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$er directivo

Por: Wilfrido Franco García.

Los directivos del fútbol colombiano vienen en diversas modalidades. Los hay ricos de cuna y de verdad son millonarios. Los hay de los que “chicanean” con dinero superfluo y son mercaderes del asunto. Hay de aquellos que trabajan veinticuatro horas del día. También de aquellos que van en “coche”. Los hay de aquellos que ponen dinero contante y sonante de su propio bolsillo por “amor” a su equipo del alma. Mientras otras se cobijan con la sombra de buenos árboles para esperar la “cometa” o la “comisión”.

Los hay de los que llegan para laborar sin esperar nada a cambio. También de aquellos que solo esperan como “aves de rapiña” para entrar en la piñata y recoger todo lo que se pueda. Los hay de los que gestionan patrocinios y sponsor, también de los que se llenan sus bolsillos con cuentas personales y erogaciones de contratos televisivos que corrompen las asistencias a los estadios.

Los hay de aquellos que tienen convicción y saben mucho del asunto; también hay de esos que no tienen ni idea, no saben dónde están parados, pierden dinero y terminan fracasando. Hay de los que ni uno sabe el nombre, nunca aparecen y no les gusta la pantalla. También hay de aquellos que quieren salir hasta en la sopa, alardean de saber demasiado y esperan ser portada de revistas y salir en la televisión.

Hay directivos que son amigos del cuerpo técnico, asisten a los estadios y acompañan a su equipo sin importar donde juegue. También hay de aquellos que solo viven metiendo cizaña, calentando los camerinos y ni los jugadores los conocen. Hay de aquellos que pagan cumplidamente, prometen y cumplen, y cumplen todo lo que prometen. También de los que se esconden en los días de quincena, apagan los celulares y deben hasta lo que tienen puesto.

Hay de aquellos que tienen sentido de pertenencia, promueven los jugadores de divisiones menores y luchan por defender los intereses de sus clubes por encima del mundo. También de los que no creen en sus jugadores, tratan de vender todo lo que puedan y se llenan los bolsillos a expensas del club. Hay directivos inteligentes, con academia, seriedad y que saben de fútbol.

También de los que no entienden ni jota, no saben que es un fuera de lugar y además, meten la pata cada vez que hablan. Hay otros que prometen reforzar el equipo, viajan y traen dos o tres extranjeros, y casi siempre aciertan en uno de ellos convirtiéndose en un crack. También de aquellos que prometen el oro y el moro, contrataciones rimbombantes y festivales de celebración, y terminan decepcionado a miles de aficionados, trayendo a cualquier hijo de vecino que a los seis meses está de retorno a su país. Algunos traen futbolistas extranjeros con los papeles en regla y dispuestos a debutar en la primera fecha porque su gestión es mucho más que eficiente.

También hay otros que traen extranjeros sin documentos, los jugadores pasan cinco o más fechas sin actuar porque no han podido tramitar la visa de trabajo o no hay un transfer internacional, y cuando el refuerzo foráneo actúa, el equipo ya está eliminado.

Hay unos que son soberanos de la dictadura, hacen lo que les viene en gana, destruyen equipos tradicionales, acaban con aficiones importantes y cada temporada se llenan los bolsillos con dos o tres jugadores que venden. También hay de aquellos que se quejan en cada inicio de temporada, amenazan como esposa fea que ya se marchan y al final, se aferran a sus puestos como babosas.

Hay unos que dicen la verdad del pésimo manejo arbitral, denuncian con o sin pruebas y destapan ollas podridas. Otros se conforman, viven con la cabeza gacha y dispuestos a que sus equipos sean despojados en el nombre de “los árbitros son humanos y como tal se equivocan”. Hay unos que le rinden pleitesía a la agremiación de futbolistas profesionales y a la Comisión Arbitral, sin importar que se lleven los jugadores que el club engendró desde sus entrañas y que los árbitros rapen puntos que al final significan la eliminación. Hay otros que respetan al jugador como persona, apoyan su gestión y crean verdaderas familias alrededor de un equipo. Hay otros que humillan a los jugadores, no respetan las personas y se creen omnipotentes.

Algunos reconocen sus errores, otros “jamás se equivocan” o la “culpa es de los periodistas que se tiraron la negociación o tergiversaron lo que yo dije”. Hay unos que hablan con seriedad, tienen mesura y capacidad intelectual para resolver cualquier introito. También hay de los que vociferan, amenazan hasta al diablo y tienen cara de camajanes y de malos.

Esa es la esencia de $er directivo. ¿Cuál prototipo de estos ha conocido usted?

Wilfrido Franco García.

Columna Impublicable.

wilfridof48@gmail.com

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