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Crónica de una épica clasificación

Remontada memorable: de 0-3 a 3-3

Por Rafael Villegas.

En una tarde  mágica donde los sentimientos viajaron a la velocidad de las emociones,  los colombianos vivimos una jornada épica en el balompié nacional sólo comparable con el 4 -4 frente a  URSS, el 1×1 frente a Alemania  ó el 5-0 en la derrota vergonzosa de Argentina frente Valderrama y su corte.

Desde temprano el estadio Metropolitano  se  colmó de hinchas que como abejas se fueron arrimando a su colmena natural. En un costado del estadio dos mil chilenos decían presente contagiados por el bullicio de un escenario  inundado de jolgorio.

La primera inquietud era quien jugaría por la derecha  ante la ausencia de Zúñiga, si iría o no Macnelly a la mitad del campo,  si  Pekerman colocaría a su alfil secreto Aldo Leao Ramírez;  de lo que no había duda es que el alfa y omega del equipo está escrito: en el arco Ospina y arriba Teo y Falcao.

Como cosa extraña en el caribe, el sol  no apareció, su brillo se negó a ser disipado por la pluralidad de lentes que hacían aún más bellos los rostros de las mujeres colombianas.

Inicio el juego y Colombia con su responsabilidad de favorito remato al arco chileno a los tres minutos. Primera oportunidad, desperdiciada, nadie se alteró por que de seguro llegarían más oportunidades.  Los visitantes desplegaron en el campo todo el manual táctico, hicieron de la presión alta su mejor arma obligando a Colombia a jugar largo y dividir la pelota, explotaron el costado del desangelado Stefan Median y lanzaron a sus templarios a crucificar  la lentitud  de  Yepes en el sector defensivo. 

Transcurría el partido y rápidamente los araucanos obligaran a Ospina a equivocarse cometiendo una falta de penal que ejecutada por Vidal marcaba el 0 x 1. El silencio invadió el estadio. Por primera vez Colombia recibía un gol como local, por primera vez perdía en casa. La tambora seguía sonando y sus sonidos llamaban a la fe.

 Los “mopochos”  continuaban  al ataque sin dejar respiro,  llegó el segundo con Alexis Sánchez  que dejó corriendo a Yepes como cuando se pierde el bus para no llegar tarde al trabajo;  apareció el tercero ante una pifia del embrujado Medina;  0 x3 antes del media hora del partido, Colombia  perdía  de manera insólita frente a un equipo austral que saboreaba el sabor de la revancha como su mejor vino.

El rostro del pibe Valderrama no podía ser más diciente, su cabellera dorada no ondeaba y su mano sosteniendo el mentón asimilaba más al pensador de Rodin que al último alegre embajador del futbol -arte que tuvo el país.

En un costado de la cancha,  el técnico chileno mostraba un tufillo de inseguridad vendiendo la sensación que el crédito aprobad de 0 x3  no le alcanzaría para terminar de pagar su tiquete al mundial.  Pekerman más adusto que siempre, solo entendía que no entendía.  

Pero faltaba un tiempo y esto es futbol como diría el lustrabotas de la calle. Inició la segunda parte y el caballero  andante de la triste figura decidió corregir y sacar de su botica los remedios caseros para devolverle la salud a su selección enferma.  Entendió que Medina era una apuesta perdida, que Abel Aguilar uno de sus alfiles estaba tocado por la falta de ritmo  inactividad; recurrió a Guarín su hijo más olvidado y a Macnelly  a  tratar de tapar los orificios por donde se filtraba  el agua que convertía a este titanic  en un  submarino amarillo.

La actitud fue otra, las pócimas obraron sus cometido, y su decisión de adelantar líneas jugar con tres en el fondo abrir la cancha, le dieron al equipo el impulso necesario para hacer la heroica, remontar un 0 x 3.  La tribuna entendió que había que elevarse  ante la adversidad para respaldar a sus jugadores   y poder derrotar a los fantasmas que se habían apoderado de su castillo barranquillero. 

Marcar un gol cuanto antes era primordial  el dios Cronos inexorable  iba dejando caer los minutos en tiempo pasado  sin posibilidad de recuperación alguna.  

Llego el primero,  James por derecha, apoyo de Armero con más voluntad que técnica, centro atrás y el hijo de “la chinita” Teófilo  puso el primer adobe de esta remontada memorable, 1 x 3. Luego  un par de faltas de penal que ejecutadas por Falcao pusieron a delirar un país que como de costumbre fue capaz de vivir en medio de sus inseguridades con la ilusión de un mejor mañana.

La angustia se fue y llegó a euforia vestida de alegría, gritando a voz en cuello el orgullo de su satisfacción. Pekerman por primera vez gozo como un colombiano más soltó  un “madrazo”;  cargado en hombros vivió algo que jamás olvidara, recordó a su hija colombiana,  le había cumplido tantas ausencias  clasificando al mundial. En la cancha los arqueros se abrazaron ante algún micrófono que lucía como cámara indiscreta  en cuarto de  amantes. El país en júbilo, una vez  más recorrió este camino por la cornisa delgada del drama a la alegría y la euforia. Un viaje bipolar que nos negamos a abandonar… porque así somos.

rafael.villegas@colombiasports.net

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