno lo observé avergonzado consigo mismo. Lo llamé aparte, le pedí que no se diera por vencido y le comenté que es precisamente en los momentos adversos cuando los grandes salen adelante y demuestran sus virtudes. Mis palabras no parecieron motivarlo demasiado, sin embargo, cambió de expresión y estuvo más concentrado en su labor. Al finalizar el entrenamiento, les solicité a los integrantes del sector ofensivo que practicarán tiros de media y larga distancia. Me dio coraje ver que Valdez y Rodríguez vencían a Mendoza con una facilidad increíble, poniendo la pelota justo en el ángulo y dando cátedra de su capacidad. Si hicieran eso en los compromisos oficiales estaríamos hablando de otra realidad. Pero los futbolistas son así: tan impredecibles como contradictorios. Y no los puedo culpar, yo también llegue a actuar de esa forma en mis inicios. Sorprendía en las prácticas y desilusionaba en los partidos.

Por la tarde, sostuve una plática con mis asistentes para planear la estrategia a seguir en el cotejo del sábado. Mientras se efectuaba esta reunión, dejé a los jugadores a cargo de Martínez, quien tenía ideada una fuerte sesión física. Lo conozco y sé que es demasiado exigente, pero lo permito porque es un hombre profesional, que conoce los terrenos que pisa y que hace todo por el bienestar de nuestros elementos. En este renglón no puedo tener queja alguna. Así que mejor me pongo a pensar en lo futbolístico.

Miércoles 9 de septiembre. Los avances son evidentes. Estoy convencido de que el trabajo táctico y estratégico ha sido bien asimilado por los jugadores. La tensión que alcanzaba a percibir en algunos de ellos a la hora de recibir instrucciones ha cambiado por expresiones de confianza y creencia en lo que estamos realizando. Para un técnico no hay nada más gratificante que el sentir a sus pupilos con el compromiso de responderle, siempre y cuando dicho compromiso se encuentre basado en la convicción y no en la autoridad impuesta desde el escalón más alto de la directiva. Me siento optimista y sé que este fin de semana podemos lograr la victoria que tanto necesitamos para aligerar la presión en nuestra contra y para poder trabajar con mayor tranquilidad. Si la maldita prensa supiera entender la importancia de laborar en un ambiente de calma e intimidad no estaría jodiendo a diario con las mismas preguntas ni recibiendo las mismas respuestas. A veces me pregunto de dónde quieren conseguir la nota de ocho columnas si son tan poco pensantes que sus entrevistas ya nos las sabemos de memoria. Al menos eso facilita nuestra labor, pero me agradaría poder evitar esa rutina y tener más tiempo para explicarle a mi equipo el porqué jugaremos con tres centrales el sábado y no con dos, como habitualmente lo veníamos haciendo.

Se supone que en mi diario solo relato aspectos concernientes a mi labor profesional, sin embargo, no puedo dejar de recordarme que tengo vida personal y que mi familia espera pacientemente a que llegue para cenar juntos. Aunque nunca se los he dicho, espero que sepan que es el instante que más valoro en mi vida y que si me hicieran falta nada tendría sentido, ni siquiera el futbol.

Jueves 10 de septiembre.  La conformación del once titular para el enfrentamiento del sábado quedo plenamente realizada. Decidí no darla a conocer ni a la prensa ni a los propios jugadores, para que se mantengan a la expectativa y sientan deseos de que llegue el momento de jugar contra nuestro siguiente rival. Pese a los malos resultados, el equipo sabe que puede enmendar el camino y que no hay nada más efectivo para curar las enfermedades que nos aquejan que el trabajo diario. Soy un convencido de que este jueguito llamado futbol se comienza a ganar desde los entrenamientos y que lo que se ve sobre la cancha no es sino el reflejo de la seriedad con la que se laboró entre semana.

En el interescuadras, disputado entre los supuestos titulares y los suplentes, los primeros vencieron a los segundos por cinco goles a tres. El partido fue un verdadero desastre. Valdez desempeñándose como arquero es un simple adorno; Mendoza en el ataque sueña con ser Higuita, pero apenas y alcanza a lanzar un disparo certero; Rodríguez como defensa es un buen delantero, pues siempre que quería despejar la pelota terminaba por generar peligro en su propia puerta, siendo la burla constante de sus compañeros. La cascarita cumplió con su cometido: relajó al conjunto y lo llevó a ver la rutina como una actividad que también se puede disfrutar, algo sumamente valioso para personas que, con el paso del tiempo, llegan a identificar al juego como una rutina y se olvidan de su esencia.

Viernes 11 de septiembre. El viaje que nos trajo a Guadalajara fue tranquilo y benéfico. Durante el trayecto, dialogué con mi cuerpo técnico. Martínez me ratificó que todos están en excelentes condiciones y que por ese lado puedo estar tranquilo. Castro terminó de anotar sus observaciones sobre el rival y me hizo dos apreciaciones sobre la forma en la que debemos atacar: recurrir a la velocidad de nuestros extremos y aprovechar que su contención está ligeramente tocado por una patada recibida el fin de semana anterior. Aproveche el vuelo para conocer a mis jugadores. Balbuena jugaba con su computadora portátil y parecía que nada le importaba, ni siquiera los ronquidos de Méndez, que hubieran impacientado a cualquiera. Pineda, como siempre, tenía cara de pocos amigos y se limitaba a mirar hacia el exterior.

En ocasiones, me resulta lamentable el darme cuenta de que las constantes ocupaciones de un estratega a nivel profesional no le permiten ser parte integral de la vida de sus dirigidos. Si pudiera conocer las razones por las que un futbolista se comporta de tal o cual forma podría adoptar mecanismos personalizados y aplicarlos de acuerdo al perfil de cada uno de los pupilos. Por ahora, y con el importantísimo duelo que tenemos en puerta, basta ya de escribir sobre lamentaciones.

Arribamos al hotel a las seis de la tarde. Di la indicación de que bajaran a cenar dos horas más adelante, tiempo en el que mis asistentes y yo preparamos lo concerniente a la sesión de video, misma que se realizaría al finalizar la degustación de alimentos. Todos estuvieron puntuales en el restaurante. La comida no fue nada especial, pero era suficiente para saciar el hambre y concentrarnos en lo realmente importante. Durante noventa minutos analizamos a profundidad los movimientos del contrincante e hice énfasis en aquellos puntos que consideraba primordiales para lograr vencer a un equipo que estaba invicto como local.

Me llama la atención que mi vasta experiencia en el balompié no sea motivo suficiente para olvidar la tensión del día previo a una contienda. Probablemente esta sea la razón de que sea precisamente hoy cuando mi diario es un poco más preciso y hasta cierto punto aburrido. Tengo plena certeza de que si mañana leo lo que escribí me voy a preguntar el porqué hice mención de aspectos de interés menor. Siempre me sucede lo mismo…

Sábado 12 de septiembre. Hay quien dice que en la victoria se olvidan las penas y los problemas, que los triunfos saben a gloria y que nada importa cuando se es vencedor. Nada tan falso como lo anterior. Mi equipo obtuvo la victoria con gol de último minuto. Tengo la jugada tatuada en la mente: Rodríguez entra correctamente por la banda derecha, se quita a dos defensores, enfila a línea de fondo y saca la diagonal de la muerte, misma que es bien aprovechada por Valdez, que, de esta forma, termina con su ayuno de goles y sella nuestros tres primeros puntos de la temporada. La alegría en el rostro de mis jugadores y en el interior de mi persona era evidente. Acababa de conseguir el triunfo inicial de mi carrera como director técnico y estaba seguro de que era el principio de algo grande en compañía del club al que tanto he amado.

Mi seguridad se desvaneció más rápido de lo esperado. El mismo presidente que me había asegurado amor eterno y lealtad entró a los vestidores, me miró con mirada seria, cometió el cinismo de felicitarme por la obtención del triunfo y, como si fuera cualquier cosa, me anunció que ese había sido mi último cotejo como timonel de la institución a la que le entregué mas de veinte años de vida. Este día quedará grabado en mi memoria. Espero seguir escribiendo un libro personal con contenido futbolístico, pero jamás volverá a ser tan gratificante como cuando esa historia estaba ligada a los colores que llevo impresos sobre la piel.

Fuente: ficticia.com

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