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Poesía al boxeo

Por Nicolás Gillén.

En el libro: La paloma de vuelo popular (1958)

¿Qué sé yo de boxeo,

yo, que confundo el jab con el upper cut?

Y sin embargo, a veces

sube desde mi infancia

como una nube inmensa desde el fondo de un valle,

sube, me llega Johnson,

el negro montañoso,

el dandy atlético magnético de betún.

Es un aparecido familiar,

melón redondo y cráneo,

sonrisa de abanico de plumas

y la azucena prohibida

que hacía rabiar a Lynch.

O bien, si no, percibo un rayo de la gloria

de Wills y Carpentier; o de la gloria

de Sam Langford… Gloria de cuando ellos

piafaban en sus guantes, relinchaban,

altos los puros cuellos,

húmedo el ojo casto

y la feroz manera

de retozar en un pasto

de soga y de madera.

Mas sobre todo, pienso

en Kid Charol, el gran rey sin corona,

y en Chocolate, el gran rey coronado,

y en Black Bill, con sus nervios de goma.

Yo, que confundo el jab con el upper cut,

canto el cuero, los guantes,

el ring… Busco palabras,

las robo a los cronistas deportivos

y grito entonces: ¡Salud, músculo y sangre,

victoria vuestra y nuestra!

Héroes también, titanes.

Sus peleas

fueron como claros poemas.

¿Pensáis tal vez que yo no puedo decir tanto,

porque confundo el jab con el upper cut?

¿Pensáis que yo exagero?

Junto a los yanquis y el francés,

los míos, mis campeones

de amargos puños y sólidos pies,

son sus iguales, son

como espejos que el tiempo no empaña,

mástiles músculos donde también ondea

nuestra bandera al fúlgido y álgido viento que sopla en la montaña.

 

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