Columna LÍDEROtros

Los Mercaderes del Fútbol

 

Estrenamos horario en la liga y todo debido a que el futbol colombiano ya no lo maneja la Dimayor si no el jugoso contrato de televisión que tiene sometidos a muchos incluidos “respetados” periodistas del país. No importa, como diría Maradona, sí toca jugar a la 1 de la tarde a pleno sol o en horas de la noche del domingo cuando la gente ya se apresta a descansar su resaca de fin de semana.

En la década de los 70, Luis Gabriel  un cantante colombiano, del mal denominado género “protesta”, cantaba con su guitarra terciada al hombro, “yo le vendo, vendo yo le vendo hasta el amor en cómodas cuotas mensuales y hasta sin financiación”;  me parecía una alucinación musical eso de vender hasta el Amor.  ¿Cómo se podría vender, por ejemplo, el amor que desde niño cultivamos por un equipo de  futbol? Esa era sin duda una aseveración traída de los cabellos digna solo de “cambalache” el famoso tango de Discepolo cuando en su triste tonada afirma:

-“El mundo fue y será una porquería  ya lo sé  En el quinientos seis y en el dos mil también…Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente  ya no hay quien lo niegue”

¡Cuánta razón tenía  Discepolo!. 

El futbol colombiano se “peruanizó”, tenemos partidos todos los días,  a cualquier hora, sin importar la calidad del espectáculo, mucho menos la opinión y la crítica del público en general que solo tiene una manera de hacerse sentir, ausentándose de los estadios.  Las flojas entradas, los bajos promedios de asistencia, las pobres taquillas, así lo demuestran. 

La televisión manda y eso según algunos comentaristas comprometidos en el negocio está bien.  ¡Claro que está bien cuando de defender jugosos contratos se trata! Cuando la capacidad de opinión y crítica se hipotecó a intereses particulares de este mega negocio. ¡Pensar que el periodismo deportivo  colombiano se paseó por el continente como un ejemplo de imparcialidad y objetividad!

-“Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos No hay aplazaos ni escalafón los inmorales nos han igualao” .

El “nuevo estamento del futbol” sabe que debe ser rentable y entiende que como en el caso de la política, la religión  o el vicio, el deporte es una herramienta de manipulación. Este fenómeno de masas, es ideal para alcanzar intereses particulares.

Hoy nos venden un futbol colombiano inflado desde  la publicidad;  un espectáculo que poco a poco se ha ido alejando del sentimiento natural de quienes lo amamos. Los equipos cambian hasta los colores tradicionales de sus uniformes sin importar la identidad que a lo largo del  tiempo  se construyó identificando una pasión.  Hoy el blanco de Manizales viste de negro o el rojiblanco de Barranquilla sale con un azul desteñido, no importa. Son otras razones las que mueven el negocio lejanas  al sentido de pertenencia de siempre.

Recuerdo que hasta hace muy poco se afirmaba sin rubor  que se podía cambiar de todo menos de equipo de futbol;  hoy esa afirmación ya no es válida porque los  cuadros de futbol no son nuestros, son de los intereses de unos pocos que se enriquecen con él.

-“Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición da  mismo que sea cura colchonero rey de bastos caradura o polizón!”

RafaV.

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