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Réquiem por la Radio

Por Hernán Payome Villoria.

Hablar de ciclismo, y específicamente de Vuelta a Colombia, implica de manera obligatoria hablar de la Radio Colombiana. La primera con 63 años de historia, y  la segunda, con cerca de un siglo en sus espaldas, se unieron de manera fraternal en 1951 cuando la inconfundible voz del costarricense Carlos Arturo Rueda C., relataba de manera delirante y haciendo uso de la más prolífica imaginación, todas las aventuras que se vivieron en los albores del deporte insignia de Colombia.

Poco a poco van quedando en el pasado y perdiéndose en un vago recuerdo, las voces de Darío Álvarez, Julio Arrastía Bricca, Armando Moncada Campuzano, Alberto Piedrahita Pacheco, Pastor Londoño Pasos, José Antonio Churio, Javier Alberto Buitrago, Alberto Martínez Prader, mientras logran mantenerse las de César Augusto Tobón, Jairo Chaves Ávila, Rubén Darío Arcila y, en un exilio voluntario, Marco Tulio I. Puerto. Es una larga caravana de voces y comentarios que, como fila india, se van perdiendo a la distancia en un viaje que no tendrá retorno, porque jamás se previó un relevo generacional que permitiese tener siempre un AS bajo la manga para no dejar la cuenta en rojo.

También quedarán en el pasado, aquellas batallas campales de voces y talentos, emanadas de los transmóviles, radioguías y caracoles de las tres principales cadenas radiales del país, cuando aún existía una Radio abierta y democrática, exenta, casi por completo, de exclusividades.

Curiosamente, lo que para el ciclismo colombiano significa un antes y un después el haber corrido en Europa, para la Radio también lo significó de manera contundente. Antes, nada más importante que correr y transmitir La Vuelta de la Juventud Mejicana, aquella que viera ganar al “Cóndor de Cundinamarca” Álvaro Pachón; eso era lo máximo tanto para ciclistas como para periodistas. Luego, en 1980, se partiría la historia en dos: Tour de L´Avenir; Colombia Campeón con Alfonso Flórez Ortiz. Se abría de manera magistral e inesperada, una gigantesca puerta que dejó al ciclismo criollo frente al Tour de Francia en 1983, con un equipo aficionado, y posteriormente ante el apoteósico triunfo de Martín Ramírez en la Dauphiné Liberé  de 1984, seguido por la Vuelta a España con “Lucho” Herrera en 1987 y el tercer cajón del podio en el Tour de Francia con Fabio Parra, en 1988. Si no fue la época más romántica del ciclismo, si fue la mejor en resultados y en exhibición de los nuestros en el exterior. Luego vendría un vendaval de carreras en Colombia que no daba abasto ni para periodistas, ni para patrocinadores y anunciantes. Se corría desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre…sin parar: Clásica Futuras Estrellas, Vuelta del Porvenir, Clásica Colprensa, Caracol de Pista, Caracol de Montaña, Triple Contrarreloj, Clásicas regionales, Clásica Fruterías Patty, Vuelta de La Juventud, Clásica Mundo Ciclístico, Clásico Nacional de Turismeros, Clásica Súper, Clásica Occidente de Cundinamarca, Clásico RCN, etc. El ciclismo colombiano y los ciclistas de Colombia tocaron la cúspide.

La transmisión por televisión, conocida en los eventos internacionales, logró rasguñar con relativo éxito algunas transmisiones locales que finalmente, por tramas políticas y comerciales, no prosperaron. Entre tanto, la Radio deportiva, en inocultable competencia, recurría al ingenio y la creatividad para no ceder un milímetro ante sus rivales. Concursos, incentivos, premios, talento y hasta humoristas, colonizaron las escotillas y las tribunas para llamar la atención de los oyentes.

Pero todo pareció ser tan sólo flor de un día cuando, con el retiro de Fabio Parra, “Lucho” Herrera, Oliverio Rincón y Álvaro Mejía, sumado a la ausencia de nuevos talentos y al abandono de los dos grupos económicos de mayor patrocinio en el país, nuestro deporte bandera entró en un bache en el cual invertir en Radio ya no era rentable, sumiéndose todo en un ambiente de desidia, rutina y aburrimiento. Al parecer, después de haber estado en Los Campos Elíseos o en el Paseo de La Castellana, a muy pocos podría importarles una Clásica departamental. Sólo actuaciones esporádicas de algunos de los nuestros lograban, por efímeros momentos, revivir las emociones de otras épocas.

El despertar de una nueva tecnología que siempre irá de la mano de las nuevas generaciones, ha convertido a la Radio en algo de segunda mano, superada fácilmente por medios como la internet, la telefonía celular y la televisión por cable. La Radio colombiana, aquella que hace 30 ó 50 años arrastraba multitudes, hoy sólo genera bostezos. Simultáneamente, la señal por televisión, en un esfuerzo que debe reconocerse, sigue muy distante de las transmisiones que acompañan competencias como el Tour de Francia, el Giro de Italia y La Vuelta a España, sin mencionar Clásicas de Primavera y demás eventos ciclísticos del viejo continente. Lo peor de todo es que el aficionado común y corriente sigue dando saltos de un lado a otro, tratando de encontrar quién le dé la mejor información, sin sentirse plenamente realizado en ninguna parte.

En un país eminentemente radial, puede decirse sin temor a inexactitudes, que la Radio le dio vida a La Vuelta a Colombia hace 63 años, y hoy se la está quitando, al haber dejado toda la responsabilidad a un solo medio que cada día toma más caracteres de unipersonal. Y el problema mayúsculo radica en que un país tan heterogéneo como el nuestro, necesita de la Radio, de la Televisión, de la Internet, de la Televisión por cable, de las redes sociales, etc., si es que realmente se pretende estar a la altura de las grandes competencias del mundo y de organizadores de carreras como la ASO. De lo contrario, seguiremos hablando de La Vuelta a Colombia como una dama de 63 años con comportamientos de adolescente. Y eso, en nuestro concepto, puede ser frustrante.

Fuente: revistasolociclismo.com

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