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Un egoísmo bien entendido

Muchos de ustedes cuando escuchan la palabra egoísta sienten un escalofrío recorriéndoles el cuerpo, su sistema de creencias pone un grito en el cielo y la moral rígidamente impuesta cobra una relevancia exagerada. ¿Pero alguna vez se han puesto a pensar en lo que realmente significa ser egoísta? Pensar en uno mismo, anteponer nuestros deseos al de los otros. Y esto… ¿es en verdad tan malo?

La mayoría de las personas viven sus vidas enteramente bajo el capricho de los demás, motivados por la culpa, por la búsqueda de amor y aceptación incondicional de un montón de personas que quizás ni siquiera sepan darnos lo que estamos buscando.

¿Se han puesto a pensar en lo agotador que es intentar complacer a todo el mundo todo el tiempo cuando todos desean cosas diferentes? Simplemente esto es un imposible. No importa cuánto nos esforcemos, que tan maravillosos, inteligentes, seductores, cariñosos, fieles o talentosos seamos… siempre habrá alguien que no apreciará nuestra manera de ser, que se sentirá amenazado, a disgusto, o simplemente encontrará el más mínimo detalle para despreciarnos.

¿Comprenden la importancia de no tener que prestar atención a todo lo que piensan, dicen y hacen los otros?

Cuando realmente aprendemos a dejar de escuchar a los demás con sus comentarios negativos, cuando aprendemos a amarnos tanto que somos capaces de ver nuestra propia luz, es cuando somos libres. Estar pendientes de los otros lo único que va a hacer es que seamos personas frustradas.

Ahora, no estoy diciendo que seamos sujetos frívolos y crueles, simplemente quiero invitarte a pensar en ti primero, porque la única manera de realmente ayudar a alguien es cuando nosotros estamos fuertes. Y creo que los demás también se merecen ver lo mejor de nosotros, si somos felices, inevitablemente contagiaremos esa energía a los otros, o estaremos tan complacidos con nuestra vida que aprenderemos a ver las cosas de otra manera y esa sabiduría fácilmente podrá ser trasmitida a los demás.

Si somos personas tristes eso también los trasmitiremos a los que tanto queremos complacer, si cambiamos nuestra personalidad y relegamos nuestros anhelos al otro le estamos mostrando una máscara, una mísera parte de nuestro ser y ni siquiera les damos la oportunidad de que vean quién realmente somos.

No busques complacer a nadie más que a ti mismo, es la única manera de ganar, y siendo tú mismo descubrirás que quienes realmente te quieren estarán ahí para ti, sin importar tu mal humor o todos aquellos horrores de personalidad que crees padecer.

Ser egoísta es aprender a decidir qué es lo que queremos de la vida, es proclamar nuestro deseo de ser feliz, es hacer lo que realmente queremos sin tener que fingir que no deseamos eso, es ser libres, es ser honesto con uno mismo, es la oportunidad de ser fuerte, de convertirnos en personas seguras, es ser tan poderoso que hasta nos queda energía para brindársela a los demás.

No caigas en la trampa de que tienes que solucionar la vida de los otros antes que la tuya, porque eso es simplemente una excusa que nos ponemos para evadirnos de nuestros propios problemas. Primero debemos arreglarnos a nosotros antes de intentar solucionar las cosas a los demás.

Con respeto podemos pensar primero en nosotros. Desafía esta creencia limitante que es tan solo un engaño para que no seas quien realmente quieres ser. Te invito a mirarlo desde otra perspectiva y aprenderás que es mucho más sencillo ser uno mismo que estar actuando todo el tiempo.

 

Publicado en el blog psicología positiva, es hora de cambiar tu vida.

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