Columna LÍDEROtros

La pelota está manchada

Por: Wilfrido Franco García.

Sin jugar las semifinales y restando cuatro partidos para el cierre de Brasil 2014, es deplorable el balance del arbitraje en este mundial. Veinticinco juegos con pobres arbitrajes de sesenta disputados, entregan un porcentaje negativo del 41,6 % en un orbital histórico para Colombia, pero tramposo hasta el cansancio.

La pelota está manchada porque la FIFA se comportó como el esbirro que lo corrompe todo, a través de sus designaciones, de sus procesos disciplinarios que parecen más la Santa Inquisición con quemados en la hoguera y todo al estilo Luis Suárez, y repletos de decisiones polémicas por medio de sus esquiroles arbitrales. Cuando los jueces meten mano, a punta de decisiones controvertidas, (¿mandados por quién?), para decidir el rumbo de los marcadores y favoreciendo los intereses de los grandes y perjudicando a las naciones menos poderosas económicamente o con menor historial en el fútbol (caso Brasil – Croacia, Brasil – Camerún, Argentina – Irán, Brasil – Colombia), la pelota está rematadamente manchada.

El fútbol se creó en el siglo XIX con el elemental principio de la diversión por el juego. Era jugar por el placer de jugar. No importaba perder o ganar; el resultado era un aditamento, no el fin del mundo como lo parece ahora. Pero cuando la mafia del fútbol fundamentada en el poder de los euros y los dólares, cobijó más de 210 naciones (superando inclusive a la ONU) y creó la multinacional denominada FIFA, el asunto empezó a tergiversarse. Ya no era jugar por el placer de divertirse. Era jugar para ganar sin importar los medios y justificándolos a todo precio. Algo así como la frase de batalla de los técnicos Luiz Felipe Scolari y Alejandro Sabella en este mundial: “Hay que ganar aunque sea medio a cero. No importa cómo, pero hay que ganar”. Ya no importa el tal “Fair Play”, propuesto por la misma FIFA, que es una risa burlona o una mueca escandalosa. Ese es un cuento bien montado con bandera y todo, que exhiben antes de cada cotejo del mundial, pero se enloda en extrañas circunstancias y en incontables decisiones amañadas de los descabellados jueces como Yuichi Nishimura, Wilmar Roldán (lo peor de Colombia en este mundial junto a su asistente Humberto Clavijo), Cüneyt Cakir, Jonas Eriksson, Nicola Rizzoli, Enrique Osses, Marco Antonio Rodríguez, Benjamín Williams y sobre todo, el serbio Milorad Mazic y el español Carlos Velasco Caraballo, los geniales esbirros de la inclemente FIFA. Advertidos estábamos de lo que pasaría en instancias definitivas ante los amos del “establishment”, pero todos obramos de buena fe y guardamos la esperanza que en verdad, se juegue limpio.

También, los medios se comen los vidrios molidos y hacen siempre alharaca con revelaciones, que el mundial es de los chicos o para los pequeños, que es la “Copa América” en ciernes y nadie más existe fuera de los latinos, que se habla solo español y las semifinales solo saben del relamido castellano argentino, que cayeron los grandes y tal. Mentiras…verso, falacias. Al final, el “establishment” o establecimiento riguroso de la FIFA, cobija a los mismos y entonces vemos las semifinales de siempre: Alemania ante Brasil, Argentina frente a Holanda. Cuatro de los elegidos, de los poderosos, de los que siempre ganan. Tres campeones, dos que siempre están en el marcador y uno que ha disputado finales, llamado el subcampeón eterno o sea Holanda. Son los mismos, con las mismas. Nada cambia. Y eso que hacen el mundial en pleno verano para asar en fogones de humedad a los europeos y en épocas donde los cuerpos están totalmente fatigados (83 lesionados antes del mundial y ¿cuántos dentro del mundial?), cuando bien se podría jugar en un enero o un febrero, para ver a las estrellas en su verdadera condición atlética y física.

Y todos comen cuento y sucede con los grandes torneos, las poderosas ligas, las chicas, las nuestras y las de más allá. Siempre la “Mano Negra” encima de los débiles o chicos, amparando y respaldando a los poderosos o grandes, para no romper el “establishment” o lo establecido.

Es tan triste ver a equipos que brindaron espectáculo como la selección Colombia, relegados por otros peleles mediocres como Brasil o Argentina, que a punta de trampas y de arbitrajes amañados, están donde están. Mientras aquellos que luchan con los argumentos que da este deporte nacido para recrear y actúan por el placer del juego, son borrados a punta de un pito nauseabundo que mancha la pelota cada día más. ¿A eso es que la FIFA llama “Fair Play” o Juego Limpio? Qué cinismo, por favor.  No seamos tan boludos.

P. D.

La selección Colombia de José Néstor Pékerman, partió la historia del fútbol nuestro en dos. Ser quinto de un mundial a pesar y en contra de los árbitros, con el mejor jugador (aunque la FIFA diga lo contrario) como JAMES RODRÍGUEZ (grande y en mayúsculas) y un posible botín de oro, es algo inconmensurable. NUNCA ANTES TAN INMENSOS. NUNCA ANTES.

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