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Romance del gol de mar

Por: Jesús Castañón Rodríguez

(Ganador del III Premio de Poesía Deportiva Juan Antonio Samaranch en 1990)

Tarde-noche de domingo,
en una playa de masas
que buscan su diversión
entre una bruma de farias,
densa humedad de licor
y caracolas de lata,
torcidas conchas de gas
sin ecos de aguas lejanas.
Sol de luz artificial,
verdosas olas segadas,
arena en cemento gris,
relax para la semana.
Cada tarde y cada noche,
el mar mantiene la calma
hasta que rompe su ritmo
en olas entrecortadas:
con un rugido de “g”,
sonora ola se levanta
para cimbrear su cuerpo
junto a una “o” alargada
y romper su entonación
en una “l” en cascada.
Marea vibrante de espumas
en fuerte batir de palmas
que se filtra en tenue arena
con un clamor de bravata,
reducido, lentamente,
hasta morir en la playa.
Gradas vacías dan paso
al tren de la madrugada
mientras las redes de meta
y la gris arena callan,
guardando inercias en eco,
sirenas de gloria y fama
entre el rugir repetido
de olas de fin de semana.
Sonoros goles de mar,
que por fuerzas soterrañas
del dios Poseidón, transmiten
paz, libertad, sueños, calma…

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