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Los dolores irradiados

Por: Orlando Buitrago Cruz.

Los dolores irradiados son causa frecuente de diagnósticos errados. Un dolor de este tipo es muy parecido a un mal pensamiento: ocurre en la cabeza pero se manifiesta en otra parte (aquí apelo a la malicia indígena del lector).

Cierto día me comenzaron unos dolores en las ingles. Inicialmente pensé que eran a causa de un malabar inducido por un mal pensamiento, que no es del caso relatar aquí.

Investigué en Google acerca de mis dolencias, y pasó lo mismo que suele suceder con los casos de magnicidio y corrupción en Colombia, mi investigación se desvió y tomó rumbo errado: se me metió en la cabeza que iba a quedar eunuco, lo cual en la antigüedad hubiese sido una interesante fuente de trabajo, pero hoy en día encontrar una doncella se vuelve tan complicado como conseguir un político honrado.

Después de mi auto-diagnóstico vía Google, tomé la decisión de buscar un médico que confirmara mis sospechas, me interné en las trochas burocráticas de la EPS.

Fui a urgencias pero no me atendieron porque no estaba en peligro de muerte, de nada sirvieron mis argumentos en torno que un miembro ilustre de mi anatomía estaba viendo el resplandeciente túnel que comunica con el más allá, y que centenares de doncellas en BABYDOLL (por allá si deben haber), le estaban haciendo calle de honor para recibirlo. La cita más cercana distaba tres meses, supuse entonces que para ese tiempo mi apreciado agonizante estaría millares de veces más inclinado que la torre de pisa.

Después de mucho rogar, y de múltiples y vergonzosas explicaciones, por fin me dieron una cita con una doctora llamada WENDY KARINA. Con ese nombre supuse que se trataría de un niñita, pues una veterana con seguridad se llamaría Lucrecia, Bertha, Esperanza, Graciela o algo por el estilo.

Efectivamente, llegado el día, me encontré con que la doctora WENDY KARINA era una niña recién desempacada de la universidad, que sin duda todavía le pide permiso a sus padres para salir a fiestas. Me senté frente a ella con una especie de pena filial brotando a cántaros por mis mejillas, se me encogió el corazón, y todo aquello que es susceptible de encogerse.

Muy seria, y muy puesta, la doctora WENDY KARINA me hizo una serie de preguntas generales, a las que denominó de rutina, tales como:

Señor Buitrago ¿En su familia hay bobos?

Pues yo creo que si doctora, porque muchos de ellos van a votar por Pacho Santos para la Alcaldía de Bogotá.

Puede ver que ella marcó con “X” una casilla que indicaba SI.

Me hizo cualquier cantidad de preguntas que nada tenían que ver con dolores en las ingles y sus alrededores, pero según ella. sus respuestas son necesarias para la historia clínica.

Luego, en un tono dulce, como mimando a alguien de la tercera edad, me preguntó:

¿Qué lo trae por aquí señor Buitrago?

Sentí las mejillas más calientes que el clima político de Venezuela, y no sé de donde saque valor para señalarle la zona de mis dolores.

Señor Buitrago, bájese el pantalón y los interiores hasta las rodillas.

Muerto de pena obedecí. En ese momento a la doctora WENDY KARINA le entró una llamada al celular y por el comienzo de la conversación noté que se trataba de una colega. Se alejó un poco y hablaba en voz baja sin quitar su mirada burlona de mi pelvis y sus vecindades.

Alcancé a escuchar cuando murmuró sonriendo:

No joda, es que es bien pequeñito

Puede percibir que sin duda fui parte de la conversación de las doctoras y que el murmullo aquel tenía relación conmigo, eso me produjo un arranque de dignidad y pregunte con tono severo:

Doctora ¿De casualidad se está refiriendo a mi?

Un poco turbada respondió, mientras colgaba la llamada:

Señor Buitrago, solo le decía a mi amiga,  que me late que su problema es muy pequeñito, y por lo tanto no tiene motivos para preocuparse.

Luego retomó el control y me dio una orden: señor Buitrago recuéstese en la camilla.

Se puso guantes y comenzó a escarbar mi zona genital. Al ver la manera como lo hacía pregunté:

Doctora ¿Acaso tengo piojos?

No señor Buitrago, de ninguna manera, lo que pasa es que estoy buscando su miembro viril.

Finalmente tuvo éxito en la búsqueda y después de una breve observación dio un diagnóstico:

Señor Buitrago, usted nada tiene, puede retirarse.

Estaba resignado a que no fueran precisamente mis pies los que dieran el primer paso al famoso túnel de transición entre esta vida y el otro toldo, pero las cosas cambiaron una mañana en la que entró en mi oficina la señora de los tintos, usualmente brocha e imprudente, y me dijo:

Don Orlando perdóneme lo metiche, pero yo le veo ese estómago muy hinchado, y me parece que usted tiene ese colon muy inflamado y le deben doler hasta las…

No la dejé terminar la frase y le reproche su intromisión. Sin embargo, medio ignoró el llamado de atención y prosiguió.

Le deben doler  hasta las plantas de los pies… Cuando el colon se inflama demasiado hace presión y el dolor se irradia hasta las cordales, que por fortuna usted ya no debe tener… Pero tómese estas gotas homeopáticas y se acordará de mí.

En efecto las gotas funcionaron de maravilla. Todo parece indicar que el epicentro de mis dolores era el colon y estos se irradiaron hasta donde no le dejé decir a la señora de los tintos.

Sobra decir que la ilustre parte de mi anatomía que tanto me preocupaba, esta mil veces más derecha y erguida que la torre de pisa… ¡Brille para ella la salud perpetua!.

Todo lo narrado aquí es ficción, excepto el último párrafo. Se reciben felicitaciones en relatostransmedia@gmail.com

No se deja de reír cuando se envejece. Se envejece cuando se deja de reír. Un abrazo. Feliz semana. La mía por las razones aquí expuestas, pinta de maravilla.

 

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