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El final del Bello Heleno

Heleno da Freitas Nació el  12 de diciembre  de 1920 in São João Nepomuceno, Brasil,

falleció en 08 de noviembre de  1959 in Barbacen.

El final del Bello Heleno

Por Andrés Salcedo.

 En San Roque, el barrio barranquillero donde crecí, los mejores partidos de fútbol se disputaban en la placita de San Mateo. Había un ingrediente de emoción adicional para jugadores y mirones: las frecuentes y súbitas visitas de la radiopatrulla. Ser futbolista callejero era un delito. Por eso era raro que se jugara un partido completo.

Aquel domingo el partido volvió a quedar trunco pero esta vez no fue la policía la causante de la desbandada. Yo estaba sentado en la acera y vi el Mercedes blanco cruzando lentamente la plaza, entre aquellos futbolistas andrajosos que miraban con la boca abierta hacia el interior del vehículo.

Ahí va Heleno, gritó alguien y como por arte de magia los futbolistas se transformaron, de perseguidos en perseguidores, detrás del lujoso automóvil, que de pronto empezó a ganar velocidad y se perdió con un chirrido por una bocacalle.

Pocos días más tarde, yo también perseguía la carnavalesca limosina del extravagante crack brasileño. Lo seguí haciendo semanas enteras y a lo máximo que llegué fue a ver, a través de las cerradas ventanillas, la mirada extraviada de un hombre de tez clara, frente surcada de arrugas y engominado pelo negro, sentado en el asiento trasero del Mercedes.

Heleno De Freitas llegó al Junior en el ocaso de su carrera. Muy atrás habían quedado sus tardes de apoteosis con el Botafogo y, en 1945, con la Selección del Brasil donde integró un ataque de miedo con Tesourinha, Zizinho, Jair y Ademir de Menezes.

Había llegado a Colombia atraído por Eldorado. Era ya un futbolista acabado y con evidentes síntomas de una enfermedad que se agravaría al paso de los años: sífilis cerebral. La misma que acabó con la vida de personajes tan disímiles como Federico Nietsche y Al Capone.

Para lograr que firmara con el Junior, el presidente del equipo, Mario Abello, debió acceder a todos los caprichos del díscolo jugador, nacido en 1920 en un pueblo de Minas Gerais.

Heleno exigió ese Mercedes blanco que nos quitaba el sueño a los de la Plaza de San Mateo, un chofer y solo dos entrenamientos a la semana. Llegó a Barranquilla acompañado de dos sujetos a quienes llamaba sus secretarios privados y se encargaban de procurarle contacto con las muchachas. En público, aquellos dos sinvergüenzas siempre lo trataron de doctor .

La historia de Heleno tuvo un epílogo triste en una clínica de Belo Horizonte. En octubre del 54 le fue retirado líquido de la médula. Se confirmó que su cuadro era irreversible.

En los primeros años en la clínica, Heleno aún mostró interés por las grandes pasiones de su vida: el fútbol y los carros. Un día se montó en el Cadillac del dueño de la clínica y lo condujo por el centro de la ciudad gritando : Soy Heleno, el rey de Colombia! .

A comienzos del 59, la decadencia física y la demencia desfiguraron el rostro del atleta más elegante de la historia. Y en la mañana del 8 de noviembre, cuando le fueron a llevar el café, lo encontraron muerto.

Los de la Plaza San Mateo nunca lo supimos. Crecimos. Seguíamos metiendo goles y rompiendo ventanas. La policía siguió llegando. Pero nunca dimos nuestro brazo de torcer.

 

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