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Sexo y fútbol son compatibles

Por: Orlando Buitrago Cruz.

El primer gran debate en torno al sexo se dio en el siglo V a raíz de un decreto del obispo de Hipona, en el norte de África, el cual textualmente decía: “toda actividad sexual es moralmente reprobable y pecaminosa, excepto la introducción del pene de un marido en la vagina de la esposa, con la mujer debajo de hombre, y con la misión única de procrear”. Desde ese momento a la posición descrita en el citado decreto se le denomina la posición del misionero, que  de paso confieso, es la única que me sé.

A lo mejor usted se debe estar preguntando: ¿y eso qué tiene que ver con el fútbol?… no se preocupe, más adelante se dará cuenta.

En el siglo XVIII el sexo dejó de ser problema exclusivo de la iglesia, pues a los científicos les dio por entrar a terciar para aportarle más oscuridad, mitos y pendejadas, a lo único que se le medio acerca al fútbol, cuando de placer se trata. He aquí algunas perlas del collar de la ciencia médica:

En el año 1750, los médicos Herman Boerhaave y John Brown aseguraron que el gasto de semen producía decaimiento, debilidad cerebral, oscurecimiento de los sentidos, cansancio muscular y deterioro espinal entre otros. Menos mal que eso resultó ser falso, pues de lo contrario, entre los 34 y los 38 años uno ya estaría retirado, y con el agravante de que en esos terrenos no hay la posibilidad de convertirse en director técnico, y difícilmente se podría encontrar un puesto como comentarista.

En el año 1760, un tipo de apellido Tissot y cuyo nombre no me sentí motivado a investigar, aseguró que había tres motivos por los cuales el cuerpo no podía restaurar la energía perdida: la pérdida de sangre, la diarrea y la actividad sexual: sin duda ese señor era un guache recontra ordinario, solo a un sujeto así se le puede ocurrir meter en la misma talega al sexo y a la diarrea.

En el siglo XIX John Harvey  Kellogg  creó los cereales Kelloggs como cura dietética contra la masturbación, a la cual desde tiempos remotos se le imputan los siguientes cargos: producir debilidad física, debilidad cerebral y acné. Debo decir que esas acusaciones son falsas, lo puedo asegurar, y podría ser un testigo clave de la defensa: no tengo acné, soy fuerte física y cerebralmente… y nunca he comido Kellogs (entre otras cosas, por asuntos presupuestales).

A las bestialidades de los científicos de antaño se han sumado algunas voces del presente (cabe recordar, por ejemplo, que hace poco por ahí se dijo que los niños que comen pollo pueden terminar metidos entre un closet).

 

 

Los periodistas deportivos alguna vez también entramos a terciar en el tema del sexo, y fueron incontables las polémicas con respecto a la conveniencia o inconveniencia de las relaciones sexuales antes de un partido de fútbol. Y como buen amante del trabajo de campo hice la prueba un montón de veces, ello me permitió establecer algunas conclusiones: las relaciones antes de un partido de fútbol para nada me han afectado, he podido montar una hora en bus, hacer fila otra hora para comprar la boleta y ver los 90 minutos de juego sin sentir el menor malestar… de pronto he tenido un poco de dolor de cabeza después del partido, pero eso sin duda es por culpa del espectáculo…

¡Ah! y algo que también me ha quedado claro es que el sexo después del fútbol tampoco me afecta en lo más mínimo, en cambio, sí he llegado a pensar que de pronto fue la causa de mi tempranero retiro del ajedrez.

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