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Los diarios de María Teresa y Danilo

Por: Orlando Buitrago Cruz.

María Teresa y Danilo han tenido hasta el momento un matrimonio de esos que la gente suele calificar como bonito.  Los admiran porque entre los dos  rara vez hay problemas (Cabe aclarar que casi nunca se dirigen la palabra y eso le ha aportado mucho a la paz del hogar). 

Danilo  es el empleado sapo de un Banco,  y María Teresa es un ama de casa con título profesional. Ambos se graduaron como administradores de empresas. Su casa, su carro y sus electrodomésticos los han ubicado en la galería de parejas estables.  

En esto días fui a visitarlos, me atendieron con un despliegue de minúsculos detalles gastronómicos que cumplieron su cometido y me obligaron a pedir prestado el baño. Allí, en ese recinto, por descuido de ambos, habían quedado abandonados sus diarios, diría que es en donde los escriben a hurtadillas el uno del otro. No resistí la tentación de leerlos. Tengo claro que ello fue un acto de mala educación pero la verdad es que me desespera estar en el baño sin leer. Leí sendas páginas de los diarios de María Teresa y Danilo:

 

El diario de María Teresa dice: 

Querido diario: 

Ayer hice tres intentos por seducir a Danilo, y aunque en el tercero aparentemente logré el objetivo, podría decir que técnicamente he terminado virgen el día.  

Creo que Danilo ya no me desea como antes. Cuando éramos compañeros de universidad me hacía el amor tres veces al día: una vez en el carro de su papá, otra en el baño de la universidad y la última detrás de la puerta de mi casa (el asunto siempre era de afán pero buenísimo) En aquel entonces yo era la prometida de Jorge Iván, un gran amigo de Danilo.  

En la mañana me le pasé tres veces por el frente, me agaché a recoger cuanta cosa veía tirada en el piso. A propósito, me duelen la cintura y la columna por no agacharme como mandan los médicos y en cambio hacerlo como en el ejercicio donde un futbolista se dobla intentando tocar los pies con la yema de los dedos. Danilo no me determinó, ni siquiera me dirigió la palabra, prefirió hablarle al radio (no entiendo porque madreaba a un tipo que decía vivir en el Planeta Fútbol). 

Al medio día lo esperé con un escote más abierto que la defensa de SANTAFE en el torneo pasado, casi que se lo ponía en la cara cada vez que le pasaba uno de los componentes del almuerzo, pero Danilo lo ignoró, no se percató de que tenía el arco a su disposición. Prefirió escuchar un análisis relacionado con la eliminación de Colombia en la Copa América… Copa América mató copa talla 39.

En la noche nos acostamos como siempre: yo a la derecha y él a la izquierda (Danilo siempre se ha declarado como militante de la izquierda a pesar de su comportamiento ultraderechista). Los dos nos acostamos boca arriba, yo mirando al techo y él leyendo un periódico de deportes. De pronto Danilo se me vino encima, tenía los ojos cerrados parecía extasiado. Sin embargo un minuto después todo estaba consumado y el hombre regresó a su tradicional lado izquierdo… lo último que dijo fue: ojalá logremos clasificar al Mundial, y luego se quedó dormido.  

El diario de Danilo dice: 

Querido diario: 

Ayer me costaba trabajo pegar el ojo. Después de lo de la Copa América, veo grave la clasificación al Mundial, parece más fácil que PAMBELÉ vuelva a ser campeón mundial.  

Esta mañana quise armar una línea titular de la selección Colombia para las eliminatorias, pero no me pude concentrar, porque mi mujer estaba por ahí deambulando por todo el apartamento, recogiendo cuanta pendejada  encontraba tirada en el piso. A veces me preocupa su obsesión por el orden y el aseo. 

A medio día si me pude concentrar pues María Teresa estuvo callada todo el tiempo y se limitó a alcanzarme los componentes del almuerzo. Y en  verdad, creo que si PEKERMAN convoca a los jugadores que estén pasando por buen momento y deja de convocar por nombre y por historia, hasta podríamos clasificar. 

Traté de deshacerme del insomnio leyendo pero no podía. Finalmente, tuve que recurrir a imaginarme a Colombia clasificada al Mundial, cerré los ojos y me imaginé abrazando la gloria, la verdad es que eso fue todo un orgasmo, fue tan fuerte  la emoción que me quedé dormido.

 

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