Columna LÍDEROtros

Nacional Campeón. Santa Fe y sus Fantasmas.

Por: Rafael Villegas.

Nacional ganó bien. Jugando un partido táctico propio de su estratega Juan Carlos Osorio quien con sus manejos le dio a Nacional la estrella número 12, contrario a los vaticinios de sus más enconados detractores entre hinchas y periodismo que sumaban mayoría que clamaban por la salida del técnico pereirano del banco verde. En el futbol es un axioma que cuando los resultados se dan, poco o nada vale aquello de quién tenía la razón, el resultado está allí y punto.

Desde la formación inicial del nuevo campeón, se entendía que el cuadro antioqueño iba a montar una guardia pretoriana de siete templarios  custodiando el santo grial de su arco cubierto por la inmensa talla de su golero Armani. Jugar con Nájera, Murillo  Henríquez como zagueros, respaldados por Mejía y Valoy, sumaban cinco voluntades en una cooperativa solidaria que cancelaba cualquier intención de ataque por el centro  clausurando cualquier posible  circuito de juego de un disminuido Omar Pérez con sus delanteros.

Arriba jugándose la vida un solo punta, Jefferson Duque, quien dejó flotando en el Campin su aureola de crack y una pregunta, ¿cómo es posible que no sea titular indiscutido de este Nacional, cuando demuestra que es mucho más que el alicaído Ángel en el  ocaso de su carrera o del costoso Uribe con más dudas que aciertos en el verde?   La respuesta seguramente pasa por la cuestionada y  tan criticada teoría de la rotación de Osorio, aceptada cínicamente – después del triunfo verde-  por sus fustigadores, quienes hábilmente mezclaron en un proceso de alquimia macondiana,  la magia de la palabra, el resultado, la emoción y el amor incondicional del hincha a su divisa  para transformar lo que consideraban un error del técnico en su ¡mayor acierto!

Santa Fe perdió víctima de sus fantasmas,  los mismos que lo llevaron a quedarse por fuera de la Copa Libertadores y ahora de un título de liga. Los fantasmas que se recrearon  en el cansancio innegable del equipo mostrado en sus últimos juegos.

Foto: León Darío Peláez.

Fantasma arropados con la manta del desconcertante bajón de rendimiento de su máximo generador de futbol  Omar Pérez;  la extrema, nociva   y viciada dependencia que el cuadro rojo  tiene del volante argentino que cuando no aparece simplemente Santa fe no encuentra la brújula de su futbol y se ahoga en su propia incapacidad. Aunque parezca increíble en esta  colectividad se depende de un solo jugador, el mismo que en los últimos encuentros mostró lagunas futbolísticas  que se hicieron cada vez más largas y notorias;  refugiado en zonas de poco compromiso por grandes espacios del juego,  equivocando pases increíbles en el momento de sacar al equipo, sin el brillo del cobro con pelota detenida o la genialidad para dejar mano a mano a los delanteros en posición de gol;  en fin todo aquello que está oculto a los ojos de la admiración y la fe ciega del hincha que ve en los botines de su ídolo la lámpara de Diógenes en la oscuridad creativa del equipo. Lo anterior   lleva a pensar que la importancia de Pérez  en este Santa Fe amerita una revisión.

¿Quién pude ser el reemplazo del 10, o por lo menos darle una mano,  no solo a él  si no al equipo cuando el cerebro se cansa y su físico no responde?  En el partido contra Olimpia el técnico  Gutiérrez pensó en Emanuel Molina como rueda de auxilio en la creación,  pero la alternativa se lesionó en el minuto 3 de la primera etapa y la idea se abortó prematuramente.

 Los goles del equipo rojo cayeron básicamente en la producción de Wilder Medina quien al final resultó “el pichichi”  del  torneo con 12 anotaciones en la liga local, seis más que Pérez su escolta goleadora.  Medina marcó 4 en la Copa Libertadores. Sin embargo en la fase definitiva cuando sus goles eran fundamentales, el jugador cayó en ansiedad que lo hizo lucir atropellado y torpe, Wilder no resistió la responsabilidad que le colgaron los medios  de gran figura y esperanza de triunfo.

Sus anhelados y esperados goles  frente  a Nacional en la final se perdieron en una lucha personalizada con el técnico de los verdes que lo desconcentró con sus  calificaciones de jugador marrullero y simulador, enfrascándose en una  lucha sin cuartel con los defensores de Nacional que solo sirvió para un desespero “in crecendo” en la final.

Contra Olimpia marcó su último gol en una jugada de rebote que aún se discute. En este último partido de la liga, cuando pudo consagrarse en la historia cardenal,  anduvo con el cuerpo en el Campín pero mentalmente oteando en lo que puede ser su campaña en  Barcelona de Guayaquil. ¿Alguien celebró que Medina recogiera el trofeo de goleador?  Creo que él mismo sintió pena con su hinchada y se refugió rápidamente en el mundo solitario y mudo de un vestuario derrotado.

La transferencia de Medina a Barcelona de Ecuador fue un craso e inoportuno  error  de la directiva que negoció a su goleador en plena fase final, cuando lo lógico era cumplir con los objetivos:  pelear la clasificación a la final de la Copa Libertadores y el título local. El presidente santafereño César Pastrana, con la mira puesta primero en el dinero, desconcentró a un jugador  de sus objetivos, el cual ha probado no ser muy fuerte en la parte mental.  Nadie duda de las buenas intenciones del presidente pensando en la economía del club y el bienestar del  jugador, pero fue totalmente inoportuna la operación por todo lo que se jugaba en estas instancias. Lo que se hizo con la mano al recuperar a un ser humano del infierno que atravesaba se borró con el codo  por no saber leer los tiempos.

Así las cosas, el panorama para el cuadro rojo de Bogotá, en la final frente a Nacional no fue muy alentador, sus dos mejores jugadores deambularon por la cancha como fantasmas en cuerpo ajeno, solo asustando a incautos por momentos con sus aspavientos de terror.

Ganó Nacional con su futbol de tablero, amarrado para algunos, pero al final de cuentas el que gana es el que goza. En Santa Fe su buen jugar,  la buena campaña  y sus números se quedará solo como anécdota, con el riesgo cierto  que, como sucede casi siempre, se olviden rápidamente en este mundo del futbol donde la historia se escribe con títulos.

RafaV

rafael.villegas@colombiasports.net

 

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