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Los cachetes del 5-0

Por: Orlando Buitrago Cruz.

La verdad después de 20 años es refrescante y a nadie saca de casillas. Nadie sale lastimado ni castigado, o los castigos son para morirse de la risa, como por ejemplo el carcelazo de lujo de Pinochet en Londres, cuándo el tipo ya tenía el funeral pago, apenas recordaba su nombre, y echaba cabeza tratando de establecer para qué diablos podía servir un bastón.Confesarle a la anciana esposa, tres días después de las bodas de oro, una infidelidad de recién casado, da para un chocolate bien ameno, del carajo, divertidísimo, para morirse de la risa intercambiando confesiones. No importa que a la mañana siguiente el colon pase factura por haberse puesto a repetir.

Después, la anciana, con seguridad, va a chicanear con sus amigas compañeras de ejercicios en parque: “Ese Arnulfo era un jediondo”.

Por su parte Arnulfo tendrá una actitud bastante distinta, muy en el fondo estará más que verraco, y la vergüenza de macho cabrío le impedirá contarles a sus amigos, que su Bertha Lucrecia, de joven fue medio vagabundita. Sin embargo, no va a hacer escenas, ni va a pedir el divorcio, todo quedará como si nada hubiese pasado (la misma vaina sucede en política).

La verdad 20 años después es anecdótica, lúdica y más o menos inofensiva (a menos que traiga un hijo a bordo). Podría uno decir que ya para qué, pero no cabe duda que aporta una buena dosis de entretenimiento.

Hace 20 años, por ejemplo, sucedió algo que durante años estuvo escondido para la opinión pública, y que de haber sido divulgado en su momento, hubiese sido un escándalo de marca mayor. El hecho acaba de ser puesto al descubierto por el periodista Mauricio Silva Guzmán en su libro “El 5-0”:

Resulta que en tiempos del épico partido, Francisco Santos le mostró las nalgas a los hinchas argentinos desde una ventana de hotel. Por aquel entonces “Pacho” no eran tan ducho en política, de lo contrario se hubiese tatuado a Pablo Escobar en un “cachete” y a Iván Márquez en el otro: la solución para el letrero del centro se la dejo a la imaginación del lector. Lo único cierto es que el doctor Francisco tuvo la oportunidad de economizarse un billete largo en vallas, porque la foto todavía le estaría dando la vuelta al mundo ¿Se la imaginan en pancartas en la plaza de Bolívar?

De haberse sabido justo en su momento (1993), “Pachito” hubiese quedado como el más gamín de los hinchas y habría sido expulsado del partido liberal (en aquel entonces nuestro políticos todavía no sabían hacer la “U”) y hasta Santa Fe tendría que haberlo declarado persona no grata en el Campín.

Hoy, 20 años después, el destape de “Pacho”  produce risa, tal como sucede con las travesuras de Arnulfo y Bertha Lucrecia. Es más, uno trata de imaginarse el hecho, y lo que se le viene a la cabeza es un osito de peluche haciendo una travesura, mientras escribe algo divertido en su cuenta de twitter.

Lo que si queda claro es que Antanas Mockus es mucho más académico que “Pachito”, no es lo mismo mostrar el trasero en un auditorio de la Universidad Nacional a un grupo de aprendices de intelectual, que exhibirlo ante una multitud de barras brava de argentina. Son públicos que le dan distinta interpretación al hecho.  Es más, supongo que Santos estaba en un piso alto, de lo contrario no hubiese salido ileso (asumiendo que así fue, pues por lo menos hasta el momento, ni el libro, ni periodista alguno, han dicho lo contrario…quiera Dios que no sea otra de las verdades que se le ocultan a la gente durante años).

 

Por fortuna para Santos, la verdad 20 años después suele ser inofensiva, de lo contrario los negociadores de las FARC tendrían de dónde agarrarse (dada la agudeza mental de los lectores, me permito aclarar que me refiero a los modales del expresidente).

“El 5-0” promete ser un libro entretenido, con valor histórico pero sin mayores consecuencias. La leche ya se derramó y el tiempo se encargó de borrar las huellas del piso. El mundo del fútbol no puede ser distinto al país, los terrenos del balón siempre tienen verdades sepultadas a las que un día cualquiera se les somete a una proceso de exhumación, que solo sirve para matar la curiosidad.

Hace más o menos un par de años, jugadores en uso de buen retiro, exintegrantes de Santa Fe, en una amena tertulia, en un programa matutino ya desaparecido de la “Z” de Todelar, contaban como algunos de sus compañeros se habían dejado sobornar antes de un clásico ante Millonarios… y todo lo que sucedió después… Ya habían pasado más de 20 años, se podía decir la verdad porque nadie iba a salir lastimado, y nadie sería castigado.

Al igual que Pachito Santos la verdad tiene dos cachetes, pero con una pequeña diferencia: uno está verde, y el otro está maduro. Morder el primero puede partir un diente porque tiene una verdad recién sembrada que es dolorosa y cruel. Morder el segundo puede producir  risa porque tiene una verdad que se maduró, que ya envejeció, y no causa mayores traumas.

Hace veinte años, después de “El 5-0”, los argentinos se sintieron como los cachetes de Pacho, pero por favor no vayamos a seguir dando lora con ese episodio ahora que viene el partido entre Colombia y Argentina, esa verdad es mejor dejarla tranquilita y pensar en el presente, prepararnos para un buen resultado, porque la verdad es que para nada me gustaría sentirme como los argentinos de aquel entonces, y conste que no es bronca política contra el doctor Santos (aunque a veces, no se ni que pensar).

 

 

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