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Por el respeto a UBLIME

Por: Orlando Buitrago Cruz.

En los estadios de Colombia,  el himno nacional está en serios aprietos y valdría la pena  pensar en algunas medidas.

Si del mundillo del fútbol dependiera, nuestro himno debería asilarse en Panamá, lo cual podría ser positivo, pues Pilar Hurtado tendría algo más que cantar (la pobre debe estar cansada de murgas y tamboreras).

Para el himno nacional el tema es crítico en el torneo local, porque en partidos internacionales brota cierto patrioterismo (no mucho, pero peor es nada),  y reina algo de quietud en las tumbas de Oreste Síndici  y Rafael Núñez, que dejan de revolcarse al menos por un rato.

El himno nacional afronta varios problemas:

Muchos no se lo saben y tampoco tienen  interés alguno en aprendérselo. Al parecer la gente no tiene tiempo para gastarle esfuerzos a una letra complicada habiendo otras tan ricas y apretaditas, y sobre el hecho facilísimas.

Los que se lo saben no lo cantan, por pena, por pereza, o porque no se sienten identificados con la letra, que a decir verdad, es muy lírica para estos tiempos, en donde a nadie le interesan 11 estrofas, pues lo que se venden son TWEETS de 125 caracteres que arman batallas campales, al lado de las cuales las de Boyacá y Pantano de Vargas parecen trifulcas familiares sin importancia.

Muchos futbolistas no se lo saben, o no les da la gana cantarlo (es más factible lo primero), entonces aprovechan el momento del himno para enviarle besos o hacerle roscas a la cámara.

Los de las tribunas laterales desahogan su resentimiento con el país y justo en el himno entonan cánticos cargados de madrazos, no he podido detectar para quien van dirigidos, a los mejor sean para lo boyacenses y los llaneros, ya que por culpa de ellos no somos españoles, pero los muchachos deberían entender que eran soldados cumpliendo con su deber (aunque de no ser por la crisis actual de España, uno podría matarse la cabeza pensando en si la independencia valió la pena).

En gran parte de las emisoras que transmiten fútbol al himno le dan tratamiento de perro promiscuo, lo capan para darle paso a un comercial (bueno, todos los días a las seis de la tarde pasa algo similar).

El que pareciera salvarse es el himno de Bogotá, pero eso no es más que un populismo cantinflesco, porque esta ciudad tiene escasos dolientes, pues de lo contario el zarzo  estaría oliendo a feo, ante la escaza justicia que se le ha hecho a Bogotá después del bogotazo de cuello blanco al que fue sometida por el carrusel de la contratación y otros demonios. Y para colmo de risas, muchos periodistas deportivos que eran mega lambones con Samuel Moreno, están angustiadísimos por el tema de las basuras, y en parte los entiendo, porque yo también estoy angustiado, y eso que no dejé por ahí tiradas rodilleras y baberos que hubiese utilizado para relacionarme con la administración anterior.

Pero volvamos al himno. Una de las posibles soluciones es dejar que una estrella de la música sea la que lo interprete, pero eso en realidad es una precaria copia de la cultura gringa, que ya ha tenido tragos amargos en nuestro medio, el más amargo fue para el pobre UBLIME pues ni Piedad Córdoba ha podido averiguar en donde lo tienen.

Eso de un cantante interpretando el himno nacional  es como música gregoriana en el carnaval de Barranquilla. Nosotros no somos así. Nosotros somos trópico, lo de himno debe ser para la tribuna, para la gente enardecida en sentido positivo (para  la construcción de esta última expresión me asesoré de una señorita Antioquía, espero nos haya quedado bien la propuesta de figura literaria).

Pero el problema es que la gente o no se sabe el himno, o no lo quiere cantar, y las nuevas generaciones no le tienen ningún respeto (o no se identifican con él).

El himno paulatinamente deja de calar en el corazón de la gente (los emociona más un autogol). Alguna vaina hay que hacer, a lo mejor actualizarlo y cambiarle la letra, pero para eso habría que tener mucho cuidado, no va y sea que algún bruto se apoye en los estudios de sintonía, y en el coro nos metan a LOS TRES CAINES, a Rosario Tijeras y demás bandola de nuestra narco-TV-literatura.

Si no aparecen soluciones para el himno lo mejor es eliminarlo de las ceremonias de protocolo, que paradójicamente, a veces parecen la parte más burda y ordinaria de la velada.

Quisiera seguir hablando del himno nacional, pero me acaba de llegar un correo con un artículo acerca de que engorda más entra la papa y la pasta. Ese es un tema con el mi abdomen se siente muy identificado. Así que, los dejo.

Para cualquier inquietud o insulto me pueden escribir a: orlandobuitrago10@yahoo.es

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