Columna LÍDEROpinionOtros

El ejemplo de Dayro

Una serpiente se desplaza en diagonales hasta el área. Está dispuesta a picar sin importar quién esté al frente.

Puede ser el juvenil Bonilla o el viejo Mondragón. Puede ser un rival menor o uno de los denominados grandes, de aquellos que verdaderamente no existen en la liga colombiana. Sin embargo, la serpiente no sabe de querencias o treguas. Vive para atacar y morder. Para celebrar y mostrarse en cada acción.

Amparado en su velocidad, en su condición técnica y en su precisión. En el azul, no tiene un compinche que interprete sus desplazamientos, sus leyendas y sus acciones, porque su amigo del fútbol y la vida, Wason Rentería, se escondió en las grutas del desaliño.

Dayro Mauricio Moreno Galindo es la serpiente. Va por otro “Botín de Oro”, sigue buscándolo. Debutó el domingo 27 de abril de 2003 ante el Deportivo Pasto en Manizales y fue al “Guardián de la Bahía”, Luis Fernández, del añorado Unión Magdalena, a quien le anotó su primer gol en Colombia el miércoles 3 de marzo de 2004 con la camiseta alba del Caldas, donde fue ídolo y ganó la Copa Libertadores ante el brujo xeneize.

También se llevó el Suramericano Juvenil en Colombia con la selección de Lara. Fue mundialista en Holanda 2005. Tiene los “Botines de oro” del Clausura 2007 y el Clausura 2010. Llegó a su pico alto cuando el 20 de noviembre de 2007 anotó uno de los dos tantos (el otro fue de Rubén Darío Bustos) de ruidos constantes ante Argentina en la eliminatoria a Sudáfrica. Es una alternativa válida para el mundial de Brasil. Coleccionista de trofeos y de gritos de artillero. Pólvora que quema. No para. Va sin frenos.

Es un privilegiado del destino. Con una técnica envidiable. De perfecciones absolutas y de destrezas inocultables. Jugadorazo. Pero esos privilegios de Dios y de la vida, los rifa en feria tras una jarra de lúpulo o con una copa de anís. La lucha entre el talento y la indisciplina. El fragor entre lo bueno y lo malo.

Entre los ángeles y los demonios que tiene todo ser humano. Lástima porque Dayro podría ser un gigante del mundo, no un grande en el patio de su casa. Tendría que ser cabeza de león y no cabeza de ratón. Tendría que trascender donde el fútbol hierve con elegancia: Alemania, Inglaterra o Italia. No entre equipos de desperdicios y grietas abiertas como los tales Xolos de Tijuana, Steua de Bucarest o Paranaense brasileño.

Pero su cabeza no lo deja. Puede ser buena para lucir binchas, aros o moñas, cargando su pelo brillante de caballo en galope; pero parece que no le sirve para razonar y entender que sus condiciones dan para mucho más. Pierde muchísimo dinero.

Casos y espejos de por medio en el fútbol colombiano como para reventar estanterías. Pudieron ir a más: Faustino Asprilla, Iván René Valenciano, Jhon Edison Castaño, “El Tigre” Castillo, Héctor Darío Jaramillo, Jairo Arboleda y tantos otros, desperdiciados entre lagunas cerebrales o en francachelas desenfrenadas. Lástima. Es el mundo, es la vida, es la progresión hacia el desastre, pudiendo reverdecer laureles y arroparse con la gloria en cada instante.

Dayro, el goleador del torneo colombiano, tiene los destellos de los elegidos, del Olimpo y el Parnaso, pero su cabeza nunca anduvo bien. Pudiendo ir por más, se ha conformado con su gloria…con la simple gloria casera. El gusto aquel de ir en vacaciones a Chicoral.

P. D.

Aquí no existe el juego limpio. Bucaramanga jugó con suplentes para que clasificara Jaguares de Córdoba en la B. Quindío jugó al otro día, conociendo el resultado de Neiva donde se “mataron” Huila y Cúcuta.

Hay gente que definitivamente lo único inteligente que tiene, es su celular. No entienden una lleva. No entienden ni lo que supuestamente leen. Dan pesar.

Por: Wilfrido Franco García

email
Anterior

Santa Fe, Junior y Once Caldas, los protagonistas de la fecha 16 de Liga Postobón

Siguiente

Carlos Quinchará, segundo en Copa Mundo de Guatapé