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Tenis colombiano, a pisar cada vez más fuerte

Por: Pablo de Narváez
Periodista Federación Colombiana de Tenis.
 

La derrota contra Japón por el repechaje del Grupo Mundial de Copa Davis fue muy dolorosa. Frustración de saber que el tren pasó muy cerca, 2- 1 a favor al inicio de la jornada dominical. Pero seguro habrá desquite. Vale recargar pilas. Vale revalidar el sueño. Para eso estamos. Mientras tanto habrá que corregir errores y revisar cuestiones, blindar al equipo aún más de la adversidad que conlleva la escalada hacia ese gran objetivo, ¡una cumbre!; fortalecer las individualidades en pos del equipo, persistir y redoblar esfuerzos para custodiar esa fuerza interior que emerge en los momentos culmines.

Y crecer en mesura desde la prensa. Dicen que faltaron cinco para el peso, frase que ha herido históricamente las entrañas del deportista nacional y del deporte colombiano. La prensa especializada está obligada, si es profesional y le apunta a la excelencia, a estar a la altura del brillante momento del deporte colombiano, a analizar rigurosamente el espectáculo deportivo; que aporte, que siembre algo en quien lee o escucha, coincidas o no; y que se ajuste más allá del score a un análisis integral, tal como los mismos periodistas dicen, radica la gran falencia formativa del tenista nacional.

La generación dorada del tenis colombiano – esta que se ha clasificado en tres años dos veces a la repesca del Grupo Mundial – vaya si tiene todavía madera. Giraldo, Farah y Cabal promedian los 25 años, y Falla, el de mayor edad, declaró en respuesta a rumores infundados que tiene combustible que lo moviliza. Actitud de un guerrero sin cédula.

“Me preocupa pensar quién viene atrás. No conozco otra generación como esta”, dice una periodista colombiana en el marco de sus análisis sobre la situación del tenis nacional, tras la caída en Tokio. ¡Y es que no la hay!

Siempre será un buen momento para hablar sobre el recambio generacional. Pero poner sobre el tapete el tema como lo han hecho varios, justo después de lo ocurrido es oportunista e injusto. Un resultado no puede dominar la tinta y el verbo decretando el final de carreras que merecen respeto, ni obviando el camino que se ha transitado.

Existe una camada de tenistas juveniles y unos ya profesionales que están adquiriendo experiencia, están sembrando a partir de la preparación cada uno con sus armas y en diversas regiones del país, en un camino que avizoran fructífero. Como todas las generaciones deportivas, cuando aparecen refrescan y esperanzan. Hoy Luis Valero, Daniel Elahi Galán, Barlaham Zuluaga, Mateo Ruíz y Pedro Pablo Ruíz, Felipe Escobar, Juan Manuel Benítez, Juan Sebastián Mariño, son nombres propios que quieren escribir su historia y que rondan los 17 y 19 años, son esa nueva sangre. Materia prima hay. Se deberá rodear de las herramientas para su acorde desarrollo, un proceso cada vez más largo. Los campeones ya no se coronan a los 18 años. La receta es trabajo, disciplina y mucha paciencia. Sin enfocarse en los resultados sino en aprender, en mejorar a partir de la competencia.

Y para nutrir el vacío que hay entre estos juveniles y los más grandes, los de Copa Davis, se requiere confianza, atrevimiento, fogueo. En ese escalón está un grupo de entre 19 y 23 años, Alejandro González, Eduardo Struvay, Juan Carlos Spir, Felipe Mantilla, Nicolás Barrientos que tiene 25, el primer relevo generacional.

Para todos ellos poder competir y ganar puntos en casa es de enorme ayuda. Por eso el tema de organizar más torneos profesionales es muy importante, para que se alimenten de los ricos frutos hechos puntos, encaramen y se consoliden.

Esta generación dorada, aunque el imán de un top 10 sea más poderoso y aunque de los singlistas el único con un título ATP sea Mauricio Hadad, ya retirado, ha entusiasmado a muchos niños y niñas de Colombia a empuñar una raqueta y a apostarle al tenis como fuente de vida. Ha revelado un valor especial al deporte sin trofeos, para aquellos que descubren el trasfondo.

La competición ha sido, como es su esencia, un extraordinario medio de desarrollo deportivo y una fuente de impulso notable. Hoy existen más jugadores federados que hace 10 años: de 1.100 en 2003 a 2.600 en 2013. El circuito nacional juvenil cuenta con más de 230 torneos, y hoy se está trabajando en mejorar en calendario porque existen falencias. Y se organizan certámenes de carácter profesional: once ITF Futuros (7 de hombres y 4 de mujeres), 5 Challengers, dos WTA, un ATP. ¿Faltan? Claro que sí. Pero la dirección es la correcta. La idea en 2014 es aumentar en gran medida los Futuros en ambas ramas.

Uno de los grandes responsables del tenis en Colombia es la Federación Colombiana de Tenis, entidad comprometida con la causa, con la organización de más torneos, con el fortalecimiento de la competencia interna, con el apoyo a tenistas juveniles bajo programas que se han implementado como políticas destinadas a jóvenes valores. Todo ello está supeditado a los recursos que maneja la entidad rectora provenientes de la inversión del sector público (Coldeportes) y el privado (Comité Olímpico y otras marcas) al deporte, lo que hace que el apoyo sea limitado.

Sin embargo, consiente de la notable influencia del sano y especializado acompañamiento del deportista, y de las ciencias aplicadas, la Federación creó el Área de Preparación Física, cuyo coordinador general es el argentino Julián Mauri y quien está trabajando para robustecer en nuestros tenistas jóvenes este ítem; próximamente se abrirá el Área de Sicología. Para combatir la problemática regional y mundial que sufre el tenis femenino, la Federación quiere desarrollar a las locales con mayor cantidad de torneos, además de abrir el departamento de Tenis Femenino dirigido por Karen Castiblanco, encargada de un riguroso seguimiento a las niñas que están empezando así como de acompañar a las jugadoras juniors que comprenden también el recambio.

Es deber de todos los integrantes de la familia del tenis, desde los jugadores y su compromiso, pasando por los padres de familia, su crianza y positivo acompañamiento, los entrenadores y su experticia y visión, el personal de apoyo del deportista, la prensa y su postura crítico, empujar un deporte de raqueta mágico, ilógico y superexigente, en el que Colombia quiere pisar cada vez más fuerte.

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