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Toronto recibe a los deportistas para celebrar los Juegos Panamericanos

Tras recorrer más de 20.000 kilómetros, la antorcha panamericana cerró un viaje de 41 días en el pebetero de los Juegos Panamericanos de Toronto (Canadá) para prender el espíritu deportivo que marcará las próximas dos semanas.

El exjugador canadiense de la NBA, Steve Nash fue el encargado de encender el pebetero durante la ceremonia de apertura de los Juegos Panamericanos, celebrada en el estadio Rogers Center de Toronto.

Este fue el final de un viaje que comenzó el 25 de mayo pasado en una tradicional ceremonia azteca en la Pirámide del Sol de Teotihuacán, en México.

Posteriormente llegó a Toronto en un hidroavión que aterrizó en el lago Ontario y fue trasladada a la costa en una canoa aborigen guiada por indígenas canadienses.

Su recorrido por Canadá arrancó el 30 de mayo, cuando la campeona olímpica local Rosie MacLennan inició los 41 días de relevos, durante los que cerca de 3.000 personas la han llevado por el país en tramos de unos 200 metros.

Durante esos días, la llama panamericana visitó las principales urbes canadienses para regresar el pasado día 9 de julio a Toronto y desde entonces ha titilado por sus calles.

En su última jornada la llama visitó el aeropuerto del centro de la ciudad y las islas de Toronto, situadas frente a la ciudad que las da el nombre.

Los últimos portadores fueron la canadiense Marilyn Bell, la primera persona en cruzar a nado los 52 kilómetros del lago Ontario en 1954, y el nuevo jefe de la Policía de Toronto, Mark Saunders.

El oficial fue el encargado de trasladar la llama desde las islas al continente en una lancha policial y dar el último relevo para que el tirador con arco local Crispin Dueñas hiciese el último relevo de voluntarios, entre los sonidos de bocina de barcos cercanos.

El deportista, bronce en los campeonatos mundiales de 2013 y medalla de plata en los Panamericanos de 2007 y 2011, dijo a la prensa que portar la antorcha fue un “momento especial” que le servirá de “inspiración” para cuando le toque entrar en competición la próxima semana.

Me siento muy honrado por haber sido seleccionado para llevar la antorcha, como el último relevo. Es el paso final antes de que vaya al estadio para la ceremonia de apertura y creo que eso es algo emocionante“, dijo.

Esta llama panamericana, que se encendió por primera vez en Grecia para la edición inicial de los Juegos Panamericanos, celebrada en Buenos Aires en 1951, se ha prendido cada cuatro años como símbolo de la unión de los 41 países y territorios de la región.

Los 3.000 relevistas, las antorchas y, sobre todo, el fuego cumplieron su misión de dar inicio a 17 días de retos personales y colectivos de los cerca de 7.500 atletas en competición.

Y lo hizo en una ceremonia celebrada ante cerca de 45.000 asistentes en el Rogers Centre, donde el reconocido grupo circense canadiense Circo del Sol desplegó un espectáculo con referencias al deporte, los indígenas canadienses y la modernidad de Toronto.

Con agencia.

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