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Por qué despedí a mi secretaria

 

A propósito del Día de a Secretaria que celebramos en Colombia cada 26 de abril, traemos un texto jocoso encontrado en internet:, no sin antes felicitar a estas maravillosas profesionales por eleficiente  trabajo que cotidianamente realizan.

 

Por qué despedí a mi secretaria

 

Esta es la historia de un hombre que le relataba a un amigo por qué había despedido a su secretaria.

Dos semanas atrás, contaba él, fue mi cumpleaños número 37 y no me sentía nada bien cuando me levanté esa mañana.

Fui a desayunar sabiendo que mi esposa estaría contenta y me diría: “¡¡¡Feliz Cumpleaños !!!”, y quizás tuviera un regalo para mí, pero ella ni siquiera me dio los buenos días. Yo dije para mis adentros… “bueno, quizá mis hijos se acuerden”.

Los niños vinieron a desayunar y no dijeron ni una sola palabra. Cuando me fui a la oficina me sentía totalmente deprimido, y para mis adentros pensé: -“Ni siquiera el perro se mostró agradecido. Valiente chiste éste de celebrar un cumpleaños más. A toda mi familia le importo poco”.

Al entrar en mi despacho, mi bella secretaria Vanesa, me dijo: “Buenos días licenciado y Feliz Cumpleaños !!!”. Ahí me empecé a sentir un poco mejor, por lo menos ella sí se acordaba…

Después de innumerables reuniones y telefonazos, ya cerca de las dos de la tarde, entró Vanesa y me dijo: “¿Sabes … hace un día precioso y además es tu cumpleaños, que tal si vamos a almorzar los dos solos, tú y yo?”.

Y yo me dije: “Esta es la mejor cosa que he oído en todo el día”. Así que, tomé mi saco y salimos. En Vez de ir al lugar acostumbrado, fuimos a un sitio “seguro”, en el campo, un lugar mucho más privado.

Almorzamos y nos tomamos varios Vodkas, la comida estuvo deliciosa, nos divertimos bastante. De regreso a la oficina, ella dijo: “¿Sabes…? para que
desperdiciar este ambiente?, mejor no vayamos a la trabajar. En vez de regresar a la oficina, te invito a mi apartamento en donde te podré preparar otros deliciosos Vodkas o lo que tú quieras”.

Yo, no corto ni perezoso acepté. La verdad es que ni siquiera tuvo que insistir.

Una vez dentro del apartamento, puso música suave (por cierto una de mis preferidas), la luz tenue y me dijo de manera prometedora: “Si no te molesta, creo que voy a mi recámara a cambiarme de ropa y ponerme algo más cómodo, ahora regreso”.

Yo, la deje ir … no me molestaba eso. Ella entró en su habitación cerrando la puerta a su paso, y a los seis minutos regresó cargando un gran pastel de cumpleaños, seguida de mi esposa, mis hijos y algunos compañeros de oficina, todos ellos cantando “Cumpleaños Feliz”.

Y allí estaba yo, desnudo en la sala, únicamente con los calcetines puestos.

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