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Kar Luis Díaz, y su sueño de gloria

En las laderas del enriquecido departamento de Córdoba, en un rincón de sus entrañas se halla la ciudad de Sahagún, que honra en su nombre a la viña ibérica de la provincia de León.

En “San Fagunt”, hace 26 años, y por un accidente de la redacción coloquial, se bautizó para el mundo Karluis Díaz Pérez, dos décadas y medias más tarde y al otro lado del mundo, ya hecho un boxeador, el sinuano desvela su corazón soñando con la gloria que anhela acariciar.

Carl LewisDíaz, Karluis como respondió su padre ante la pila bautismal, enfrentará este sábado 1 de marzo en el Emperors Palace, Kempton Park,de Johanesburgo, Sudáfrica, la reyerta más importante de su vida, cuando salte al ensogado como retador del monarca mundial, el púgil local Hekkie Buddler (24-1, 7 KO), quien ostenta las reatas orbitales de la IBO y la AMB.

Díaz inició en el universo de los tinglados de paga en la añeja gallera de Sahagún en el 2008 noqueando a Andrés Miranda, luego de siete combates profesionales logró el fajín Fedebol de la AMB al vencer a Luis Carrillo antes del campanazo final.

En Mazatlán, Sinaloa, pierde su invicto y su sueño de gloria tras caer ante el mexicano José Alfredo Rodríguez por la corona Intercontinental Juvenil del CMB y luego fue la Silver ante el también azteca Pedro Guevara en Baja California. De sus manos se escurrió el cinturón NABF del peso mínimo ante Mario Rodríguez en la fatídica Sinaloa. Pero el traspiés mas hondo lo sufrió con los golpes del peruano Alberto Rossel quien le arrebata la corona mundial interina de la AMB en Callao.

Han sido 21 victorias, 14 de ellas sin merced antes de la última campana, y los ya citados 4 reveses que ha sufrido en busca de una corona esquiva, sed que amilana con el sorbo bebido tras vencer a Gabriel Mendoza por el cinto Fedelatin (AMB).

Pero han sido muchas horas de camino, más de mediodía de vuelo, un mar entero atravesado desde su feudo de trapiches bañado por el Culumutu hasta el “lugar de oro”, que traduce en Zulú, Johannesburgo, para izar su tricolor amada, ondear su sombrero vueltiao y bañarse con la gloria inmarcesible con la que sueña aun despierto y lejos de su Sahagún del alma, a la que quiere retornar siendo el campeón del mundo.

Foto cortesía Alberto Agamez (Cuadrilátero).

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