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Falcao García: El apóstol del Gol. Feliz Cumpleaños crack.

Cuando vivían en Venezuela, un día el pequeño Falcao García llegó a casa corriendo y lloroso a pedirle a su papá que le enseñara a jugar béisbol. Algunos compañeritos se habían burlado de él por no saber tomar una manilla. Aquel día su padre, un  zaguero central que actuaba para el fútbol profesional de ese país, con amor de padre y resignación de hombre pensó que su hijo no sería futbolista como él lo soñó cuando vino al mundo  un 10 de febrero de 1986 en su recordada Santa Marta.

Lo había bautizado  Falcao en homenaje a un espectacular volante de la selección brasilera del 82, quien por su calidad y porte fue considerado como “rey de Roma”. Por esa época el famoso era Paulo Roberto Falcao integrante de un cuadrado mágico brasilero al lado de Toninho Cerezo, Sócrates y Zico.

El viejo  Radamel, decidió no renunciar al sueño y a la par de enseñarle a jugar  beisbol,  lo  inscribió en una escuela de fútbol. El chiquillo aprendió rápidamente el deporte de los bates y las manillas y se convirtió,  con sus carreras y bases robadas, en jugador de selecciones infantiles. Su pasión por la pelota caliente lo estaba devorando en medio de la chiquillada venezolana que veía en el béisbol su deporte bandera, hasta que llegó la hora del regreso a la patria.

Su destino  estaba marcado desde su bautizo;  prontamente a los 8 años el pequeño Falcao supo que sería goleador siguiendo los pasos de su padre en el fútbol y de su madre en la religión. Él mismo relata que conoció a Jesucristo de la mano de doña Carmenza Zárate, su madre. El “viejo Rada”, su padre,   había querido ser delantero, estaba convencido que en el fútbol los que cobran duro son los goleadores, sin embargo, sus dotes de hombre fuerte, lo llevaron de  delantero a  defensa y no pasó de ser un profesional cumplidor.

En  su cabeza siguió flotando aquello de ser goleador como una meta por cumplir,  y como sucede casi siempre con los hijos, pensó en la extensión de su carrera para suplir tareas no cumplidas, “el triunfo de los hijos son las satisfacciones de los padres” había aprendido de la filosofía popular de las esquinas.

De allí en adelante la historia de Radamel Falcao García no se ha contado en años, si no en goles. Se recuerda que de niño regresando a Bogotá marcó 52 goles en un campeonato infantil y con el premio ganado se compró una cama. Fue goleador de la selección infantil de la capital. Debutó a los 13 años en un equipo de la 1ª B,  Lanceros de Boyacá y su primer gol se lo marcpo al Cóndor un 25 de Julio del año 2000.

Silvano Spíndola,  un ex jugador argentino,  lo llevó a Fair play  y de allí saltó a River Plate, el mítico cuadro gaucho en un viaje de muchísimos kilómetros que le cambió la vida y sus costumbres y que terminó de forjar el carácter guerrero de valores cristianos que lo acompaña.

Llegó a Buenos Aires en medio del frio, hizo dos entrenamientos y  convenció. Como todo niño sentía nostalgia por su casa, pero el calor de hogar lo suplió con la convicción de sus  objetivos, y en sus momentos de profunda soledad encontraba en Cristo  la fuerza para seguir adelante.

Después, vinieron los éxitos que el mundo del fútbol conoce, que  él considera son un regalo de DIOS obrando a través suyo, para enseñar desde una cancha de fútbol los frutos de la palabra.

Aquella palabra  que lo llenó de fuerza cuando sufrió dos lesiones graves, cuando no era tenido en cuenta en su club después de una dolorosa y larga recuperación, cuando las ilusiones se diluían en sombras de  incredulidad: “Y reyes serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que Yo Soy Jehová, que no se avergonzarán los que me esperan”, Isaias 49:23.

La misma Fe que predica todas los días en medio de su vida ejemplar con cada reportaje donde expresa que su única función es agradar a DIOS con su trabajo. Esa Fe que lo llevó a responderle a “mostaza”  Merlo, el técnico que le dio la oportunidad en River de debutar cuando le preguntó que si sentía temor, y el mozalbete de 16 años le contestó: “si tuviera miedo no estaría aquí”.

Hoy, el hijo de Santa Marta nacido en el barrio “mamatoco”, está cumpliendo 29 años; ha llegado a ser considerado como  el mejor 9 del mundo por muchos, figura indudable de la Selección Colombia, portada de todos los periódicos deportivos, pero sobre todo, es ejemplo a seguir por los niños colombianos que ven en él,  el ídolo de la nueva generación… y eso le produce una tremenda sonrisa de agradecimiento y paz con DIOS.

Feliz Cumpleaños crack.

RafaV.

rafael.villegas@colombiasports.net

@lidervillegas

 

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