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La renuncia de Benedicto y los medios de comunicación

Por: Orlando Buitrago Cruz.

El legado más grande de Benedicto XVI fue para los periodistas. Supongo que después de lo ocurrido el  día de la renuncia del pontífice, ningún reportero se atreverá  a hacerle el feo a un evento del vaticano.

De pronto alguno de los brujos que tienen inundada la radio colombiana nos pueda sacar de la duda,  pero me gustaría saber si las condiciones mediáticas que rodearon a la renuncia del Papa, fueron casualidad, o si Benedicto le cobró a la prensa que lo miraran como al Bogotá Fútbol Club. Lo cierto es que el pontífice saliente dejó en ridículo al periodismo.

El lunes 11 de febrero, Benedicto XVI convocó el Consistorio, para decidir algunas canonizaciones, cosa que a los medios les importó un comino, a tal punto que, en la sala de prensa del Vaticano estaban solamente unos cuatro periodistas.

Ese lunes los medios radicados en la Santa Sede le dieron al Papa, el mismo tratamiento que la prensa bogotana le dio al partido disputado por los “Cardenales” rolos y  el  Quindío, aquel frío domingo a las 7:45 de la noche. Lo único que quedó haciendo falta para completar el símil fue la sorpresiva renuncia de alguno de los directores técnicos: pero pedirle la renuncia al del  Quindío  sería hasta pecado, y Gutiérrez genera zozobra, pero suma puntos (y mientras eso suceda, los hinchas podrían hasta canonizarlo).

Mejor dicho, ese día al Papa le fue como a la primera fase de la Copa Postobón, no le caminaron ni los de Radio Vaticano. Y vean que casualidad, a su vez, la final de la Copa Postobon parece un cónclave (cuando Millonarios la jugó, todos los estratos del comentario bogotano estuvieron representados).

Sorpresivamente el Papa leyó su renuncia. Sin embargo, solo una periodista entendió, mientras los demás, quedaron como quedaría yo, si me llegasen a mentar la madre en pleno centro de Berlín, es decir: tranquilo, como si nada hubiese pasado, porque de alemán no entiendo ni media palabra.

Mientras sus colegas creyeron que Benedicto había leído un conjuro contra el dengue, Giovanna Cirelli de la agencia de noticias ANSA, única comunicadora presente que entendió lo que el  Papa leyó en latín, rebotó para el mundo una de las chivas más grandes en la historia del periodismo: ¡Renunció el Papa! (y pensar que aquí nos peleamos por querer tener la alineación de Colombia mucho antes que José Pékerman).

Benedicto dejó tres moralejas para el periodismo del mundo. Las moralejas están pasadas de moda, pero en este caso aplican:

Primera moraleja: hay que ir a trabajar, no podemos quedarnos en casa esperando a que otros cubran la noticia y publiquen en Internet, para nosotros hacer el consabido copie y pegue.

El potencial de Internet ha sido de doble filo para el periodismo, pues ha alejado a los periodistas de las fuentes. Muchos medios se nutren exclusivamente de portales y de tuits (el pecado radica en el exclusivamente).

Algún día, un entrañable amigo, me invitó a tertuliar en un programa musical que emite en una cadena radial. En el break de la media hora entró un joven con caminado de pavo real, a hacer el boletín informativo. Me causó mucha gracia ver como leía las noticias del portal de RCN, a pesar de que estábamos en una cabina con otro logo, y como a cuarenta  cuadras de la cadena de Ardila Lulle.

Segunda moraleja: los eventos potencialmente noticiosos son como las corridas de toros, hay que ir a todos, uno nunca sabe cuándo resulta algo bueno. Lo mismo sucede con los partidos de fútbol. Los periodistas de Bogotá solemos escoger, y por culpa de esa manía, algún día nos vamos perder  de uno con un gran arbitraje.

Tercera moraleja: hay que capacitarse para cubrir una determinada fuente. Uno asumiría que un periodista que trabaja en el vaticano, al menos chapucea el latín, pues históricamente ha estado vinculado a los gajes del catolicismo. Uno creería que si alguien va a cubrir la embajada norteamericana, es porque dentro de sus cualidades está la de ir un poco más allá de THIS IS A PENCIL.

A veces, de lejos se nota la escasa capacitación del periodista. y muchos se gradúan de duros con muy poquito. Por ejemplo: con saberse de memoria los titulares y suplentes de media docena de equipos europeos. Otros se gradúan pirateando algo de la “geometría veleciana”, que sin duda fue una escuela dentro del comentario colombiano, que requiere de mucho estudio y preparación, así sea de esas escuelas que ponen a llorar a los niños de sólo pensar que deben ir por allá.

El día de su renuncia, Benedicto XVI  le  dejó al periodismo una lección que vale oro, mirra e incienso,  y no le sumo el valor del burrito y la vaquita, porque otro de los aportes de este Papa, fue el de aplicarle austeridad a los pesebres, restando este par de inversiones en diciembre (saldrán más baratos hasta cuando alguna estrategia de mercadeo le ponga un tablet al niño Dios).

Sí, no cabe duda, Benedicto le dejó una gran lección al periodismo, pero me late que, tal como le pasó a su renuncia en latín, casi nadie se la entendió.

 

 

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