Columna LÍDEROtros

La guerra o el fútbol

Fue un intento de asesinato. Ni más, ni menos. Lanzar gas mostaza sobre los futbolistas del River Plate, fue algo inmisericorde. Los umbrales de la maldad y la guerra, están matando el fútbol. Y lo matan, porque el mundo empresarial y la televisión, le quitaron el honor de ser un arte, un deporte o un placer, por volverlo netamente un negocio. El dinero que corrompe todos los estamentos, se apoderó del fútbol para convertirlo plenamente en un negocio, sin importar el riesgo constante que corren los seres humanos. En este caso, los futbolistas de River. Todo, para que la televisión tenga su espectáculo, simplemente porque “el show siempre debe continuar” sin importar las circunstancias. Indignante, irritante, vergonzoso, y miles de adjetivos más, se lleva el aberrante espectáculo de Buenos Aires. Sobre todo en latitudes como Argentina, donde antes se cantaba “el olé” del arte y deporte, y ahora, se canta “el huevo, huevo” de la guerra. Argentina nos enseñó mucho de fútbol, nos heredó los torneos y los directivos de acá, copiaron todo de allí, incluyendo el descenso y hasta la tabla de promedio para definir quien se jode por siempre. Pero además, Argentina nos heredó los males de “Las Barras Bravas” que no tienen en realidad mucho que ver con el fútbol y sí con un negocio vulgar que se acrecentó ante la mirada cómplice de una policía compinchera y frente a gobernantes sin ninguna autoridad. Las Barras Bravas en Colombia son focos del detestable comercio de drogas, alucinógenos y alcohol. Son prismas exactos de la descomposición social en que vivimos. No tienen nada que ver con el fútbol. Ahora viendo las imágenes desde “La Bombonera”, a cualquier ignorante enfermo de humos y soplos en Colombia, le dé ahora por copiar lo del gas mostaza. Porque al igual que en Argentina, en los estadios colombianos, ante la complicidad de una policía inepta como la de allá, se ingresa todo lo inimaginable a las graderías de las canchas colombianas.

En Europa las leyes rígidas y duras, acabaron definitivamente con los Hooligans. Todo partió de la tragedia de Heysel en Bélgica, el 29 de mayo de 1985 en la final de la Champions, anterior Liga de Campeones, donde se enfrentaron Liverpool y Juventus. Murieron 39 personas, 32 hinchas del Juventus y entonces, 14 aficionados del Liverpool, fueron condenados a varios años de cárcel. La UEFA que no se anda por las ramas, dejó a Liverpool, diez años por fuera de las competencias europeas y cinco años a todos los clubes ingleses, incluyendo a la selección británica. Ya en 1989, ocurrió la tragedia de Hillsborough con 96 muertos, estos del Liverpool. Y el estado inglés, la primera ministra Margaret Tacher, a través del denominado informe Taylor, impuso las leyes más rígidas de la historia para los “Hooligans”: judicializó a los cabecillas de estas crueles barras sin importar sus edades, encarceló a varios de ellos y acabó de un tajo, con ese dañino fenómeno en Europa. Hoy, en Argentina, el show debe continuar, cuando se intentó asesinar a cuatro futbolistas. Esperaron más de dos horas para decidir el final del partido, tras los hechos, solamente porque era Boca Juniors, el equipo del rating televisivo y el mimado de los canales y de la Conmebol. Hubiese sido un equipo boliviano, ecuatoriano o colombiano, ya la sentencia estaría y sería dura al extremo. Al igual que aconteció con México y Chile, años atrás cuando sus equipos y sus selecciones no podían competir, ni ir a los mundiales. La selección Argentina debería quedar marginada por cinco años de todo evento internacional y el estadio, en este caso de “La Bombonera”, se cerraría por lo menos por diez años para competencias internacionales. Si fuera en Europa y rigiera la UEFA. Pero como es Boca Juniors y es Argentina, la Conmebol que no tendrá los pantalones suficientes y cuidará su negocio televisivo, pondrá pañitos de agua tibia y preferirá la guerra, y no el fútbol.

P. D.

La nueva moda: ex futbolistas y ex técnicos, fungen de periodistas y analistas en la cada vez más acartonada TV dando conceptos reiterativos, mediocres y hasta estúpidos. ¿Y los verdaderos periodistas entonces para qué se preparan?

¿Cuál será el empresario de Alexander Mejía? Grande, el tipo. Inmenso. Luego de una temporada donde virtualmente fue un rotundo fracaso en el Monterrey, ahora está en el listado oficial de la selección. Mientras otros que lo merecen más como Juan Daniel Roa, Darwin Quintero, Dorlan Pabón o José Heriberto Izquierdo, silban mal hombre.

Todo servido para que el “gran” Messi siga engañando incautos en la final de la Champions. Pero lo vieron en Münich, otra vez se escondió. Otra vez le ganó el duelo Müller. Once partidos Messi – Müller: diez victorias del alemán.

Atlético Nacional llegó hasta donde pudo. No tenía más. Un equipo mediocre, consigue resultados mediocres. Santa Fe tiene estirpe y fútbol, pero le tocó bailar con la más fea: Internacional de Porto Alegre. De superarlo, estaría a las puertas de la gloria.

CAMPAÑA: ¿Por qué será que los andenes en Cali, son para las motos y las bicicletas? ¿Cuándo hará la alcaldía una campaña que favorezca al transeúnte?.

Por Wilfrido Franco García

wilfridof48@gmail.com.

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