OtrosPrimera B

Un tal fantasma llamado descenso

Columna impublicable

Por Wilfrido Franco García.

Arde el asunto del descenso. Nunca nadie ha dado explicaciones por qué se llama a la cuestión, dizque “Fantasma”. Debe de ser otra de las mil y una copias de balompié argentino, traída de los cabellos a Colombia. El caso es que el tal fantasma, que nadie ha visto pero existe y jode, persigue como novia fea o suegro burlado a cinco equipos (tal vez el DIM esté salvado de la ignominia), que venden caro su intento por mantenerse en la a penas aceptable primera división del fútbol colombiano.

Los equipos tradicionales de Colombia, siempre fueron catorce; en los últimos años han visto mancillado su honor, su historia y su existencia desde que los “culiprontos” directivos del balompié nacional plagiaron con tabla del promedio y todo, un descenso traído por supuesto, con copias al carbón desde el sur para joder más este asunto; aunque eso sí, originaron más empleo a través del fútbol de la B. Pero sí no hay estructura deportiva y dirigencia en cuadros de la A, muchos menos en aquellos equipos del ascenso que en su mayoría, ni siquiera cuentan con una afición propia. Los cuadros tradicionales que se fueron a la B, pagan una cadena que parece perpetua y se agudiza con el pasar de los años, labrando una caída sin frenos hacia el abismo de la desaparición como sucede ahora con el mismo Deportivo Pereira. Ni hablar del Atlético Bucaramanga o del Unión Magdalena. O del mismo América que nunca ha entendido dónde está, mira a los demás por encima del hombro, no sabe qué se está jugando y cuáles son sus rivales, incluyendo el desconocimiento de sus directivos, cuerpo técnico, jugadores, periodistas y hasta hinchas.

El abismo entre dos letras A y B, es cada vez más profundo, cada vez más grande en nuestro país. Y mientras a los torpes directivos del fútbol colombiano se les atiborra la boca diciendo que buscarán implementar un ascenso y un descenso a la división C, llenándose los bolsillos con el dinero de una TV que también pervirtió todo, incluidos los horarios, los equipos de tradición y de verdaderas aficiones, van muriendo lentamente por tanto atropello junto. Incluidos, los despropósitos de pérdida de derechos patrimoniales, porque al gobierno o a la tal Acolfutopro le dio la gana de buenas a primeras. ¿Y quién juzga el pésimo rendimiento de tanto mercenario que llega a los equipos solamente a llevarse el dinero? Claro, como el mal rendimiento no es causa de despido. Vaya usted amigo trabajador no rinda en su empresa a ver qué le pasa.

Hoy el destino del Cúcuta Deportivo, otra vez el Cúcuta que ya pagó diez años de cárcel en la B, y del Deportes Quindío que ya mató su hinchada con tantos descalabros juntos, se juegan la vida en la ruleta del misterio, buscando la bala perdida que los mande a la B quién sabe por cuánto tiempo. Igual, sucede con el Atlético Huila de una región candente como Neiva que nunca pudo consolidar una gran afición. O aquellos con estructura de equipo de empresa o de particulares, como Patriotas Boyacá y el mismo Alianza Petrolera, cobijado por el imperio gaseoso. Ellos cinco hoy se juegan su existencia, porque de caer en manos de un tal fantasma llamado descenso, dictarán su sentencia final: la desaparición total. Gracias a los flamantes directivos nuestros que un día se inventaron este gallo tan verraco del descenso, sin una estructura válida y fuerte para que esto fuera serio y ayudara de verdad, a mejorar el nivel del fútbol colombiano.

 wilfridof48@gmail.com

email
Anterior

Síndrome de la felicidad aplazada

Siguiente

Futbol por TV: es tan buen negocio?