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Pequeña Oda en una Olimpiada

Por: José María Alfaro.

Tensos ímpetus y ansias bajo un lujo
de cielos en delirios de banderas.
Voz única corriendo sobre el campo,
duro el clarín de las pisadas nuevas,
lejos de ocio y desmayo, en un despliegue
de músculos y estrellas.

¡Capitanes de esfuerzo, firme el brío!

Muerto azar de laureles sin fronteras
cobijado en un huerto
florecido de metas.
Improntas de peligro bajo el triunfo,
mordiendo la sonrisa en la carrera,
sin que se oigan la sangre y el jadeo.

¡Capitanes de esfuerzo, siempre alertas!

Ardoroso de vientos y de soles,
el que camina con la frente enhiesta
tiene el puño, el freno y la zozobra
del músculo en espera;
por su volar ha visto contenidas
espada y bala, tempestad y flecha.

¡Capitanes de esfuerzo, firme el brío!

Claro el rumbo, la aurora se ha hecho piedra
en la seca mirada que retiene
mármol de estatua y fuego de quimera.
¡Un temblor de clarines y un aliento!
Quiebra en el aire un despertar que vuela
sobre pavés de gritos.

¡Capitanes de esfuerzo, siempre alertas!

Luces de gallardetes, voz en ríos
por el ¡hurra! sin fin de cielo y tierra.
Al campeón, la sed de las miradas,
y un fuego de delirios en cadena
para forjar los brazos de la pausa.
(Un paso atrás, suspiros y azucenas).

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