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El “agrande” argentino

Por: Rafael Villegas.

Twitter: @lidervillegas

Argentina vuelve a ser finalista de un Mundial por  algo más que su peso específico. Ese plus que para ellos representa la historia de su pasado, ese espejo de dos títulos ganados en cuatro finales jugadas en donde los jóvenes de esta selección seguramente se ven reflejados. Sí, porque no de otra manera se entiende que este equipo, que no ha jugado bien, llegue a la instancia definitiva.

Argentina es un país de inmigrantes que lleva en su sangre los  genes de la lucha, el sacrificio y el aguante de hombres que por razones de supervivencia llegaron  para anclarse en el sur del continente buscando alguna oportunidad a sus desdichas europeas. Cuando se camina desprevenidamente por el centro de Buenos Aires se cree estar atravesando alguna capital europea del siglo anterior. Los apellidos de las familias argentinas son una mezcla de español, italiano, francés, ruso o cualquier otra etnia. Su guía telefónica parece más el directorio de apellidos del mundo impresos con sus direcciones en un enorme texto de estudio.

Esa herencia genética es lo que aflora cuando jugando al fútbol las cosas no salen bien. Ganar con buenos jugadores es casi normal y se convierte en una obligación. Pero ganar con jugadores limitados que solo esperan el milagro de su crack necesariamente debe tener otro ingrediente.

El plus de Argentina es su temperamento, esa convicción de salir adelante por encima de las dificultades, ese “agrande” que tanto nos molesta al resto y que a ellos les resbala,  en su psicología de triunfo  no cabe la humildad, ni la falsa modestia.

En la semifinal de Brasil 2014, los  “ches” hicieron uso de su historia y revivieron sus ídolos de antaño para “fabricar” sus ídolos del presente.  Sergio Romero se disfrazó de Goycochea y como este, en el Mundial de Italia 90, detuvo dos penas máximas para darles la ventaja y así ganar otra clasificación a una final.  Maxi Rodríguez, suplente en este equipo, le dio de nuevo una clasificación a los “gauchos”, como en aquel 2006 cuando un golazo suyo los metió en cuartos de final en el campeonato Mundial de Alemania.  La historia pesa pero no por la historia misma sino por las lecciones de vida que da, por lo que representa desde lo emocional a quienes la conocen y respetan.

A pesar de haber realizado su mejor partido frente a Holanda,  Argentina llega a la final sin convencer.  Acaudillados por Javier  Mascherano  un pequeño soldado de la mitad del campo que se trasforma en un Napoleón en guerra cuando viste los colores de su Selección, los gauchos  logran su cuarta final, algo que seguramente mucha gente no imaginó cuando los vio pasar trabajos frente a Bosnia o la desconocida Irán  y luego en instancias definitivas ganar con victorias que no fueron más allá de un gol.

Su estrella Lionel Messi en este Mundial solo  ha aparecido a cuentagotas con algún pincelazo de su talento;  de resto ha sido un fantasma de lujo que nadie ve pero que infunde terror a las zagas contrarias porque todos saben de su existencia.

Seguramente Alemania tenga más fútbol para ganar este título, pero los  “teutones” deben tener claro que para vencer a la Argentina hay que tener más que eso, hay que poseer ese plus que algunos llaman categoría o jerarquía que nos es más que la huella genética de sus antepasados, la misma que ellos también tienen.

rafael.villegas@colombiasports.net

 

                                                

 

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