Columna LÍDEROpinionOtros

El pipí, el popó, y nuestro torneo

Por: Orlando Buitrago Cruz.

Para alabar la inteligencia de Marie Curie, no es necesario burlarse de Natalia París, así esta crea que los que hemos comido pollo desde niños somos proclives a enamorarnos  del marido de la mejor amiga de nuestra mujer: cabe recordar que la señora París soltó una tesis que seguramente monseñor Ordoñez no escuchó, pues de lo contario sus inusitados poderes ya tendrían proscrito al pollo en Colombia, y habría luto en las huestes del Deportes Tolima, por aquello de sus históricos vínculos con el citado animal.

Para hacer pipí a gotas por el fútbol europeo no es necesario hacer popó a cántaros sobre el torneo colombiano. Lo primero tiene su lógica, pero lo segundo es otra de las colombianadas típicas, torpes y dañinas.

Es legítimo anhelar que el torneo colombiano trepe por las escaleras de los estándares de calidad, pero es una calaverada denigrarlo, mancillarlo y vilipendiarlo, todo porque aquí los equipos no juegan igualito al Real Madrid o al Barcelona, como si eso fuera tan fácil como volverse periodista deportivo, que hoy por hoy,  es uno de los oficios más triviales del país, con poquito te sientan en la silla del comentarista, o te dan la pluma del columnista. En  Colombia la mujer maravilla ya estaría comentando fútbol, una vueltica y listo.

Los improperios al fútbol chibcha están de moda, a tal punto que ya hay columnistas a quienes no les gusta ni el color del balón, ni las camisetas, ni los policías, ni la lechona, ni las piernas de los jugadores porque son flacas morenas y velludas, muy distantes de las gruesas, grandotas y blancuzcas que se gastan los europeos.

Para mejorar el torneo colombiano no creo que sea necesario acabarlo. Se hacen comparaciones absurdas y fuera de contexto, desligadas de las secuelas históricas y de la realidad plasmada en el mapa social y económico del mundo, en donde las brechas son más grandes que los océanos que nos separan.

La brecha intercontinental tiene marcada incidencia en los torneos locales pues el fútbol no es un deporte como cualquier otro, es una industria multinacional en donde el que marranea pone inusitadas cifras de dinero sobre la mesa. Con el sueldo de un par de jugadores de por allá, se pagaría el salario de todos los de acá

Las comparaciones y exigencias al fútbol colombiano no se pueden arrancar de la superficie, no se puede ser tan trivial como Natalia cuando dijo que el pollo era foco de homosexualidad. Y si un columnista habló de las 22 cosas horribles del fútbol colombiano, le faltó la 23: la precariedad con la que nacen muchos de los análisis relacionados con el torneo nacional.

Gracias a la televisión por suscripción, a las Tecnologías de la información y la Comunicación (TICS), y a la  supuesta aldea global en la que vivimos (que no es del todo cierta), lo niños bogotanos  ya no se harán hinchas del Nacional y el América, como sucedió en la década de los 90, sino del Real Madrid y del Barcelona: de una parte, sin duda, tendrá que ver el espectáculo que brindan los cuadros ibéricos, pero de otra parte, también sin duda, tendrá que ver el bombardeo mediático diario que les recuerda que lo de aquí es una porquería, y  lo de por allá es de otro planeta.

Sí. Es cierto. El fútbol que se juega en el torneo colombiano puede tener reparos y uno quisiera verlo en una mejor dimensión de calidad, pero la evolución no se logra a través de la destrucción y la lapidación, ni enviándole mensajes apocalípticos a patrocinadores, anunciantes, público, y demás relacionados con el campeonato.

El asunto no es alcahuetear mediocridades. El asunto es poner la inteligencia y talento al servicio de propuestas que permitan mejorar lo existente en lugar de borrarlo de la faz de la tierra. La inteligencia no dudo que esté presente en  nuestro medio, el problema es que muchas veces debe navegar contra la corriente de la mala leche que abunda en nuestra sociedad del balón.

Se despotrica mucho de la estructura del torneo, pero en el fondo, habría que decir está convenientemente ajustada a nuestra idiosincrasia emocional y visceral. En Colombia un técnico que queda segundo cae en desgracia con la gente y es víctima de regaños de comentaristas que le enrostran su fracaso ¿creen ustedes que nuestros patrones culturales aguantarían un tercer puesto a 20 puntos del líder del campeonato? Me atrevería a apostar algo importante de mi anatomía, a que no, ni de fundas aguantaríamos eso: no pretendamos copiar a los europeos, cuando ni siquiera tenemos claro lo que somos.

A las cabinas del Campín ya le quedan pocos habitantes, y no creo que la aspiración general  sea transmitir solo fútbol europeo, apoltronados frente a televisores, contándoles a algunos oyentes, con cinco segundos de retraso lo que estos acaban de ver en la pantalla del  televisor. No podemos incurrir en un torpe harakiri. Humildemente propongo algo que se parezca más a una oposición constructiva. Hagan todo el pipí que quieran, pero piénselo bien antes de hacer popó… puede salir carísima la vaina.

Y  ya para terminar, cómo decía el hoy Pastor Silva, valdría citar otro desfogue que ha sido posible gracias a las TIC:  se trata de la puesta en escena del hincha que todo periodista deportivo lleva dentro, ahora muchos se declaran furibundos del Real Madrid o del Barcelona. Al fin y al cabo esa salida del closet nadie se la va a censurar (en esa, seguro el pollo no tiene que ver). En cambio confesar los afectos criollos si puede ser más peligroso que un chocolate sin hervir (por eso muchos prefieren seguir desde su trinchera lanzándole balas de mala leche al equipo que no es de sus afectos, o cuyo presidente sea un dirigente al que en el momento estén odiando (Santa Fe podría dar fe de ese fenómeno).

email
Anterior

El regreso de Colombia al Giro de Italia: “un sueño hecho realidad” -Andrés Botero-

Siguiente

Programación Fecha 15 Torneo Postobón